Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

La conexión del M16 con Gadafi


Por UAN MIGUEL MUÑOZ (El País)

Abdel Hakim Belhaj, comandante de las brigadas rebeldes de Trípoli, era ayer uno de los libios de los que el primer ministro británico, David Cameron, alababa su coraje y resistencia en su lucha por derrocar a Muamar el Gadafi. Pero en tiempos cercanos era considerado un terrorista. Fue secuestrado en Malasia, trasladado a Bangkok y entregado a las autoridades libias por la CIA. Colaboró con el MI6 británico, que también proporcionó en 2004 al régimen información sobre Belhaj y otros disidentes que corrían riesgo de ser torturados, y participó en otras operaciones para entregar a supuestos islamistas a Trípoli. Los documentos hallados en las oficinas de los servicios de inteligencia libios, dirigidos durante muchos años por Musa Kusa -quien desertó y viajó a Londres a finales de marzo-, muestran la colaboración de la CIA y las agencias de espionaje de Reino Unido con el dictador. Las consecuencias políticas han sido inmediatas. La comisión que investiga las entregas ilegales a países en los que se practica la tortura se ampliará para indagar los nuevos hallazgos, según aseguró Cameron en la Cámara de los Comunes.

Belhaj, miembro del Grupo de Combate Islámico Libio, al que se atribuían vínculos con Al Qaeda, asegura que fue torturado por la CIA en la capital tailandesa. Human Rights Watch, que descubrió los documentos, asegura que Washington y Londres sabían que iba a ser maltratado. Entre otras razones porque se han encontrado también papeles en los que constan las preguntas que remitía la CIA a los agentes libios. Y de las credenciales del déspota pocos podían dudar. Los servicios secretos británicos, no obstante, siempre negaron cualquier complicidad en esas operaciones.

“Lo que me sucedió a mí y a mi familia es ilegal. Merece una disculpa porque fui capturado y torturado, y por todas las ilegalidades, empezando por la información facilitada a la seguridad libia, el interrogatorio en Bangkok…”, declaró ayer Belhaj a la cadena BBC. Según el diario The Guardian, el comandante rebelde exige una disculpa a Estados Unidos y a Reino Unido y se plantea demandarlos judicialmente.

No fue el de Belhaj el único caso. En los documentos descubiertos entre las ruinas de la sede del espionaje libio se aborda al menos una entrega dirigida por las agencias de inteligencia británicas. Abu Munthir, otro islamista presuntamente implicado en actividades terroristas en Inglaterra, fue detenido en 2004 en Hong Kong y puesto a disposición del Gobierno libio. Nunca más se ha sabido de él, ni de su esposa e hijos. Según los expedientes descubiertos, el MI6 colaboró con la CIA en varias operaciones similares más. Ibn Sheij al Libi, otro presunto islamista, murió en prisión. El Ejecutivo libio aseguró que cometió suicidio.

Durante años un apestado por la implicación libia en el atentado de Lockerbie -la ciudad escocesa en la que perecieron en 1988 más de 270 personas al explotar en vuelo un avión de la línea aérea Pan Am-, Gadafi pagó compensaciones a las víctimas y se esforzó por mejorar las relaciones con los países occidentales. A mediados de la década pasada, el tirano despejó las dudas sobre el desmantelamiento de sus programas de destrucción masiva, y varios jefes de Gobierno europeos, entre ellos Tony Blair, Silvio Berlusconi y José María Aznar, visitaron Trípoli. El MI6 jamás escondió su colaboración con los agentes libios en la inspección de esos programas de armamento o en la organización del vuelo que trasladó a Musa Kusa a Londres en marzo.

El ministro de Asuntos Exteriores británico en aquellos años, Jack Straw, dijo ayer que nunca autorizó semejantes operaciones. ¿Funcionan por su cuenta los servicios secretos o las investigaciones anunciadas ayer por Cameron despejarán si Straw oculta información? “Ningún ministro de Exteriores puede saber todos los detalles de lo que las agencias de inteligencia están haciendo en todo momento”, añadió Straw.

Más dirigentes pueden salir manchados. Entre los citados expedientes, un documento precisa que altos funcionarios de Gadafi viajaron en julio a Pekín para comprar armas, incluidos misiles tierra-aire. El Gobierno chino negó tener conocimiento de los manejos de las empresas de este país, un desmentido difícilmente creíble dado su estricto control sobre gestiones de este calado. Ali Tarhuni, ministro de Finanzas y Petróleo libio, advirtió ayer que esta revelación tendrá consecuencias en sus relaciones con Pekín, la potencia más reacia a reconocer la legitimidad de las autoridades insurgentes.

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PAPELES SECRETOS COMPROMETEDORES

Los documentos hallados en un edificio de los servicios de seguridad externa libios tras la caída de Trípoli muestran la colaboración de los servicios de espionaje británicos (el MI6) y estadounidenses (la CIA) con los libios para entregar al régimen de Gadafi a sospechosos de terrorismo.

Uno de ellos, publicado por el diario británico The Guardian, es un fax que la CIA envió el 23 de marzo de 2003 a Trípoli: “Nuestro servicio ha sabido que el pasado fin de semana el subjefe del LIFG [siglas en inglés del Grupo de Combate Islámico Libio], el emir Abu Munthir, y su esposa e hijos estaban detenidos en Hong Kong por violaciones de la ley de inmigración. También estamos al tanto de que su servicio [secreto] ha estado cooperando con el británico para trasladar a Abu Munthir a Trípoli y que ustedes tenían un avión disponible para ese fin en las Maldivas”.

La CIA se ofrece a financiar esta operación si es necesario: “Si el pago de un avión es un problema, nuestro servicio estaría dispuesto a ayudar económicamente para cubrir esos costes”. A continuación, se solicita a Libia un aval antes de prestar su ayuda a la operación de entrega del detenido: “Debemos tener garantías de su Gobierno de que Abu Munthir y su familia serán tratados con humanidad y que sus derechos humanos serán respetados”.

Otros documentos, publicados por el periódico canadiense Globe and Mail y obtenidos en Trípoli por uno de sus periodistas con ayuda de la ONG Human Rights Watch, muestran que empresas de armamento chinas estaban dispuestas a vender armas al régimen de Gadafi en julio, pese al embargo de la ONU, por 200 millones de dólares. Los originales están escritos en árabe y el diario ofrece parte de la traducción al inglés de un informe de la visita de enviados libios a China: “Nos reunimos con los subjefes de la empresa CPMIC [China National Precision Machinery Import & Export Corp.] y les proporcionamos una lista de armas, munición y otras peticiones; ellos mostraron su voluntad de proporcionarnos todo el material disponible en sus almacenes”.

vía Artículo original en ELPAÍS.com.

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