Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Así acabó el FBI con Megaupload


Por DAVID ALANDETE (El País)

La intercepción de correos y cuentas bancarias aportó las primeras pruebas – El Departamento de Justicia opera como si el portal fuera una banda delictiva más.

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Por primera vez, el Gobierno de Estados Unidos ha convertido la persecución de las descargas de material ilegal en la Red en un asunto policial. Definiendo a los siete administradores de Megaupload como una banda criminal, y acusándolos de conspiración, fraude y lavado de dinero; el Departamento de Justicia estadounidense ha abierto un nuevo camino: el de investigar y enjuiciar, uno a uno, a los grandes portales web que permiten el alojamiento y la descarga de material que otros, los usuarios, han copiado. Justo cuando el Capitolio debatía dos leyes que hubieran permitido, entre otras cosas, el cierre de webs que alojaran material ilícito, el FBI ha demostrado que no le hace falta ningún nuevo marco legal para perseguir con sus medios tradicionales a aquellos que facilitan la piratería.

Este caso, en el que el FBI ha trabajado durante años, y que se ha desarrollado en nueve países, es el mayor que el Departamento de Justicia ha abierto contra la difusión de material ilícito en la Red. Ahora sus fiscales aguardan la extradición a EE UU de cuatro administradores detenidos en Nueva Zelanda. Estos contrataron el viernes al prominente abogado Robert Bennett, que defendió a Bill Clinton en el caso de Monica Lewinsky y a la petrolera Enron en diversas acusaciones de fraude. En las 60 páginas de demandas de los fiscales, se copia el fragmento de un correo de uno de los gerentes de Megaupload, Mathias Ortmann, en el que asegura: “No somos piratas, solo le ofrecemos los servicios navieros a los piratas”. Parece que, para el FBI, esos servicios son un crimen mayor que el de la mera piratería.

Los agentes del Centro de Coordinación Nacional para la Protección de la Propiedad Intelectual del FBI examinaron de forma secreta los correos electrónicos y las transferencias bancarias de los administradores de Megaupload, desde el 10 de abril de 2006 hasta la pasada Navidad. Ese portal web se convirtió en objeto de interés de la policía judicial en diciembre de 2009. Entonces, arrestaron a Gilberto Sánchez, residente de 47 años de Nueva York, por haber publicado en Megaupload una copia inacabada de Lobezno. La difundió en marzo de aquel año, y la película se estrenaba en EE UU dos meses después.

Fue entonces cuando el FBI se centró plenamente en aquel medio de distribución de material. ¿Por qué había elegido Sánchez ese medio? ¿Qué incentivos le ofrecía? Pronto los agentes descubrieron que los gerentes de Megaupload ofrecían recompensas económicas a los usuarios que publicaran el material más buscado en la Red, sobre todo copias ilegales de películas y canciones. “Desde al menos septiembre de 2005 hasta julio de 2011, la Megaconspiración ofreció y otorgó incentivos financieros a sus suscriptores premium si alojaban copias de obras populares a Megaupload.com y distribuían los enlaces que ofrecían una copia de ese documento, con un solo clic, a cualquiera en Internet”, dicen los fiscales en la demanda.

Una pormenorizada investigación llevó al FBI a localizar a al menos siete ciudadanos estadounidenses que habían recibido dinero por publicar material muy buscado en la Red. Tres de ellos, identificados por sus iniciales -T. T., C. W. y P. A.- recibieron 2.700, 2.900 y 3.000 dólares respectivamente en 2009. El FBI vio un motivo para actuar, dado que los receptores eran estadounidenses y se les había pagado con una cuenta de PayPal, un servicio de transferencias financieras radicado en EE UU. Lo que faltaba era el material pirateado. Era necesario que las copias ilícitas de películas y canciones hubieran pasado por los servidores de los administradores para poder presentar el caso como la persecución de una banda criminal.

Sus pesquisas les llevaron a unos 1.000 servidores de la empresa Carpathia Hosting, localizada en Dulles (Virginia). Allí, Megaupload tenía más de 25 millones de gigabytes para alojamiento de su material. “Además de documentos protegidos por los derechos de autor, otro tipo de contenido ilícito fue alojado en los servidores de Megaupload.com, incluida pornografía infantil y vídeos de propaganda terrorista”, dicen los fiscales. Finalmente, el FBI dio su primer paso: el 24 de junio de 2010 comunicó indirectamente a los administradores de Megaupload la investigación. Solo les dijo que había encontrado en sus servidores de Carpathia Hosting 39 películas protegidas por leyes de propiedad intelectual. En la demanda se citan Taken, Como la vida misma, Matrix, Thor, Bad Teacher, Harry Potter y las reliquias de la muerte, parte I y The Green Hornet. Los gerentes del portal no actuaron con presteza. “El 18 de noviembre de 2011, más de un año después, 36 de las 39 copias ilícitas de películas aún se hallaban alojadas en los servidores de la Megaconspiración”, dicen los fiscales.

