Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Los Pibes Chorros cantan a Carlitos


Por SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ (El País)

Los Pibes Chorros tienen claro que Lionel Messi no es nadie para ellos. Para ser su ídolo no es suficiente ser el mejor jugador del mundo, hace falta épica, haber nacido en un barrio feroz, haberse peleado en la calle y luchado contra todo y contra todos en defensa de los colores de tu barrio y de tu gente.

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A Argentina le va bien. Lleva años, con los sucesivos gobiernos Kirchner, de fuerte crecimiento económico que ha sacado al país de la depresión y angustia que causó la crisis del corralito. Ahora son mucho más optimistas y han recuperado la confianza en la capacidad del Gobierno para manejar el país. Ha aumentado el empleo, aunque mucho sea precario e informal. Pero sigue existiendo un alto nivel de verdadera pobreza (superior al 20% según datos de consultoras privadas) y la vida en algunos barrios sigue siendo muy difícil. Aquí no se cantan narcocorridos, como en México, pero existe un género musical que se llama la cumbia-villera, que sale de las villas, los barrios más pobres, marginales y conflictivos de Buenos Aires y de su entorno. El grupo más conocido se llama Pibes Chorros (Muchachos Ladrones), arrastra multitudes y le canta a sus colegas: “Alucinado todo el día, reloco de la cabeza, estás más duro que una mesa, porque vivís empastillado, vivís empastillado”.

Los Pibes Chorros tienen claro que Lionel Messi no es nadie para ellos. Para ser su ídolo no es suficiente ser el mejor jugador del mundo, hace falta épica, haber nacido en un barrio feroz, haberse peleado en la calle y luchado contra todo y contra todos en defensa de los colores de tu barrio y de tu gente. Maradona reunía, y reúne, esas condiciones. El pobre Lionel Messi, no. Quien mejor representa esa narrativa es, sin duda, Carlitos Tévez y es a él a quien le cantan y con quien bailan en sus conciertos villeros: “El pibe su sueño cumplió y ahora tira los caños y ahora todos pagando. Carlitos está disfrutando, Carlitos ta disfrutandooooo”.

Tévez tiene una fea cicatriz que le marca el cuello y el pecho. Se quemó con agua hirviendo cuando era un niño y vivía en Fuerte Apache, el barrio de bloques pobres y violento que se construyó a mediados de los sesenta para sacar las chabolas del más céntrico Retiro. Los militares lo llamaron Ejército de los Andes, pero sus vecinos siempre supieron que aquello era Fuerte Apache y Carlitos recibió pronto el apodo correspondiente. Siempre se ha negado a hacerse la cirugía estética y sus seguidores le reconocen la herida como una condecoración. Uno es lo que es, proclama, y su barrio es consciente del dinero que El Apache lleva entregando discretamente desde hace años. Todos los pibes chorros de Buenos Aires lo agradecen y le admiran, pero no se engañan sobre su propio porvenir: “Queremos las manos de todos arriba porque el primero que se haga el ortiga, por pancho y careta le vamos a dar. Aunque no nos quieran, somos delincuentes, robamos blindados, locutorios y mercados. No nos cabe una, estamos rejugados”.

Artículo original en ELPAÍS.com

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