Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El teólogo que no sabe callar


Por JUAN GÓMEZ (El País)

El futuro presidente alemán es una figura respetada pero incómoda para el Gobierno y la oposición.

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Fue una partida tan tensa que incluso Angela Merkel perdió los nervios. Aplacado ya el enojo y tragado el sapo de su derrota en las negociaciones con sus socios liberales, la canciller ordenó dar fumata blanca y convocó a la prensa para anunciar que Joachim Gauck será el próximo presidente federal de Alemania. Hacia las diez de la noche lo presentaron conjuntamente los líderes de cuatro formaciones parlamentarias. Merkel, por los democristianos (CDU); Philipp Rösler, por sus socios liberales del FDP; Sigmar Gabriel, por el Partido Socialdemócrata (SPD), y Claudia Roth y Cem Özdemir, por Los Verdes, sonreían para celebrar el acuerdo, tan amplio que solo deja fuera a la Izquierda (Die Linke). Pero todas esas sonrisas de alivio, de compromiso o de victoria, según el caso, también intentaban disimular el otro consenso de la tarde: en realidad, Joachim Gauck no satisface del todo a ningún partido. El undécimo presidente federal de Alemania se perfila como una figura incómoda tanto para el Gobierno que lo acepta a regañadientes como para la oposición.

La Asamblea Federal elegirá a Joachim Gauck el 18 de marzo, exactamente 22 años después de la otra elección que cambió su vida. En 1990, cuatro meses después de que el régimen de la República Democrática Alemana colapsara junto al Muro de Berlín, el pastor protestante de Rostock colgó la sotana para ocupar un escaño de la formación Nuevo Foro en las primeras elecciones libres del país. El 3 de octubre se unificaron las dos Alemanias y Gauck fue nombrado comisario para los archivos de la Stasi. Durante diez años dirigió el legado documental de la temida policía política de la RDA y consolidó su reputación de persona íntegra e independiente. Desde que el SPD y Los Verdes lo propusieron para la presidencia en 2010 y hasta su designación definitiva el pasado domingo por la noche, los periodistas hablaban de Gauck como “el candidato de los corazones”. Aún parecía del todo imposible que este teólogo de 72 años llegara a la presidencia. Pero en cuanto la posibilidad se hizo real, afloró un debate público sobre su idoneidad para presidir Alemania.

Empezando por lo más obvio: Merkel y su Unión Demócrata Cristiana (CDU) no querían que Gauck fuera presidente, porque fue el candidato de la oposición hace año y medio. La Asamblea Federal es un órgano compuesto por la Cámara baja legislativa y representantes de los Estados federados. Con una mayoría escuálida desde 2011, la coalición de centroderecha está abocada a pactar un candidato de consenso con la oposición. En 2010, CDU y FDP aún tenían fuerza suficiente en la Asamblea para imponer a un candidato propio: Christian Wulff (CDU). Pero SPD y Los Verdes se sacaron de la manga al conservador Gauck, el pretexto ideal para que muchos críticos de Merkel le dieran un toque de atención desde su propia bancada. CDU y FDP acababan de perder el estratégico Gobierno de Renania del Norte-Westfalia y los desembolsos millonarios de las primeras ayudas a Grecia levantaban ampollas entre los conservadores. Así que muchos democristianos y aún más liberales no quisieron privarse de votar al viejo anticomunista y pastor luterano Gauck.

Forzaron una segunda y hasta una tercera ronda de votaciones. Entrada ya la noche y con los nervios a flor de piel, Merkel consiguió una pírrica victoria para Wulff. Sus dificultades arrojaron dudas sobre el liderazgo de Merkel, que tardó en superar. El propio Wulff se ha encargado de actualizarlas con un escándalo de corrupción que culminó en su renuncia del viernes de la semana pasada. El fin de semana permitió a Merkel revivir los apuros de los peores meses de 2010. Rösler y los suyos se enrocaron en el apoyo a Gauck hasta exasperarla. Los mismos testigos que describen el “ataque de ira” de Merkel durante las largas negociaciones del fin de semana cuentan que el FDP amenazó a los democristianos con romper la coalición si no aceptaban a Gauck como candidato de consenso con SPD y Los Verdes. El dramático pulso reveló que la coalición está muy lejos de superar las diferencias internas.

La designación de Gauck encierra un riesgo más, pero Merkel podrá compartirlo con los otros partidos que votarán por él el 18 de marzo. El candidato ha demostrado que será un presidente incómodo y que no se plegará a compromisos con ninguno de los cuatro grupos implicados en su designación. Quiere actuar de revulsivo en el actual panorama político. Un editorial del semanario liberal Die Zeit señala que Gauck sacudirá “el consenso multicultural y feminista en el que se han movido todos los partidos” democráticos. El debate político alemán podría experimentar un auge “sin peligro de que caiga en el populismo o en el ataque a las minorías”. La presidencia federal es un cargo de representación sin atribuciones ejecutivas, cuya principal vía de influencia es la palabra. Desde que fracasó su candidatura en 2010, sus declaraciones ya han impulsado el debate en varios frentes.

