Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

La tierra quemada de Mourinho

Por ELÍAS ISRAEL (El Periódico)

El fútbol como paradoja se ha instalado en el Madrid de José Mourinho. No se pueden obviar sus cualidades como entrenador. Es líder de la Liga BBVA con cinco puntos de ventaja por delante del mejor equipo de la historia; ha hecho pleno en la fase previa de la Champions; Ronaldo rompe las estadísticas de goleadores en la primera vuelta y encima, ahora, se mata a defender. La realidad, sin embargo, es que el partido de ida ante el Barça ha abierto la caja de los truenos y lo que suena ahora es un aire de división, que va de la zona noble al césped, de la grada hacia el banquillo, por no hablar de las miradas sospechosas entre los propios jugadores y su técnico.

La feria va según quién te la cuente: en la T4 -así se llama a la zona noble del Bernabéu- se han puesto a temblar porque el modelo Florentino se sustenta en su proyección planetaria. Eso que dice el himno de Plácido Domingo «que sepa el universo cómo juega el Madrid». La realidad es que el mundo está ahora a los pies del Barça porque su fútbol enamora, Messi sonríe con su colección de Balones de Oro y sus capitanes saludan el año nuevo chino. La imagen del Madrid, entretanto, se focaliza en el pisotón de Pepe -con el dedo en el ojo como trasfondo- o el sonoro titular con el que el prestigioso diario francés L’Équipe abrió ayer su edición: «El Real, al borde de un ataque de nervios», refiriéndose al tenso diálogo entre Sergio Ramos y su técnico, desvelado por Marca.

Mourinho empieza a darse cuenta de que el Real Madrid no es el Oporto, ni el Chelsea, ni el Inter. Ha tardado tiempo en entenderlo, pero ya sabe de qué va. En este club son intocables la historia y la afición. Se le ocurrió ningunear la historia con una alineación cicatera, plagada de jugadores sospechosos como Altintop, Carvalho y Coentrao y volviendo a subir a Pepe al medio para dar un nuevo concierto de estopa. El Bernabéu no le perdona la imagen de los últimos 15 minutos, con los futbolistas desnortados y desquiciados, pisando y dando patadas a su historia. Sus jugadores se enteraron de aquella rocambolesca alineación dos horas antes del partido ante el Barça y ahora se busca al que envió un mensaje a un amigo con dos palabras demoledoras: «A rezar». Buscando al filtrador, Mou se ha olvidado de lo que mejor sabe hacer: entrenar.

El Madrid solo remató dos veces a la meta de Pinto, pero el tercer remate lo dio su técnico en esa silla de tortura que es, para él, la sala de prensa cuando se le ocurrió decir que «respeto, pero no escucho a la afición». Nunca ningún entrenador del Madrid se atrevió a llevar su altanería tan lejos. Por eso le pita una parte de esa afición.

Es cierto, como adelantó Siro López en Punto Pelota, que ya no vislumbra su futuro en blanco más allá de junio. Si gana un título al menos, porque llegará a un acuerdo para marcharse, y si pierde, porque sabe que le echarán. El problema para el Madrid es morrocotudo porque, después de que Florentino aceptase mutar el club a gusto de su técnico-mánager, detrás de los hipotéticos títulos solamente quedará tierra quemada.

Artículo original en El Periódico

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