Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Banqueros y revolucionarios


Por NICHOLAS D. KRISTOF (El País)

El columnista de ‘The New York Times’ apoya las protestas y critica a las entidades financieras, pero lamenta la falta de ideas de los manifestantes.

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Después de volar por todo el mundo este año para informar sobre las protestas callejeras desde El Cairo a Marruecos, informar sobre el último levantamiento fue más fácil: cogí el metro. El movimiento Ocupa Wall Street ha tomado un parque en el distrito financiero de Manhattan y lo ha convertido en un campamento revolucionario. Centenares de jóvenes corean eslóganes contra los banksters (banqueros gánsteres) o magnates corporativos.

Ocupa Wal Street fue inicialmente tratado como una broma pero, tras un par de semanas, está cobrando impulso. Las multitudes siguen siendo pequeñas para lo que es habitual en las protestas, pero están surgiendo ocupaciones similares en Chicago, San Francisco, Los Ángeles y Washington. David Paterson, el exgobernador de Nueva York, se ha pasado por allí y los sindicatos les están ofreciendo apoyo.

He escrito en Twitter que la protesta me recordaba un poco a la plaza Tahrir, de El Cairo, y eso ha causado sorpresa. Es cierto que no hay balas silbando alrededor y que el movimiento no derrocará a ningún dictador. Pero están presentes la misma cohorte de jóvenes marginados y el mismo uso hábil de Twitter y otras redes sociales para reclutar más participantes. Y lo principal, hay una oleada similar de frustración juvenil con un sistema político y económico que los manifestantes consideran fallido, corrupto, indiferente e irresponsable.

Los manifestantes deslumbran por sus habilidades en Internet e impresionan por su organización. La plaza está dividida en una recepción, una zona de medios de comunicación, una clínica, una biblioteca y una cafetería. La página web de los manifestantes ofrece vínculos que permiten a quienes los apoyen en cualquier lugar del mundo entrar en Internet y pedir pizzas (preferiblemente vegetarianas) de una pizzería local que las envía a la plaza. En un homenaje a la inventiva del capitalismo, la pizzería ha añadido rápidamente un nuevo elemento a su menú: la “Especial okupa”.

Donde el movimiento falla es en sus exigencias: realmente, no tiene ninguna. Los participantes defienden causas que son a veces quijotescas. Así que permítanme que intente ayudar.

No comparto los sentimientos antimercado de muchos de los manifestantes. Los bancos son instituciones inestimables que, cuando funcionan correctamente, conducen el capital hacia su mejor uso y mejoran la calidad de vida. Pero también es verdad que el apalancamiento descontrolado no solo generó unos beneficios estratosféricos para los bancos durante los años de vacas gordas, sino también unos riesgos desmesurados para los ciudadanos en los años de vacas flacas.

En la práctica, los bancos socializaron el riesgo y privatizaron los beneficios. El hecho de titulizar las hipotecas, por ejemplo, enriqueció a muchos banqueros pero terminó dejando a los Gobiernos endeudados y a los ciudadanos sin hogar. Hemos visto que los bancos incorrectamente regulados y demasiado grandes para quebrar socavan el interés público en lugar de servirlo; y en los últimos años, los bancos se han librado de su justo castigo. Es exasperante ver a banqueros que fueron rescatados por los contribuyentes quejarse ahora por unas normativas pensadas para evitar el próximo rescate. Y es importante que los manifestantes pongan de relieve la desigualdad social cada vez mayor.

Así que para aquellos que quieren canalizar su amorfa frustración hacia demandas prácticas, he aquí unas cuantas propuestas específicas:

-Instaurar un impuesto sobre las transacciones financieras. Se trataría de un pequeño impuesto sobre las operaciones financieras, que siga el modelo sugerido por James Tobin, un economista estadounidense que ganó un premio Nobel. El objetivo es, en parte, poner freno a la actividad especulativa que crea una inestabilidad peligrosa. Europa avanza hacia la implantación de un impuesto sobre las transacciones financieras, pero Obama se resiste (un reflejo de su deferencia hacia Wall Street).

-Eliminar las lagunas legales de las participaciones en los beneficios, una de las que puede que sean las deducciones fiscales más desorbitadas de EE UU. Permiten a nuestros ciudadanos más ricos pagar unos tipos impositivos muy bajos simulando que su compensación laboral es una plusvalía.

-Proteger a los grandes bancos de ellos mismos. Esto equivale a limitar la capacidad de los bancos para realizar inversiones arriesgadas y especulativas. Otra propuesta sensata, apoyada por el presidente Barack Obama y algunos expertos internacionales, es el impuesto bancario. Este podría basarse en el tamaño y el apalancamiento de la institución, de modo que los banqueros podrían pagar por sus grandes beneficios.

Una gran parte de los eslóganes de Ocupa Wall Street es bastante tonta; pero también lo es la retórica mojigata de Wall Street. Y si un grupo variopinto de manifestantes juveniles puede contribuir a traer una dosis de responsabilidad y equidad a nuestro sistema financiero, bien por ellos.

Artículo original en ELPAÍS.com.

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