Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Paralelos y traiciones


Por HUGO ARIAS V. (El Post)

Es sano a veces mirarse en un espejo para descubrirse. Lo arduo, por cierto, es encontrar el espejo correcto, si es que realmente existe uno solo que cumpla con lo que se requiere. Pero, aunque nunca se halle el artefacto perfecto, es bueno hacer el ejercicio, aunque sólo sea por buscarle el cuesco a la breva.

Créanme que vale la pena tanto para personas como para pueblos enteros o países, aunque hay que estar preparado para encontrarse con imágenes extrañas en las que es difícil reconocerse. Por ello, como casi todas las cosas importantes, mirarse al espejo termina siendo un arte difícil de dominar y requiere mucho, pero mucho entrenamiento.

Por ejemplo, creo yo, no pocas veces Chile suele verse muy bien en el espejo de España. Como ahora, entre indignados, democracias que crujen, dictaduras que no terminan de esfumarse y sistemas educacionales amenazados o derruidos por la crueldad de los mercados.

Quizás por eso, en los últimos días, en medio de tanto enredo político local, se me vuelve a meter en la mente el libro “Anatomía de un instante”, de Javier Cercas. Quizás porque, como el propio autor explica en una reciente columna en El País, “Anatomía persigue al mismo tiempo dos verdades antagónicas, porque busca una verdad factual, que atañe sobre todo a determinados hombres de la España de los años setenta y ochenta, pero también busca una verdad moral, una verdad que atañe sobre todo a quienes, con un oxímoron, el libro denomina héroes de la traición, esos individuos que, como los tres protagonistas del libro -Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo: dos antiguos franquistas y un antiguo estalinista-, poseen el coraje de traicionar un pasado totalitario para ser leales a un presente de libertad por el que, llegado el caso, en el instante decisivo, aceptan jugarse la vida”.

No saque usted conclusiones apresuradas sobre lo que se pueda dejar ver o no en este espejo. Lo que digo es que aquello que Cercas llama “la ética de la traición”, aquella que tiene que ver con dar la espalda absolutamente al pasado para ser fiel al presente, nos anda rondando por estos días y uno nunca termina de enterarse o entender cuándo está frente a héroes o traidores, o cuándo le toca interpretar el papel de los unos o los otros.

Quizás queda el consuelo de saber que esa será una verdad que le corresponderá descubrir a otros, en otros tiempos y con otros ojos. Lo duro es tomar nuestras decisiones y actuar en el presente como si tuviéramos la claridad de quien se mira en un espejo y descubre, por fin, la respuesta que buscaba.

Artículo original en El Post

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