Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Todo junto (que se escribe separado)


Por VALERIA ARTIGAS O.

Desde mediados de diciembre que empezó el bombardeo con toda la oferta enorme de cultura que trae enero. El Festival “Santiago a Mil” ahora ya no sólo tiene una programación inmensa (nacional e internacional) de teatro y talleres, ahora también hay cine, tocatas, conciertos, todo con versiones en salas y al aire libre. Además muchas municipalidades, centros culturales, parques y museos tienen su propia propuesta y festival para enero. Una fiesta, dicen.

Una fiesta que a mí me llena de angustia y de frustración, porque no me alcanza la plata para ver todo lo que quiero, no me alcanza el tiempo, no me alcanza la energía… y menos me alcanza el entusiasmo. No tengo ganas de someterme a una sobredosis de cultura sólo porque es enero.

Yo me pregunto ¿por qué todo junto? ¿En qué momento se decidió que los festivales de teatro le pertenecen a enero? ¿Por qué en Chile necesitamos compartimentar todo y vivir según lo que el anaquel del mes nos depara? ¿Quién cresta diseñó el mapa del devenir del año de los santiaguinos? Porque si este mapa lo miramos desde bien arriba, vemos que el año lo “debemos” transitar más o menos así:

Enero: Manifestaciones masivas y a gran escala de eventos culturales (mientras el resto del año las salas de teatro y las compañías se desangran por atraer público y sobrevivir). Y en febrero: vacaciones. Le guste o no, debe vacacionar. Y si le toca quedarse trabajando o no le dieron las lucas para salir en fe-bre-ro, siéntase un desgraciado.

En marzo se paga; sólo se paga. Y luego, abril y mayo se reparten el letargo del otoño, la declaración de impuestos y el cheque de devolución. Y de poco más hablamos… Junio y julio son los meses de las inundaciones, las pandemias, las enfermedades respiratorias, las campañas solidarias de El Hogar de Cristo, Un Techo para Chile y Fundación Las Rosas. Y el smog es el telón de fondo. (Porque sin smog y sin frío el chileno no se sensibiliza con las campañas solidarias y no da ni un peso.) Agosto, en cambio, es el mes de la supervivencia: todos estamos convalecientes de algo y esperamos sobrevivirlo para llegar a… ¡septiembre!

¡Ay septiembre! El mes de la identidad nacional, de la chilenidad, el vino, la empaná y la cueca (no se le ocurra bailar o escuchar cueca en ningún otro mes, ná que ver, no se desubique). Toda clase de identidades y patriotismos se juntan en septiembre, lo mejor y lo peor nos ha pasado en septiembre. Es el mes de los duelos, de las celebraciones, de las rabias, de las nostalgias… Y de los asados. Los que sufrimos la angustia invernal de la capa negra del horizonte no vacilamos ni un segundo para encender todas las parrillas que septiembre y sus feriados nos permitan. Pero también es el mes de los cumpleaños, por lo que podemos deducir que la gente en enero, además de ir al teatro, se reproduce.
En octubre y noviembre, aparte del día de los muertos y el de los santos (que en Chile son feriados sin ningún brillo) los días se nos van entre dietas, alergias y antihistamínicos. Y al fin llega diciembre con su Navidad. Comprar, comprar, comprar y acalorarse hasta la deshidratación en ferias artesanales y malls haciendo reventar la billetera. Todo combinado (pero jamás coordinado) con fiestas en la oficina, amigos secretos, actos de fin de año, la PSU, entrega de notas, paseos de curso… En resumen: calor, gastos y estrés. Pero todos agradecidos y sonrientes porque, ¡pucha que es linda la Navidad! Así, se acaba el año (con la pasadita por Viña o Valparaíso y la neurosis por conseguir una ventana con vista al puerto) y, al fin, las vacaciones… el Santiago a Mil… y todo vuelve a comenzar.

¿Pero por qué todo junto? Ya sé que las estaciones nos definen casi todo, pero no estamos en Dinamarca, ni en Canadá. Tenemos otoños y primaveras amables para salir al teatro y a eventos en las calles. Tenemos salas de teatro y de conciertos que, si tuvieran calefacción, podrían llenarse todos los meses del invierno. Las patentes y los permisos de circulación podrían pagarse en febrero o en abril. Podríamos guardar vacaciones para el invierno y terminar con la angustia de qué hacer con lo niños en ésos días… En fin, podríamos hacer tantas cosas, individuales y colectivas, que nos dejaran libres de la cuadratura carcelaria del calendario.