En la demanda, y según confirman fuentes del Departamento de Justicia, se dan indicios de que las grandes empresas del entretenimiento ofrecieron información al FBI sobre el modus operandi de Megaupload. Aseguran los fiscales del gobierno que en septiembre de 2009 Warner Brothers Entertainment envió un correo a Megaupload quejándose de la exorbitante cantidad de copias ilícitas de canciones y películas que tenía a ese sitio en sus servidores. Warner podía eliminar, por iniciativa propia, hasta 2.500 copias diarias. Pedía que se retirara ese límite. En un correo, Ortmann, el jefe técnico de la compañía, aseguraba: “Deberíamos darles lo que piden, podemos permitirnos cooperar, dado el nivel de crecimiento actual”. Kim Dotcom, fundador del sitio web, le respondió que aumentaran hasta 5.000 eliminaciones al día, pero que no permitiría “las retiradas ilimitadas”.

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CADILLACS, MERCEDES y 135 MILLONES

En el imperio de Megaupload había un rey, de tamaño y personalidad hiperbólica, sentado en un trono sustentado por otros seis asociados. Kim Dotcom, que ayer cumplió 38 años, era la cara más visible de la banda identificada por el FBI. Se le arrestó dentro de un cuarto blindado (una habitación del pánico) cuando comenzaba un fin de semana de celebraciones por su 38 cumpleaños, en una mansión de Nueva Zelanda de 18 millones de euros en la que vivía alquilado, y en la que almacenaba 22 coches.

Tras la histriónica personalidad de Dotcom (es su apellido legal, ya que sustituyó el de nacimiento, Schmitz, en los pasados años) se hallaba una pequeña legión de técnicos que mantenían la arquitectura de Megaupload en perfecto funcionamiento y que se lucraron del mismo modo que él. Pero era Dotcom quien se llevaba el grueso del dinero: solo en 2010 se hizo con 32 millones de euros el botín de la empresa. El FBI estima las ganancias totales de Megaupload desde 2005 en 135 millones de euros. La fortuna de Dotcom, amasada también con otros negocios, se estima en 154 millones de euros.

En la demanda de los fiscales de EE UU se imputa también al cofundador de la web, Mathias Ortmann; a Finn Batato, el jefe de ventas de la empresa; a Julius Bencko, diseñador gráfico; a Sven Echternach, jefe de desarrollo de negocio; a Andrus Nomm, programador de software, y Bram Van Der Kolk, jefe de programación. Todos ellos se comunicaban directamente con usuarios de Megaupload por correo electrónico, atendiendo a sus quejas y explicándoles mejores formas de visualizar vídeos.

Es Dotcom quien más llamaba la atención por sus modos de playboy de película de serie B. Su atuendo es normalmente íntegramente negro o blanco; luce habitualmente gafas de sol; le gusta posar con modelos y armas. Y tiene una activa presencia en la red, en vídeos de YouTube en los que se hace llamar Kimble, una modificación del apellido de Richard Kimball, protagonista de la serie El fugitivo.

Casado, con tres hijos y su mujer embarazada de gemelos, Dotcom se compara con Steve Jobs y dice que no es una “mala persona”. Así se expresó el mes pasado en una breve autobiografía publicada en la web TorrentFreak.com. “Encontrad un perfil de Wikipedia peor que el mío y os invito a una cena”, decía. En la lista de propiedades incautadas por orden del FBI hay 58 cuentas bancarias, abundante material informático y llamativos rastros de la vida exagerada que ha vivido Dotcom. Hay un Maserati Gran Cabrio, 13 mercedes, un Rolls, dos cadillacs, dos Mini Cooper, dos toyotas y un Lamborghini, además de una motocicleta Harley Davidson. A Doctom le gustaba el arte y en su mansión tenía algunas obras, de gusto ecléctico. Entre su colección se hallaba una fotografía titulada In high spirits, de Olaf Mueller, comprada en la galería de Hong Kong The Cat Street. Muestra un chorro de agua, como si fuera una botella de champán descorchándose, de la que emanan varias mujeres vestidas de azul en posturas sensuales. También tenía una estatua que el FBI identifica como Depredador, lo que indica que era una reproducción para coleccionista del famoso alienígena del cine, obra del escultor Colin Christian, dado a creaciones futuristas inspiradas en el universo pop, y otro artefacto que los fiscales describen como “Escultura Anónima con Capucha”.

Los asociados ahora imputados por EE UU tenían una conflictiva relación de amor y odio con la industria del entretenimiento. Deploraban a empresarios y productores, pero buscaban el apoyo público de todo tipo de cantantes, sobre todo de hip-hop. Según la demanda del Departamento de Justicia, invirtieron 143.000 euros en una campaña que probablemente es un vídeo de apoyo a Megaupload grabado en diciembre en el que aparecían Kanye West, Snoop Dogg, Alicia Keys y Will.i.am. Hasta el viernes en su información corporativa se citaba a Kasseem Dean, alias Swizz Beatz, marido de Keys, como copresidente de la empresa.

vía Así acabó el FBI con Megaupload · ELPAÍS.com.

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