Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El punto ciego

IVÁN DE LA UEZ (El País)

Javier Cercas confiesa que le gustaría escribir un ensayo sobre la ambigüedad en literatura. Ese ensayo imaginado ya tiene título en su mente: El punto ciego. Su texto indagaría en ese ángulo que se esconde mientras tienen lugar los acontecimientos más obvios de la trama; esa “zona” que queda fuera del campo visual que abarca el retrovisor del lector, a veces también del autor.

Hablamos, entonces, de un ensayo “enfocado” en ese punto que puede cobijar la pregunta cuya respuesta debe ir construyendo, en ningún caso imponiendo, la propia novela. El tratamiento adecuado de ese punto ciego implica una responsabilidad literaria y al mismo tiempo ética. Es un antídoto contra el maniqueísmo y una apuesta por la complejidad del relato y de los personajes que lo arman.

Lo que Cercas aplica a la novela no es menos importante en otros ámbitos, como la política, la vida, la historia de la cultura… El día antes de la caída del Muro de Berlín, ni el cuerpo diplomático, ni los periodistas, ni los analistas, ni los numerosos espías surgidos del frío que tanto entusiasman a John le Carré fueron capaces de anticiparse a lo que iba a suceder. El día antes del atentado a las Torres Gemelas, tampoco. Y eso que Al Qaeda era un foco de vigilancia e infiltración de primera importancia para la CIA o el Mossad.

En ambos casos, algo muy gordo se estaba gestando, pero la vida continuaba sin emitir señales significativas que alertaran de un cambio inminente en la historia y en las vidas; en el destino.

A la “anticipación” cultural no le han faltado sus puntos ciegos. Eso es lo que expone de manera ejemplar Greil Marcus en Rastros de carmín. En ese itinerario que camina desde el dadaísmo hasta el punk, de Marcel Duchamp a los Sex Pistols, con su repertorio de apariciones no captadas, en su momento, por el espejo retrovisor de la Gran Historia de la Cultura.

Desde un “punto ciego” intentó construir Georges Bataille (en la foto) la segunda parte de su Suma ateológica, de la que nos quedan los fragmentos recogidos en un libro titulado –ni más ni menos- ¡La oscuridad no miente! En este libro (no apto “para los hombres cuya vida no es interiormente violenta”) avanzamos a tientas por un proyecto de “no-saber” que el autor ha dibujado para nosotros y para sí mismo.

Si tenemos en cuenta que se trata del mismo pensador que se detuvo con calma en “la historia del ano” –al que se le suele llamar además “el tercer ojo”, acaso nuestro retrovisor-, podemos hacernos una cuenta de ese recorrido por lo que no se nombra ni se mira de frente y que es, también, el lugar donde suelen alojarse algunas de nuestras claves.
Volvamos al ensayo hipotético de Cercas y a la literatura.

Más que de lo invisible, el “punto ciego” trata de lo imperceptible. Y más que ocultar una parte de la realidad, suele esconder una parte de la verdad.

Artículo original y enlaces en >> Tormenta de Ideas >> Blogs EL PAÍS.

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