Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Culpas empresariales


Por HUGO ARIAS V.

La culpa es de los mandos medios. Esa es la estrategia de defensa frente a escándalos como los de La Polar, las colusiones, los abusos, las trampas. Son algunas personas las responsables, no las instituciones, son algunos “descarriados”. Suele escucharse, de hecho, que habrá querellas contra los ejecutivos que han ‘faltado’, pero que todo lo demás funciona bien, que no hay ningún problema con las reglas del juego, que nada malo ocurre con el sistema.

Sin embargo, hay algo que no calza entre este discurso y la recurrente oferta de “autorregulación” y de “manuales de buenas prácticas” que suele suceder a escándalos empresariales o financieros. Ante la posibilidad de leyes más duras o normas que contemplen responsabilidades corporativas, la oferta es portarse bien, como gremio, como instituciones. Esa es la oferta de la CPC por estos días, ¿no? Esa fue la oferta de la Bolsa antes, y la de otros gremios antes que eso.

Ayer, en el nuevo diario Pulso, Rodrigo Velasco Alessandri recordaba que recién con el ingreso de Chile a la OCDE “se dictó una ley que hace responsables a las organizaciones por delitos como lavado de dinero, cohecho y financiamiento del terrorismo”, lo que puede derivar en “penas a las empresas, más allá de las multas, como la prohibición de contratar con el Estado, la pérdida de beneficios fiscales e inclusive una suerte de pena de muerte: la disolución de la persona jurídica”. Y apuntaba que hoy es posible “delimitar lo que es propiamente una política empresarial de lo que son actos individuales no imputables a la organización”.

¿Cuánto cambiaría el mercado si realmente los dueños de una empresa supieran que los delitos, todos los delitos, que cometa la organización pueden terminar en esa especie de “pena de muerte”? ¿No lo pensaría dos veces un inversionista, incluso ese accionista ocasional, antes de poner su dinero en cualquier compañía que no haya probado y pruebe permanentemente su buena conducta? ¿No sería ese un gran ‘incentivo’ para la autorregulación? ¿No sería una normativa como esa la mejor introducción de cualquier manual de buenas prácticas?

Artículo original en El post.

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Archivado en: Columnas +, ,

One Response

  1. amorosos dice:

    Creo que es demasiado tarde para investir de alguna moralidad a la actividad economica, no creo que alguien que quiera rentabilizar una inversion le interese mucho por que medio se conseguira tal rentabilidad, lo triste es que la gente que maneja mucho dinero y que al parecer no es heredado, y aunque asi fuera, esa fortuna o cuaquier frotuna se sutenta en la pobreza de los otros, nadie que tenga mucho dinero puede decir que lo ha obtenido limpia, justa y decentemente.

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