Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Bachmann reclama el trono del Tea Party

Por DAVID ALANDETE (El País)

En menos de un año, Michele Bachmann ha pasado de ser una poco conocida congresista ultraconservadora a colocarse entre los tres candidatos favoritos a las próximas primarias presidenciales del Partido Republicano. Ha abandonado la marginalidad política al saber aprovechar el empuje del movimiento radical Tea Party. Ha sabido apelar a los votantes conservadores descontentos, que les entregaron a los republicanos la mayoría en una de las dos cámaras del Congreso en noviembre. Evangélica, creacionista y antiabortista; hay muchos adjetivos para definir las creencias políticas de Bachmann, todos extraídos de sus discursos y entrevistas. Sin embargo, el que emplean sus detractores más a menudo es el de oportunista.

La candidata, de 55 años, ganó unas primarias en Iowa el pasado sábado, con una propuesta principal: que Barack Obama sea presidente de un solo mandato. “Washington es un lugar absolutamente vil y corrupto”, dijo en una entrevista en el canal Fox News al día siguiente. “Necesitamos un Gobierno que nos lleve en otra dirección”. No mencionó Bachmann que ella llegó a la Cámara de Representantes en 2006. Está en Washington, por tanto, el mismo tiempo que Obama, que fue elegido senador el mismo año. Ese tipo de contradicciones son corrientes en su biografía política.

Para ganarse al Tea Party, Bachmann critica con fiereza el gasto del Gobierno. Fue una de las congresistas que votó en contra de ampliar el techo de endeudamiento hace dos semanas, con la intención de que la nación se declarara en impago de deudas. En un discurso en New Hampshire, en abril, comparó las subidas de impuestos que propone Obama con el Holocausto judío. En esas comparecencias evita mencionar sus cuatro años como abogada de Hacienda. Así, trabajando para el Gobierno, comenzó su carrera.

En 1992 llevó a juicio a una organización caritativa para jóvenes que no pagó 6.000 dólares en impuestos. Hoy día se opone a los subsidios gubernamentales y a las ayudas sociales, pero Bachmann estuvo dos de los cuatro años que pasó trabajando para Hacienda de baja maternal pagada. Tiene cinco hijos. Posteriormente participaría en un programa de acogida en el que alojó a 23 niñas con problemas sociales.

En 1978 se casó con el psicólogo Marcus Bachmann, que tiene una clínica en Minnesota en la que ha intentado curar a gais. En 2004, en una conferencia, la candidata dijo que “los gais son parte de Satán”. Cuando comenzó en política, como senadora estatal en Minnesota, se enteró de que otro legislador era homosexual y fue a rezar frente a su escritorio.

Fue educada como luterana y pronto se pasó al movimiento evangélico, que cree en la literalidad de la Biblia. Por eso niega la evolución. En sus días de estudiante de derecho, en la universidad cristiana del evangelista Oral Roberts, estudió lo que se conoce como dominionismo, una línea de pensamiento entre teólogos conservadores de Estados Unidos que defiende que solo los cristianos deberían controlar las instituciones seculares hasta que Jesucristo regrese para el juicio final. Ella y su marido son seguidores del fallecido teólogo Francis Schaeffer, que reniega del Renacimiento y la Ilustración, porque apartaron al hombre de Dios.

A Bachmann le gusta explicar que se casó con su marido porque Dios se lo ordenó. Antes de ser candidata en estas primarias, solía añadir a esa afirmación que, como mujer, le debe una total sumisión a su marido, y que había estudiado derecho tributario porque este se lo había ordenado. En 2006 dijo, en un discurso: “Mujeres, sed sumisas con vuestros maridos”. En diversas entrevistas, el pasado fin de semana, matizó que esa “sumisión” debe entenderse como “respeto mutuo”.

En sus cuatro años en Washington, Bachmann, según admitió en un debate el pasado jueves, solo ha logrado aprobar una iniciativa legislativa propia: la “ley de libertad de elección de bombillas”. El resto han sido discursos políticamente cargados, sobre todo contra la reforma sanitaria y el programa de estímulo económico de Obama.

Y aun así, ha solicitado fondos de ese paquete para construir carreteras y puentes en el distrito de Minnesota al que representa. En total, ha tratado de conseguir 3,7 millones de dólares en proyectos para sus electores. A sus detractores les suena contradictorio, pero el Tea Party no le pide a Bachmann que sea consecuente, de momento.

Artículo original en ELPAÍS.com

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