Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Holanda hace justicia con Srebrenica


Por ISABEL FERRER (El País)

Casi dos décadas después del genocidio en Bosnia, un tribunal holandés acuerda indemnizar a tres víctimas de la peor matanza en Europa desde la II Guerra Mundial.

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La justicia holandesa falló ayer a favor de las víctimas del genocidio de Srebrenica, sentando un precedente cuya trascendencia podría ser histórica. Según el Tribunal de Apelación de La Haya, el Estado es responsable de la muerte de tres musulmanes, asesinados en 1995 por las tropas serbobosnias del general Ratko Mladic. Aunque la sentencia subraya que se trata de “un caso particular separado del conjunto del genocidio”, es la primera vez que las autoridades holandesas se enfrentan al pago forzoso de una indemnización por su papel en la peor matanza registrada en Europa desde la II Guerra Mundial. Sus cascos azules protegían Srebrenica, y la tragedia sigue pesando en la memoria colectiva nacional. Además, la nueva doctrina jurídica generada por la decisión, podría acabar aplicándose a otros países involucrados en misiones de paz de la ONU.

Los jueces han resuelto que “Holanda ostentaba el control efectivo de sus tropas en 1995, y no debió expulsar a las tres víctimas de su base militar”. Se trata del electricista Rizo Mustafic, y de Ibro y Mohamed Nuhanovic, padre y hermano de Hasan, un traductor oficial. “El batallón holandés había sido ya testigo del maltrato y muerte de hombres musulmanes a manos de efectivos serbobosnios”, reza la resolución. Y continúa: “Los cascos azules deberían haber comprendido que el trío en cuestión sería asesinado”.

Como empleado regular de la base, Mustafic suplicó quedarse protegido dentro del recinto. No le hicieron caso y lo llevaron fuera de la valla de la ONU. Poco después murió tiroteado por las tropas de Mladic. La familia Mustafic interpuso la demanda. A pesar de los esfuerzos de Hasan Nuhanovic, el otro demandante, sus familiares corrieron igual suerte. Al ver que los acontecimientos se precipitaban, pidió para los suyos un pase similar al que había recibido de los soldados holandeses. A su padre y hermano les hubiera servido de salvoconducto para escapar de la muerte. El Ejército serbobosnio entró en Srebrenica el 11 de julio de 1995. Dos días después, y ante las cámaras de las televisiones internacionales, los cascos azules permitieron que los hombres de entre 12 y 77 años fueran separados de las mujeres. Ellos cayeron abatidos. A ellas las deportaron junto con sus hijos pequeños y los ancianos. Mustafic y los Nuhanovic fueron los últimos refugiados en abandonar la base. En el interior, había entre 4.000 y 5.000 personas. A sus puertas se agolpaban hasta 20.000 civiles más.

Hasan Nuhanovic sobrevivió porque los oficiales holandeses le mantuvieron en activo hasta el final. Los cadáveres de su familia y el del electricista aparecieron años después en una fosa común. Ayer, el traductor apenas podía creerse que había ganado el caso. “Busco a los asesinos de mi familia, que siguen en Serbia. Uno de ellos incluso trabaja en el mismo edificio que yo. Este es un paso muy positivo. No lo esperaba”, dijo en un inglés impecable. “Estoy muy contento. Sobre todo porque dentro de poco podré enterrar a mi padre”, añadió Damir Mustafic, pariente del muerto. El próximo 11 de junio, habrá otro sepelio colectivo en Srebrenica. Son los cuerpos de 600 víctimas arrojadas en su día a fosas comunes.

Hasta ahora, las familias de Srebrenica habían perdido todas las demandas interpuestas en Holanda. Los cascos azules operan a las órdenes de Naciones Unidas, que goza en principio de inmunidad. Así que no había forma de traspasar esa barrera. En 2008, ya vieron rechazado un recurso similar por ese motivo. Cogido por sorpresa, el Ministerio de Defensa holandés ha dicho que estudiará a fondo la actual decisión judicial. “Hemos ganado en todas las instancias anteriores. Necesitamos tiempo”, añadieron los portavoces de Defensa.

