Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El mundo chúcaro

CÉSAR OLMOS (La Tercera)
En un momento de la conferencia, Marcelo Bielsa saca un papelito colorido, algo ajado, y lo muestra. Dice que es el diseño que él mismo hizo para agrupar las instalaciones médicas del Athletic y explica que eran cinco las oficinas que había que vincular: la consulta, el escritorio, la sala de fisioterapia, la farmacia y el depósito. “Esas cosas matemáticamente se pueden combinar de ocho maneras”, arguye el profesor. “Yo las combiné de las ocho maneras, con esta precariedad (levanta el papelito) porque soy… porque soy un inútil; estudié el funcionamiento (…) y dije: esta es la mejor. Los que diseñaban habían elegido otra, entonces yo llamé y dije qué te parece si hacemos esta, vamos a discutirlo. Cincuenta minutos de conversación para que se hiciera de la mejor manera para el Athletic (…), cincuenta minutos para explicárselo al director general. Al otro día, haciéndolo de la manera que al Athletic no le convenía, pero sí les conviene a los que construyen, porque lo hacen más rápido, etc, etc, etc .Yo no me sometí a ese procedimiento de hacerlo rápido, pero mal. Y defendí los intereses del Athletic. (…) Usted me dirá si es excesiva la explicación que le estoy dando”.

Silencio entre los periodistas y nunca se supo si era excesiva o no, porque la pregunta siguiente inquirió otra vez por el zamarreo al jefe de obras, y hasta ahí no más quedó la historia de las instalaciones médicas, una de las tantas inoperancias de la constructora que esta semana sacó de quicio a Bielsa, si eso es posible.

En su lucha permanente y sin cuartel por modelar el mundo, a Bielsa de repente le pasan estas cosas. El mundo, caprichoso, no se deja modelar, pese a que él ha entregado instrucciones precisas para que lo haga. Cito otra vez: “Habré tenido, a ver, unas 30 horas de reuniones con estas personas (arquitectos y constructores). Yo no tuve vacaciones. Después de que terminó (la Copa del Rey), estuve una semana por lo del contrato, otra semana más donde me reuní las 30 horas que le digo, y después estuve tres semanas en mi casa, donde diariamente hablaba cuatro horas promedio por temas vinculados (a las obras en Lezama)”.

Cuatro horas diarias, durante tres semanas, majadereando a los ineptos de la constructora -ya sabemos cómo le fue a la economía española por confiar en el “ladrillo”- para que pongan ese pinche consultorio donde tiene que ir ¿y el jefe de obras qué hace? Pues, lo que quiere.

Nunca se supo, tampoco, quién fue el que contestó el teléfono esas cuatro horitas diarias, contrapregunta que estaba pegada y no se hizo y cuya respuesta, probablemente, habría arrojado luz sobre el caso. Especialmente si era el jefe de obras el que estaba al otro lado de la línea.

Bielsa, como sabemos, es un hombre metódico, pero escogió un oficio, el fútbol, que por su naturaleza tiende al caos, y en esa fricción vive todo el tiempo. A los jugadores usualmente logra domesticarlos en poco tiempo; con los dirigentes ya no le es tan fácil y por eso suele suscribir contratos llenos de cláusulas y considerandos; a sus pares no los tiene en gran estima y los frecuenta poco; y con los periodistas es tiempo perdido. Pero ahora metió la cabeza en el planeta de los maestros, albañiles, capataces y, tomemos aire, dueños de constructoras, y la cosa simplemente se le fue de las manos. Si uno quiere que el mundo allá afuera se transforme de acuerdo a sus deseos, no hay peor contraparte posible.

Un periodista en la sala, simplón, le dijo si había tomado en cuenta que las obras podían demorarse, como ocurre tan frecuentemente; si no previó la alternativa de salir 10 días a hacer la pretemporada en otro lado, como es habitual; si no tenía un plan B, en suma, y Bielsa se cabreó. Claro que no tenía. ¿Para qué? Si él explicó tan bien lo que quería, si hasta le pidió a la constructora que sacara cinco mil fotografías (cinco mil) de otros campos deportivos para que tuvieran referencias, si había hablado cuatro horas diarias desde su casa… En fin.

Por sexto día consecutivo, Bielsa no dirigió ayer la práctica del Athletic Club. Está contrariado y no sabe qué hacer. La mesa directiva a la que ayudó a ganar las elecciones le hizo una desconocida cruel y hasta lo trató de “empleado” (faltó poco para “empleaducho”). El mundo se le puso chúcaro otra vez, y cuando eso ocurre, a veces sólo hay un camino posible: llamar a Bonini, tomar sus cosas y partir.

Artículo original en Blogs La Tercera

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