Pero la publicidad y los noticieros nos ganaron, preferimos que nos digan qué hacer y cuando hacerlo, porque es más fácil, más cómodo, más ordenado. Confieso que una alegría colateral que me trajo el Movimiento Estudiantil (sepan disculpar que mezcle peras con manzanas) fue que se salió del marco que le tocaba en el calendario, se extendió y no respetó virus sinciciales, ni plátanos orientales, ni campañas solidarias, ni duelos nacionales; convivió con todos ellos y, aunque muchos digan lo contrario, sobrevivió. Y nos hizo del 2011 un año mucho más lleno de vida activa. Y más sorprendente.

La verdad no sé como salir del molde. No me interesa hacerle la revolución al calendario ni la guerra a la publicidad y los noticieros, pero me ahoga saber con meses de anticipación cuál va a ser mi angustia, mi miedo, mi enfermedad, mi deuda y mi tema de conversación. Ya se me ocurren algunas pocas y pequeñas rebeldías cotidianas, pero se aceptan ideas.

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6 Responses

  1. Gabriel dice:

    ¡Genial! ¡Magistral! Totalmente de acuerdo. ¿Cuántas veces he querido ir al teatro un martes o miércoles, por ejemplo, y la cartelera vacía? En cambio enero explota cultura como si fuese moda. ¿Hasta cuándo el frío y el calor serán excusas socialmente aceptadas para hacer o no hacer esto o aquello, comer o no comer este o aquel plato…? En fin, me sumo a las pequeñas rebeldías cotidianas, algo es algo.

  2. cecilia dice:

    Excelente columna, muy de acuerdo, queremos que nos sorprendan y queremos sorprendernos y sorprender, pero al momento en que aparecemos con una propuesta distinta, rompedora son nuestros mismos pares quienes nos miran con ojos de club de amigos del psiquiátrico, nos golpetean la espalda y nos dicen: -baja a la realidad- . Propongo seguir insistiendo, tomarnos los espacios, sentirnos dueños de cada rincón de nuestras ciudades.

  3. El retail manda a decir que no te olvides que en mayo es el día de la madre, en junio el día del padre y en agosto el día del niño.

  4. Hugo Abraham dice:

    Es cierto querida Valeria Artigas. Desde siempre hemos estado dependiendo de voluntades ajenas y no podemos liberarnos de ello. Así, existe una
    institución que no te le debo nombrar ahora, en que el tipo que la creó la afianzó de tal manera que legalmente no han logrado derrumbarla no obstante el conocimiento vox populi de que su Director o Presidente, hace las brutalidades mayores con fondos de los asociados públicos.-
    Y la forma de hacer desaparecer la cosa mala está en crear otra institución donde invitar
    a que se transfieran los socios…

    En la Dirección Nacional del Arte y la Cultura
    habría que hacer otro tanto igual y mejor.-
    Propongo tu valiente nombre al cargo maximo de
    la próxima Dirección Nacional de Arte y Cultura!

    Te felicito porque remueves un poco las consciencias de quienes nos dirijen desde escritorios mal ubicados… Hugo Abraham

  5. Romero (pareja de Francisco Reyes, ex posible ministro de cultura propuesto por la concertación) , institucionalizó teatro a mil, así como todos los “eventos culturales” organizados por la concertación.
    Que todo pase en enero, tiene que ver, sobre todo, con que todos los apoyos privados importantes, como minera escondida, van a teatro a mil. En palabras de la encargada dem inera escondida: con teatro mil cumplimos con nuestro RSE y no necesitamos más….

    El que sea en enero corresponde a ese tipo de factores. No hay espacio para otras propuestas culturales pues los pocos privados que aportan a cultura, como ITAU o Minera escondida, están monopolizados.

    Bien por teatro a mil, que aprovechó contactos políticos y la necesidad de RSE , pero muy mal por los privados y el estado que no entienden que la diversidad es fundamental para la constitución de una identidad cultural.

    Excelente columna de la autora. estaré a la espera de la próxima.

  6. Gonzo dice:

    tengo una sola idea en mente, crear y fortalecer el sindicato de hedonistas y disfrutadores de la vida

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