Munira Subasic, presidenta de la Asociación de Madres de Srebrenica, no tenía dudas. “Por fin se ha hecho justicia a los muertos. Ojalá que el Ejército holandés haya aprendido la lección y esto no vuelva a pasar”, proclamó. La abogada holandesa de los tres demandantes, Liesbeth Zegveld, fue algo más cauta. “El sumario está muy claro, pero sigue siendo un asunto muy delicado políticamente. No creí que fuera posible. Tal vez puedan ganarse otros casos a partir de ahora. Aunque las víctimas no buscan compensaciones millonarias. Es una cuestión de principios”, aseguró.

En la última década, Holanda ha ido perdiendo la inocencia poco a poco. El primer asalto fue el genocidio de Srebrenica. Luego la golpearon los asesinatos políticos del líder xenófobo Pim Fortuyn, y del cineasta Theo van Gogh.

En 2002, siete años después de Srebrenica, el Gobierno de centro-izquierda dimitió porque se sentía “moralmente responsable, aunque no culpable” de lo ocurrido. Un instituto especializado en estudios sobre la guerra, calificó de “imposible”, la misión militar de los cascos azules holandeses destacados en Bosnia. También subrayó que en 1995 pidieron, sin éxito, refuerzos a la OTAN.

Pero aún sigue viva una doble imagen poderosa: el brindis de Ratko Mladic con el general holandés Thom Karremans, y la posterior despedida final de los hombres y mujeres musulmanes bosnios de Srebrenica.

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UN PRECEDENTE PARA REAVIVAR LA MEMORIA

Hasan Nuhanovic lleva casi dos décadas pidiendo justicia para sus muertos. Conoce los tribunales y sabe que la justicia requiere tiempo. Sin embargo, ayer la victoria le cogió desprevenido. “No lo esperaba, creí que perderíamos de nuevo”, dijo, al saber que los jueces holandeses señalaban al Estado como responsable directo del asesinato de su padre y hermano.

Durante tres años, él trabajó para la ONU en Bosnia y ayudó a los cascos azules como traductor y guía. Cuando las tropas serbobosnias entraron en Srebrenica, llevó a su familia a la base holandesa. Le pareció el lugar más seguro. Incluso le dijo a su hermano, Mohamed, que no huyera a las montañas con sus amigos. Irónicamente, muchos de ellos sobrevivieron al genocidio posterior. Por el contrario, su padre, Ibro, su madre, Nasiha, y el propio Mohamed perecieron. Con el tiempo, Hasan pudo reconstruir sus últimas horas.

Lo más probable es que los dos hombres fueran llevados a morir a un campo de fútbol, junto con otros 4.000 musulmanes bosnios. Nasiha Nuhanovic fue encarcelada y asesinada el mismo día en la prisión. Aún no había cumplido 50 años. Su cuerpo apareció en un basurero. Los tres están ya enterrados, pero Hasan, huérfano, no ha dejado de luchar por ellos.

También por el resto de las víctimas del genocidio. En cierto modo, el antiguo traductor se ha convertido en una especie de ONG particular. Empeñado en que la memoria de Srebrenica no desaparezca, aseguró ayer que “la pelea continúa”. “Este es el más duro de los casos que llevo entre manos, y vamos por el buen camino”, explicó.

“Por fin se ha sentado un precedente. La justicia holandesa ha probado su independencia”, añadió desde Srebrenica, su alcalde, Camil Durakovic.

Los representantes de los cascos azules holandeses encajaron asimismo un golpe. Leen Noordzij, su portavoz, optó por la corrección política al dar su opinión. “La sentencia afecta al Estado, y al batallón de Srebrenica de forma indirecta. Pero supongo que tendrá consecuencias para otros casos”, dijo. El pasado junio, en el Día de los Veteranos, se incluyó a un grupo de soldados holandeses que vivió el sitio de Srebrenica. Era la primera vez que aparecían en el homenaje a los militares de todas las guerras.

Artículo original en ELPAÍS.com

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