Edición 27/02

Icono

«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Historias, Historia


Por HUGO ARIAS V.

Siempre he lamentado haber tenido en el colegio la mugre de profesores gracias a quienes me perdí, hasta bien entrado en la vida, la maravilla de la historia, el embriagador arte de mirar para atrás y encontrarse con el presente y quizás con el futuro.

———-

1. Pinché la TV ayer al llegar a casa y el zapping ya patológico me llevó hasta el Canal 13 Cable donde una flaca crespa y atractiva hablaba con tono argentino, pero no porteño, de periodismo, de relatar historias, de escuchar a los entrevistados sin apuro, de esperar, como en una realidad paralela, a que los detalles vayan apareciendo hasta componer el cuadro completo de aquello que creemos que hay que contar, de aquello que nos llama la atención como periodistas y que creemos que merece ser escuchado o leído por otros, porque al fin y al cabo, en la realidad de los demás, de todos o de cada cual, está metida también la nuestra, la de cada uno, y no hay nada más humano que querer mirarse para adentro.

Les prometo que después de todos estos años leyendo sus crónicas, sus reportajes, sus columnas, jamás me había detenido a buscar una foto de Leila Guerriero ni menos me la había topado por ahí, así que comencé imaginando que la de la tele podía ser ella hasta que el generador de caracteres (que se comió la “i” de su apellido) y las historias que comenzaron a volar en la pantalla me lo confirmaron un rato después.

A estas alturas del partido ya no quiero tragarme nuevas definiciones de lo que es periodismo. No sé si importe siquiera clavar en algún diccionario o enciclopedia el párrafo perfecto para describir este oficio. Lo que sí sé es que no quisiera ser nunca ese notario, ese funcionario de la prosa que Leila describe en una breve columna/narración titulada Música y Periodismo que me regaló un duende y que creo haber compartido alguna vez aquí mismo, pero que no me canso de leer y releer cada vez que en lugar de prensa me encuentro en Chile con pliegos de notaría disfrazados de diarios o revistas, donde se cruzan y chocan datos y más datos, pero donde penan las historias y la gran historia de nuestro pedazo de mundo.

2. Siempre he lamentado haber tenido en el colegio la mugre de profesores gracias a quienes me perdí, hasta bien entrado en la vida, la maravilla de la historia, el embriagador arte de mirar para atrás y encontrarse con el presente y quizás con el futuro.

El otro día, buceando en la red, hallé un video donde Mario Waissbluth –líder y fundador de Educación 2020- resume, en 20 minutos, su libro “Se acabó el recreo”. Y me acordé de inmediato cómo me encanta que su análisis parta con algunas citas históricas que hoy nos dan escalofríos.

La primera:

“El círculo de conocimientos que se adquiere en estas escuelas erigidas para las clases menesterosas, no debe tener más extensión que la que exigen las necesidades de ellas: (…) lo demás no sólo sería inútil, sino hasta perjudicial, porque, además de no proporcionarse ideas que fuesen de un provecho conocido en el curso de la vida, se alejaría a la juventud demasiado de los trabajos productivos. (…) Las personas acomodadas, que adquieren la instrucción como por una especie de lujo, y las que se dedican a profesiones que exigen más estudio, tienen otros medios para lograr una educación más amplia y esmerada en colegios destinados a este fin.”

¿Autor? Don Andrés Bello, prócer de nuestra educación y nuestro sistema jurídico. (Publicado en El Araucano, 1836)

La segunda:

“La desigualdad de condiciones y de fortunas nace de la desigualdad natural de talentos, aptitudes y fuerzas; y no está en la mano del hombre corregir esa desigualdad, porque no está en su mano igualar la condición de todos”.

… “Y sabiamente lo ha dispuesto así la Providencia, pues el día en que se nivelasen las condiciones y fortuna de los hombres, desaparecería la sociedad, que se funda en la reciprocidad de servicios que se prestan unos a otros”.

… “El rico necesita del pobre para el cultivo de sus campos, para extraer y beneficiar el oro de sus minas, para las variadas obras de la industria humana, para la construcción de sus edificios y hasta para la preparación de su alimento. El uno y el otro se complementan como los diferentes miembros del cuerpo humano.”

¿Quién lo dice? Don Mariano Casanova, Arzobispo de Santiago de Chile, fundador de la Universidad Católica, cuando presenta al Clero y los fieles la Encíclica del Papa León XIII sobre la Condición de los Obreros (1891).

A veces la historia puede ser una pesada cruz pensará algún católico.

