Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Sillicon Valley, de la informática a la diversidad


Por STEVE LOHR (Revista Ñ)

El epicentro de la innovación mundial está virando su eje y sus empresas emergentes se vuelven más pequeñas y dedicadas a diferentes sectores.

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Lee Redden, de 26 años, estudiante del doctorado en ingeniería en la universidad Stanford de Palo Alto, California, decidió dejar a un lado su formación y contribuir a fundar una empresa emergente. Sus capacidades se orientan a un par de nichos candentes en materia de inteligencia artificial, la visión informática y el aprendizaje automático.

Sin embargo, no está aplicando sus talentos a la búsqueda en Internet, el comercio online o la vigilancia para inteligencia.

Las ambiciones de Redden van más allá de lo conocido ­a granjas lejanas, en realidad. Su empresa Blue River Technology, está desarrollando un robot aniquilador de malezas para las granjas orgánicas que no quieren pesticidas químicos.

El nuevo emprendimiento, dijo, “es fantástico para llevar esta tecnología a la agricultura”.

Esta empresa emergente es un ejemplo de una nueva etapa en la evolución en Silicon Valley, el epicentro de la innovación mundial.

A lo largo de los años, la región ha demostrado una destreza económica incomparable para saltar de un sector de oportunidad a otro, de la electrónica militar a las láminas de silicio, a las computadoras personales y a Internet.

Sin embargo, en este momento la actividad del valle se concentra menos en un sector en particular y más en un proceso de innovación permanente en materia de tecnología en una franja amplia de áreas.

La tendencia refleja la marcha incesante de la más antigua de las tecnologías ­la informática­ a medida que realiza nuevas incursiones en cada disciplina científica e industria. La tecnología limpia, la bioingeniería, el diagnóstico médico, la medicina preventiva, el transporte y hasta la agricultura forman parte del conjunto para los tecnólogos y empresarios del valle.

“Lo que cambió en el Valley es que encontramos un método cuasi científico para reinventar empresas y sectores, no simplemente productos”, dijo Randy Komisar, socio en una firma líder de capital de riesgo, Kleiner Perkins Caufield & Byers, y profesor de capacidad empresarial en Stanford. “El enfoque es mucho más sistemático que hace unos años”.

El modelo más novedoso para crear empresas se funda en hipótesis, experimentación y prueba en el mercado desde el día de la fundación de una empresa. Esto constituye una ruptura abrupta con la metodología tradicional de trazar un plan de negocios, fijar objetivos financieros, construir un producto terminado y luego desplegar la actividad y esperar a que tenga éxito.

La fórmula actual suele llamarse “empresa emergente magra”. Sus máximos defensores son Eric Ries, ingeniero, empresario y escritor que inventó el término y es actualmente empresario residente en la Escuela de Negocios de Harvard; y Steven Blanc, empresario, escritor y profesor en Stanford.

El método hace hincapié en el desarrollo rápido de “productos viables mínimos”, versiones de bajo costo que se muestran a los clientes para evaluar su reacción y luego se mejoran. La otra característica central es la flexibilidad: probar ideas y modelos empresariales, y descartar los fracasos para pasar al Plan B, C o D y así sucesivamente ­”redireccionar” como dicen ellos.

La Fundación Científica Nacional en Arlington, Virginia, apuesta a que el nuevo modelo mejorará el nivel de comercialización de la investigación que la universidad financia. En octubre, la fundación anunció la primera serie de becas para lo que llama el Cuerpo de innovación de N.S.F. Los equipos de 21 miembros seleccionados en todo Estados Unidos recibirán US$50.000 cada uno por seis meses para probar si sus invenciones se pueden comercializar.

El modelo de empresa magra en el valle está influyendo en la formación empresarial convencional.

Esta primavera, los 900 estudiantes de primer año de la Escuela de Negocios de Harvard deben crear una empresa como trabajo obligatorio. En equipos de seis estudiantes cada uno, recibirán US$ 3.000 y se les dirá que creen una empresa emergente que obtenga ingresos para el final del semestre, explicó Thomas R. Eisenmann, uno de los profesores que supervisará el programa. Actualmente, la cultura de correr riesgos en el Valley se aplica mucho más allá del hardware y el software para computadoras. Hay emprendimientos destacados como Nest Labs, fundado por Tony Fadell, ex ejecutivo de Apple, que contrató a más de 100 ingenieros de Apple, Google, Microsoft y otras empresas de alta tecnología. Está respaldado por un grupo de firmas de capital de riesgo. Su producto, introducido a fines de octubre, es una reinvención del termostato, que combina sensores, aprendizaje automático y tecnología de la Web en un dispositivo que ahorra energía. Y hay emprendimientos más pequeños, como Blue River Technology.

La mayoría de las empresas emergentes fracasa. Más que en ningún otro sitio, quizá, los inversores y los tecnólogos del valle tienden a ver el fracaso con cierta objetividad científica, como si los reveses fueran instrumentos heurísticos para avanzar en la investigación y el descubrimiento.

“En 70 años, este valle desarrolló una cultura que no personaliza el fracaso”, dijo Komisar, de Kleiner Perkins. “Si la persona no es corrupta, estúpida u holgazana, vemos el fracaso como aprendizaje ­aprendemos de él y lo reaplicamos”.

Artículo original en Revista Ñ >> Clarín.com.

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