Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

¿Quedará algo que celebrar?


Por HUGO ARIAS V.

Lo siento: aquellos que han pregonado la globalización durante décadas no pueden decirme ahora que la agitación popular a lo largo y ancho del planeta es nada más que un rosario de coincidencias, un conjunto de reclamos locales sin conexión, sin más relación que las redes sociales, sin más fundamento que una crisis económica que no cede.

No voy a pretender aquí resolver el asunto, sólo advierto que prefiero “trabajar” con la hipótesis de que la indignación que recorre el mundo no es un azar de los tiempos, sino un síntoma de cambio de era que, por primera vez, es realmente global, aunque cada país se lo viva desde su propia realidad o mire los acontecimientos a la luz de su particular cristal.

Dicho lo anterior, vengo aquí a explicar mi obsesión por buscar y atesorar historias, noticias, columnas de aquello que sucede más allá de nuestras fronteras.

«Describe tu aldea y serás universal», dijo alguna vez Tolstoi, apuntando esa frase entre aquellas que guardamos como verdades imperecederas. Pero cabe preguntarse si no es posible intentar el ejercicio contrario. ¿No es posible acaso ir a recorrer el mundo para entender lo que somos en nuestra aldea? ¿No es posible acaso que nos reconozcamos en las historias de otros pueblos, en sus dolores y sus alegrías, en sus proyectos, en sus triunfos, en sus horrores…? ¿No ha sido eso lo que nos ha ocurrido desde siempre con la literatura, con el cine, con el arte? Puede tener incluso algún valor terapéutico mirarnos en los escenarios de otras latitudes, hablando en otras lenguas, pero actuando un guión tan parecido al que nos toca interpretar acá, en esta aldea.

¿No les ha dolido así lo sucedido en Italia en las últimas semanas? ¿No les ha parecido como si Darío Fo o Antonio Tabucchi o Michele Monina estuvieran gritando desde nuestra propia cocina o detrás de un árbol al fondo de nuestro patio? ¿No les ha pasado con Grecia, con España, con África, con Argentina, con Guatemala…?

“Hoy tendríamos que estar brindando por el final de todo esto, si no fuera porque ya no ha quedado nada que celebrar”, decía Monina el fin de semana a propósito de la caída de Berlusconi. Y yo, que he confesado aquí, ante ustedes, mi obsesión por descubrir a la aldea en las historias del mundo, no he podido dejar de mirar a la cocina desde ese momento, como si una voz me llamara de entre las sartenes.

vía Artículo original en El Post.

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