3. En una de las tantas zambullidas del día en Twitter me topé con un trino muy escueto pero enjundioso de @FelipeLefever (a quien no conozco) reenviado por @la_minuta (a quien sí tengo el gusto de conocer). Era una invocación a la historia, a una de sus heroínas, para que se hiciera presente aquí, como por arte de ciber-brujería, con una carga que hemos venido arrastrando desde el inicio de nuestra vida independiente.

El tuit decía simplemente: “ELENA CAFFARENA / Memoria para optar al grado de Licenciado en la Facultad de Leyes y Ciencias Políticas. 1926”. Y agregaba un link que, como muchos ya sospecharán, pinché (bit.ly/pswk4v). Al otro lado del hipervínculo me encontré con el documento prometido que lleva por título “EL ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA A EXPENSAS DE OTRO EN EL DERECHO CIVIL CHILENO”.

Por si alguien no lo sospecha, la memoria trata de todas aquellas artimañas usadas para enriquecerse a expensas de otro que el derecho chileno consagraba como legales en esa época. Me imagino que doña Elena tendría un durísimo trabajo hoy si quisiera titularse con este mismo tema, y no creo que fuera por falta de sustrato para su investigación.

4. Por último, déjeme compartir parte de un documento que he tenido en mis manos en los últimos días. Un texto de Humberto Maturana, científico chileno que, desde la biología del conocimiento, tiene la oportunidad y el talento para “meter su bufanda” en los temas que importan (o que debieran importar, o que yo creo que debieran importar… bueno, en fin).

Como suele ocurrir, es un texto viejo (historia, dirán) pero actual… y es político, ideológico y quizás cuántas otras cosas más que hoy suenan tan terribles en la boca de algunos. El documento completo se titula “EMOCIONES Y LENGUAJE EN EDUCACION Y POLITICA” (apuesto que lo encuentran en Internet a la primera gugleada).

Van sólo unos retazos:

“Pienso que uno no puede reflexionar acerca de la educación sin hacerlo antes o simultáneamente acerca de esta cosa tan fundamental en el vivir cotidiano como es el proyecto de país en el cual están inmersas nuestras reflexiones sobre educación. ¿Tenemos un proyecto de país? Tal vez nuestra gran tragedia actual es que no tenemos un proyecto de país. Es cierto que no podemos jugar a volver al pasado. Sin embargo, como profesor universitario me doy cuenta de la existencia de dos proyectos nacionales, uno del pasado y otro del presente, claramente distintos, uno que yo viví como estudiante y otro que encuentro se ven forzados a vivir los estudiantes actuales.

“Yo estudié para devolver al país lo que había recibido de él; estaba inmerso en un proyecto de responsabilidad social, era partícipe de la construcción de un país en el cual uno escuchaba continuamente una conversación sobre el bienestar de la comunidad nacional que uno mismo contribuía a construir siendo miembro de ella. No era yo el único. En una ocasión, al comienzo de mis estudios universitarios, nos reunimos todos los estudiantes del primer año para declarar nuestras identidades políticas. Cuando esto ocurrió, lo que a mí me pareció sugerente fue que, en la diversidad de nuestras identidades políticas había un propósito común: devolver al país lo que estábamos recibiendo de él. Es decir, vivíamos nuestro pertenecer a distintas ideologías como distintos modos de cumplir con nuestra responsabilidad social (…) en un compromiso, explícito o implícito, de realizar la tarea fundamental de acabar con la pobreza, con el sufrimiento, con las desigualdades y con los abusos.

“La situación de y preocupaciones de los estudiantes de hoy han cambiado. Hoy los estudiantes se encuentran en el dilema de escoger entre lo que de ellos se pide, que es prepararse para competir en un mercado profesional, y el impulso de su empatía social que los lleva a desear cambiar un orden político-cultural generador de excesivas desigualdades que traen pobreza y sufrimiento material y espiritual.

“La diferencia que existe entre prepararse para devolver al país lo que uno ha recibido de él trabajando para acabar con la pobreza, y prepararse para competir en el mercado ocupacional, es enorme. (…) Actualmente la coincidencia entre propósito individual y propósito social no se da, porque en el momento en que uno se forma como estudiante para entrar en la competencia profesional, uno hace de su vida estudiantil un proceso de preparación para participar en un ámbito de interacciones que se define en la negación del otro bajo el eufemismo: mercado de la libre y sana competencia. La competencia no es ni puede ser sana, porque se constituye en la negación del otro.”

Artículo original en El Post

Anuncios

Archivado en: Columnas +, , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Edición 27/02 no es más que una "revista de prensa" que mezcla columnas y artículos propios con piezas arbitrariamente escogidas del periodismo nacional e internacional que van marcando estos años.

Únete a otros 1.056 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: