Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El repliegue táctico de Soros


Por SANDRO POZZI (El País)

El multimillonario de origen húngaro George cierra su fondo a inversionistas �externos y devuelve el dinero a los partícipes para sortear las exigencias de transparencia de la reforma financiera en Estados Unidos.

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Suena nueva música en Wall Street. Y los que no se animan a bailar al son que marcan los supervisores en Estados Unidos empiezan a abandonar la pista. Es lo que acaba de hacer el especulador George Soros, que por carta acaba de anunciar a los clientes de su fondo de alto riesgo que les devuelve el dinero que le confiaron para dedicarse a gestionar la fortuna y los activos de su familia. Soros pone así fin, casi de golpe, a una historia de cuatro décadas. El motivo es simple: las reglas de la reforma financiera de EE UU obligan a los fondos especulativos abiertos a inversores externos que tengan más de 150 millones de dólares de patrimonio a registrarse ante el regulador del mercado de valores antes de marzo de 2012. Soros, de hecho, no es el primero que decide transformar su fondo para orientarlo hacia algo más privado y sortear las exigencias de mayor transparencia.

Es conocido que los hedge funds hacen fortuna con el dinero que le confían sus clientes, protegidos por la opacidad que domina en ese negocio, sobre la que ahora se quiere arrojar luz. Soros, a punto de cumplir 81 años, se convierte así en víctima de la reforma financiera que lleva el apellido de los congresistas demócratas Christopher Dodd y Barney Frank, que acaba de cumplir su primer año.

Curiosamente, el inversor y filántropo fue de los que más apoyaron desde Wall Street la campaña electoral de los progresistas, especialmente la candidatura de John Kerry para tumbar la reelección de George Bush. Ahora cree que ese fondo funcionaría mejor como un vehículo para gestionar el patrimonio familiar y procederá a devolver unos 1.000 millones de dólares (700 millones de euros) a sus clientes. La pregunta que corría ayer por el parqué es por qué alguien que apoya causas liberales se opone inmediatamente después a seguir las reglas de la Comisión del Mercado de Valores.

La explicación es que ese dinero es una pequeña porción del capital que gestiona el fondo, comparados con los 25.000 millones de dólares (unos 17.000 millones de euros) que maneja a través de fundaciones y activos bajos el paraguas de su apellido, según la mayoría de las estimaciones. El inversor dejó hace una década la gestión a sus hijos Jonathan y Robert. Desde entonces, este estadounidense de origen húngaro trata de ofrecer al mundo una imagen más de filántropo. En la última lista de Forbes con las mayores fortunas del planeta, George Soros aparece en el puesto 46 con 14.200 millones de dólares. En EE UU está entre los 20 más ricos. Soros Fund Management fue el principal asesor del hedge fund Quantum, creado en 1969.

A pesar de esa retirada, se le sigue considerando una fuerza mayor entre los especuladores. Es un asiduo del Foro Económico Mundial de Davos, es fácil verlo participando en conferencias organizadas sobre la deuda europea y fue uno de los invitados al desayuno que ofreció el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, a los tiburones de Wall Street en pleno ataque especulativo contra la deuda española.

Soros es el paradigma del especulador: el Nobel Paul Krugman lo define como “una figura de una larga tradición, la del delincuente de aventuras financieras”. De hecho, es conocido por el ataque que orquestó a inicios de la década de los años 1990 contra la libra esterlina, que puso en jaque al mismísimo Banco de Inglaterra. Una jugada que le hizo ganar en un abrir y cerrar de ojos unos 1.000 millones de la época, a costa del contribuyente británico. Desde entonces, nadie le quiere como enemigo.

También ha cosechado fracasos, como las pérdidas que sufrió con el colapso bursátil de 1987, en la crisis del rublo en 1998 y tras el estallido de la burbuja de las puntocom hace una década. Eso no evitó que los inversores más ricos acudieran a su legendario fondo buscando asesoramiento y dinero. A comienzos de año, su firma vendió en masa oro y plata.

El cambio en la misión del fondo va acompañado de la salida de Keith Anderson como consejero delegado. Llevaba tres años dirigiendo Soros Fund Management. George Soros seguirá como presidente, pero se mantendrá al margen de las operaciones diarias. Los dos anticiparon un escenario pesimista para el sistema financiero en 2007. Acertaron. Pero erraron con el oro.

Artículo original en ELPAÍS.com

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