Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Visiones de un extraterrestre


Por JOHN  CARLIN (El País)

Los habitantes de este planeta optan por meditar más sobre el fútbol que sobre la política.

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“Si este es el mejor de todos los mundos posibles, ¿cómo serán los demás?”. Voltaire.

Hay una corriente de opinión, un murmullo creciente, que dice que el fútbol se ha convertido en una plaga social, que el fútbol se impone a todos los demás temas de conversación en los medios; que ya es hora de demostrar un poco de seriedad y hablar de otras cosas, como de la política.

Bueno. Intentémoslo. Echémosle una mirada a la política, pero desde un córner remoto. Veamos los casos de, por ejemplo, Manuel Fraga y Baltasar Garzón con los ojos cándidos de un extraterrestre recién llegado a nuestro planeta, de un ser que parte de la premisa de que matar al prójimo es retrógrado y bestial. Lo que veríamos es, por un lado, un señor que fue partícipe de una dictadura sangrienta que se alió con los nazis para arrebatar el poder a un Gobierno democráticamente electo (hay un cuadro bastante conocido en el museo Reina Sofía, de Madrid, que conmemora aquella alianza, para aquellos que hayan caído en el olvido) y, por otro, un señor que nunca ha colaborado en el asesinato de nadie y ha dedicado buena parte de su vida a intentar destapar los crímenes de Pinochet, de ETA y de la propia dictadura que asoló a su país durante cuatro décadas.

¿Y qué pasa? El primero es enterrado con todos los honores, descrito por el presidente del Gobierno como “uno de los políticos más grandes del siglo”, mientras que el otro es enterrado en vida, su carrera destruida, por aquellos que se erigen como defensores máximos de la ley. Resulta que en el rincón del planeta en el que nuestro extraterrestre ha aterrizado esos mismos defensores de la ley consideran bueno investigar el terrorismo de unos nacionalistas descerebrados y malo investigar un terrorismo de Estado que cobró infinitamente más sufrimiento y más víctimas. ETA es mucho peor que el franquismo; Garzón es mucho peor que Fraga, al que le van a nombrar una calle, o una plaza, en la capital del país.

Si el extraterrestre no se sube de inmediato a su nave, preso de la desesperación, decidido a ir en búsqueda de un planeta menos primitivo, puede ser que alguien le explique los matices de la cuestión: que el señor Fraga, pese a que siempre hizo apología de un pasado franquista en cuyas matanzas y torturas colaboró, fue una figura determinante —heroica— en la transición a la democracia; que el señor Garzón cayó en el pecado capital de la soberbia (¡a tal punto que llegó a dar clases en Nueva York!) y en el pecado judicial aún mayor de escuchar las llamadas telefónicas de unos presos…

No, no. No nos engañemos. No funcionaría. El extraterrestre se iría, más asqueado aún, si cabe, por tamaña pequeñez. A no ser que se le proponga mirar a homo no tan sapiens desde otra óptica; desde la de su deporte favorito. Se le podría explicar que, lejos de obsesionarse por las sórdidas paradojas del panorama político, lo que realmente le interesa al ser humano —el tema del que no deja de hablar con conocimiento y pasión— es el fútbol.

Pronto entendería nuestro perspicaz visitante que el fútbol es un pasatiempo pacífico en el que uno puede estudiar con plenitud las grandezas, las debilidades, las bellezas y las mezquindades de la especie. Hay malos y buenos, dependiendo siempre del punto de vista, pero nadie quiere matar a nadie. El fútbol es comedia, no tragedia. Hay personajes sobre el escenario como José Mourinho, que provoca indignación, o como Pep Guardiola, que actualmente somete a medio mundo a la tortura mental de no saber si va a seguir al frente del equipo que más placer da a más seres humanos desde el Madrid de hace medio siglo. Pero la crueldad a la que nos someten los Mourinho y los Guardiola no es intencional, ni dañina para la salud, y uno tiene la opción de hacerles caso o no, suerte no disponible para las víctimas del franquismo o de ETA. (O, si uno quiere ir más lejos, del presidente sirio Bachar el Assad.)

Con todo lo cual nuestro extraterrestre rápidamente entendería por qué los habitantes de este planeta optan por meditar más sobre el fútbol que sobre la política, quizá llevándole a la feliz conclusión de que, pese a tanta imbecilidad, algo rescatable sí hay en la especie humana.

vía Artículo original en EL PAÍS.

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