Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Derecho a la blasfemia

LLUÍS BASSETS (El País)

Donde no hay dioses no hay blasfemia. La blasfemia es hija de la divinidad, una manifestación estrictamente religiosa que refuerza con su transgresión la fuerza de lo sagrado. Castigar la blasfemia es propio de sociedades teocráticas, organizadas según las leyes de los dioses y no de los humanos. Lee el resto de esta entrada »

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El punto ciego

IVÁN DE LA UEZ (El País)

Javier Cercas confiesa que le gustaría escribir un ensayo sobre la ambigüedad en literatura. Ese ensayo imaginado ya tiene título en su mente: El punto ciego. Su texto indagaría en ese ángulo que se esconde mientras tienen lugar los acontecimientos más obvios de la trama; esa “zona” que queda fuera del campo visual que abarca el retrovisor del lector, a veces también del autor. Lee el resto de esta entrada »

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Michel Houellebecq: “La culpa y la timidez son grandes fuentes de vida interior”


XAVI AYÉN (Revista Ñ)

Tras el culebrón que supuso, hace un año, la presunta desaparición de Michel Houellebecq –que estaba tan tranquilo en su casa de Almería, desde donde el martes llegó a Barcelona–, ayer se portó como un alumno ejemplar, atendiendo a los periodistas por la mañana y recitando sus versos ante un nutrido público por la noche. Con aspecto algo desaliñado –una mancha de pintura blanca en su camisa amarilla–, tocándose el flequillo, encadenando un cigarrillo tras otro, uno de los más grandes escritores vivos de nuestro tiempo habló –intercalando sus ya míticos silencios entre frase y frase–, sobre todo, de Poesía, el volumen en que la editorial Anagrama recoge –en edición bilingüe castellano-francés– sus cuatro obras poéticas: el manifiesto Sobrevivir (1991), y los poemarios El sentido de la lucha (1996), La búsqueda de la felicidad (1997) y Renacimiento (1999) –de la primera y la última existían ediciones de Machado y Acuarela. Lee el resto de esta entrada »

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Seres horizonte


ÁNGEL GABILONDO (El País)

Se supone que se trata de no reproducir sin más lo que otro hace o ha hecho, ni de limitarse a imitar a los demás, pero incluso para ser del todo singulares, necesitamos seres de referencia. No siempre es fácil dar con ellos. Ni basta con la relación de quienes tienen éxito o son públicamente conocidos. La pérdida de tales referencias concretas, de quienes por su forma de pensar y de vivir nos provoquen y nos convoquen a modos distintos y mejores de hacer y de ser, supone una verdadera dislocación, una desubicación que agudiza nuestro desamparo y nuestra soledad. Lee el resto de esta entrada »

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La resistencia erótica del libro

MANUEL RIVAS (El País)
El libro siempre ha sido algo eléctrico. Y el acto de leer, electrizante. ¡Por fin a solas, con el libro deseado! Abrirlo y que te abra. ¿No oyen la crepitación? ¿No siente el estremecimiento, la quemadura incluso? Con razón, Clarice Lispector tituló a ese encuentro “la felicidad clandestina”. Ese roce erótico es lo que percibimos en la iconografía de la lectura. Suelen ser cuadros que hoy vemos con una inquieta melancolía. Como el de la lectora que retrata Edward Hopper, con una maleta al lado, en una especie de habitación nómada. La mirada se nos vuelve táctil. La mujer tiene una cita. Un amor en verdad libre. ¡Un libro, claro!

Hay un momento extraordinario en Las uvas de la ira, de John Steinbeck, en el capítulo XIV, en el que se describe una metamorfosis de los pronombres personales cuando se ventila la vida, cuando se ponen en vilo: “La noche cae. El pequeño está resfriado. Toma, coge esta manta. Es de lana. Era la manta de mi madre, cógela para el bebé. Esto es lo que hay que bombardear. Éste es el principio: del yo al nosotros”.

¿Por qué hay que bombardearlo? ¿Qué tiene de peligroso? Ha nacido una cuarta persona, un pasaje entre lo singular y lo plural. En la oscuridad, se entrelazan soledades. Quien murmura, insurgente, es el cuarto pronombre. Lee el resto de esta entrada »

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El sabor del vitriolo

JUAN FORN (Página/12)

Había una vez un inglés muy atildado que tenía que dar un discurso en un club de gourmets, el primer club de gourmets que se abría en Londres: el Food & Wine Club. Le iba el pellejo en ese discurso. Era la primera reunión, necesitaban seiscientos socios para no quedar en la calle, no era buen año para quedarse en la calle 1931. Y, sin embargo, el atildado AJ Symons hizo su discurso sobre un pederasta loco, que intentó por todos los medios ordenarse cura luego de convertirse al catolicismo, y lo rechazaron por puto, malvivió como tutor, fue echado de todas partes, murió en 1913 en Venecia, debajo de una lona, dentro de una góndola fondeada en un embarcadero donde dormía hacía semanas.

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Héroes trágicos


Por ENRIC GONZÁLEZ (El País)

Una Europa en crisis mira a la Eurocopa, que arranca el próximo viernes. Una vez superado su desprestigio intelectual, el fútbol coloniza las mesas de novedades Mientras el deporte exhibe grandes ídolos, la literatura retrata la miseria de sus actores. Lee el resto de esta entrada »

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Edición 27/02 no es más que una "revista de prensa" que mezcla columnas y artículos propios con piezas arbitrariamente escogidas del periodismo nacional e internacional que van marcando estos años.

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