Gero Neugebauer, experto en partidos políticos del Instituto Otto Suhr en Berlín, ha expresado sus reservas contra Gauck. Critica “su conservadurismo y su convicción de estar siempre en lo cierto”. En el partido Verde, cuyo dirigente Jürgen Trittin fue uno de los principales promotores de la candidatura de Gauck, ya se han alzado diversas voces críticas. El parlamentario Memet Kilic, por ejemplo, aseguró a EL PAÍS que no votará por él en la Asamblea. El jurista de origen turco explica con calma que Gauck “decepcionó a muchos inmigrantes cuando alabó a Thilo Sarrazin”. Fue en una entrevista concedida el año pasado al diario suizo Neue Zürcher Zeitung, donde Gauck dijo que el autor de Alemania se suprime, un polémico libro de contenido racista, “ha demostrado coraje” al publicar sus opiniones. Si bien Gauck no asume las tesis de Sarrazin, su tibieza en la crítica y el uso de la palabra “extranjerización”, de claras connotaciones xenófobas, desataron un aluvión de críticas.

¿Perjudicará su conservadurismo a los partidos de izquierda que lo propusieron en un principio? El politólogo Neugebauer quita hierro a esta posibilidad. SPD y Verdes “podrán distanciarse o criticar sin problemas a Gauck, que tampoco es ningún extremista”. Más preocupantes le parecen otras carencias, como “su solemne ignorancia en asuntos de extrema actualidad”: la citada de la inmigración, pero también la Unión Europea y el funcionamiento de las estructuras financieras. Gauck ya ha contrariado la opinión mayoritaria de los alemanes, al calificar de “indescriptiblemente tonto” el movimiento de protesta contra los bancos y las acampadas de Madrid, Fráncfort o Londres. “Es un error” creer que todo mejoraría sin capitalismo o estatizando la banca.

Aquí habla el viejo disidente de la RDA, que militó a última hora para evitar que el régimen socialista se recobrara en sus estertores. Una de las críticas más duras llega del verde Hans-Jochen Tschiche, fundador del movimiento Nuevo Foro y compañero suyo en el primer parlamento libre de la RDA. Tschiche acusa en el semanario Der Freitag:”Gauck solo abandonó los muros protectores de su iglesia a finales de 1989″, cuando el régimen ya estaba hundido. El político verde acusa al futuro presidente de falsear su pasado y engalanarse “con honores que no le corresponden”. El propio Gauck ha dicho en diversas ocasiones que admira “a los que se enfrentaron con la cárcel” en la RDA. Como pastor protestante, dice que él buscó ser mediador.

Nacido en la ciudad báltica de Rostock en 1940, Gauck no conoció directamente los horrores de la II Guerra Mundial. Sus padres tenían ambos carné del NSDAP nazi. En 1951, dos policías requirieron la ayuda de su padre para asistir en un falso accidente en el astillero donde trabajaba como inspector. El marino fue encarcelado y condenado por un tribunal de la ocupación rusa a 25 años de cárcel por “actividades antisoviéticas y espionaje”. Regresaría de la prisión siberiana dos años y medio después. Gauck ha insistido en que sus experiencias personales con el régimen no fueron determinantes en su posterior actividad política. Creyendo que no le permitirían dedicarse al periodismo, Gauck decidió estudiar teología. Queda constancia de que la Stasi vigiló sus actividades como pastor en una colonia de torres residenciales en las afueras de Rostock. Nunca sufrió represalias personales. En 1989 decidió comprometerse con Nuevo Foro y con la llamada “Revolución pacífica” que apuntilló a la RDA.

La enorme expectación sobre Gauck alcanza hoy a su vida personal. Es típicamente alemán disfrazar de supuesto asunto de Estado lo que es poco más que afán de chascarrillo. Así que se debate sesudamente sobre si un presidente puede mudarse a palacio con una mujer que no es su esposa. Tiene cuatro hijos de su matrimonio con Hansi Gauck, de la que se separó sin divorcio. Hace 12 años que mantiene una relación a distancia con la periodista Daniela Schadt, 20 años más joven, y que aparentemente planea convivir con él en Bellevue.

Uno de los mayores méritos de Gauck fue contribuir a que la unificación de 1990 no supusiera la liquidación de la memoria histórica. Defendió la conservación científica del archivo de la Stasi y abogó por que cualquier alemán tenga derecho a conocer su propio pasado en la dictadura. Esto le acarreó críticas por ambos lados: de los que preferían que los documentos desaparecieran y, más recientemente, de quienes lo acusan de haber sido demasiado generoso con algunos colaboradores de la Stasi. En el discurso de candidatura que dio en Berlín en 2010, el futuro presidente alemán demostró sus sobradas dotes oratorias y su perspicacia para calibrar las emociones de la audiencia. Aquí es donde podría encontrar otros dos enemigos: la tendencia a moralizar y la borboteante confianza en sí mismo. Los críticos ya han formado filas.

vía El teólogo que no sabe callar | Internacional | EL PAÍS.

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