Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Disculpe el señor


Por HUGO ARIAS V.

Aunque sea por presión social o por simple cansancio, uno termina siendo un tipo obediente de los rituales de fin de año y pasa por el calvario de los “amigos secretos” y los resúmenes noticiosos como si hubiera una ley natural que así lo mandase. Sobre todo si eres periodista, el asunto de los recuentos se te da como una obligación ineludible. Pero debo confesar que este año he fallado rotundamente en esa noble tarea de repasar lo acontecido.

Le he dado vueltas durante varios días y no he logrado dar con el mix de noticias que debiera meter en la coctelera de mi anuario 2011. De un tiempo a esta parte ando un poco lento, lo reconozco, y el periodista que me habita parece que se fue a dar una vuelta larga a no sé qué parte.

Digo que le he dado vueltas y más vueltas, pero no ha dejado de colárseme en la reflexión una canción de Serrat…

“Disculpe el señor
si le interrumpo, pero en el recibidor
hay un par de pobres que
preguntan insistentemente por usted…”
(…)
“Que Dios le inspire o que Dios le ampare,
que esos no se han enterado
que Carlos Marx está muerto y enterrado.”

Curiosamente para la Navidad llegó a mis manos (lo digo así, porque suena más mágico, ad hoc a las fechas, pero la verdad es que me lo compré) “Como cambiar el mundo”, de Eric Hobsbawm, un libro en el que el historiador (de izquierda, por cierto) afirma que ante la crisis económica y el capitalismo cuestionado, ha llegado de nuevo el tiempo de tomar a Marx en serio.

Pero en serio de verdad, pues. En serio en serio. No como acá, que frente al estallido del movimiento estudiantil y al liderazgo de una comunista retrocedimos casi 30 años en el “debate” y terminamos como viviendo en los 80, con personajes y discursos y escenas de esos años, y ya no sólo en la tele, sino en las calles, en las instituciones, en las sobremesas familiares. Quizás sirva de consuelo el hecho de que en muchas otras latitudes la discusión pública no es mejor que la que vemos acá. Pero sin duda es el consuelo de los tontos.

Dice el viejo Hobsbawm que “el debate sobre Marx y el marxismo no puede limitarse a una polémica a favor o en contra, territorio político e ideológico ocupado por las distintas y cambiantes señas de los marxistas y sus antagonistas” y dice, además, que “durante los últimos 130 años ha sido el tema fundamental de la música intelectual del mundo moderno, y a través de su capacidad de movilizar fuerzas sociales, una presencia crucial, en determinados periodos decisiva, de la historia del siglo XX”. Así, en este escenario de inquietud global de 2011, invita a sus lectores “a reflexionar sobre la cuestión de cuál será su futuro y el de la Humanidad en el siglo XXI”, porque “el Marx del siglo XXI sin lugar a dudas será muy distinto al Marx del siglo XX”. Y entonces a uno como que le dan todas las ganas de subirse a este viaje para volver, quizás con otros ojos, a mirar lo que nos ocurre. Y le dan ganas también de ‘revisitar’ a Smith o a Keynes con ese mismo afán. Dan, en tiempos como estos, ganas de tomarse la historia, la filosofía, la economía y el pensamiento más en serio. No puede costar tanto y puede redituar mucho.

Articulo original en El Post

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