Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

La dama del ‘New York Times’


Por YOLANDA MONGE (El País)

Jill Abramson: “Sé que no he conseguido este trabajo por ser mujer. Lo he logrado porque soy la persona más cualificada para desarrollarlo”. Lo dice la nueva jefa de 1.200 periodistas.

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Parece inevitable que cuando una mujer rompe el techo de cristal que tradicionalmente le estaba reservado como tope, los cumplidos y halagos que recibe suelen ser estereotipos masculinos. “Tiene más pelotas que los Yankees de Nueva York”, dijo de ella Al Hunt, hoy responsable de la oficina en Washington de Bloomberg News y quien contrató a Jill Abramson cuando era jefe de The Wall Street Journal en la misma ciudad. Por aquella época, 1999, otro comentario sobre Abramson publicado en Village Voice era más burdo y elevaba esos mismos atributos masculinos a la categoría de “pelotas como melones de acero”.

Jill Abramson, de 57 años, será la primera mujer que dirija el prestigioso The New York Times, una institución dominada durante mucho tiempo por el género masculino, en sustitución del actual director, Bill Keller, que regresará a la escritura para la revista semanal del rotativo. El género: esa ha sido la cualidad más destacada por los medios de comunicación al informar del ascenso de Abramson en la vieja dama del periodismo, que ya ha cumplido 160 años. Y sin embargo, la propia Abramson ha tenido sentimientos encontrados en otras ocasiones respecto a ese tema. “¿Cuándo dejaremos de decir ‘la primera mujer que…’?”, se preguntaba la periodista en un artículo que publicó en el Times en 2006 con motivo de otro hito alcanzado por una colega de profesión. Entonces, Katie Couric se convertía en la primera mujer que presentaba en solitario un informativo de las grandes cadenas.

“Sé que no he conseguido este trabajo por ser mujer. Lo he logrado porque soy la persona más cualificada para desarrollarlo”, declaraba Abramson en los días siguientes al anuncio de su nombramiento. Sea como fuere, muchas de las mujeres de la generación de Abramson que ejercen o ejercían el periodismo se han sentido reivindicadas con la noticia. Estas mujeres han visto la ascensión de Abramson como una victoria casi personal. Según el último censo de la American Society News Editors (ASNE), solo hay un 34% de mujeres en puestos de responsabilidad y liderazgo en los periódicos. No es tan lejano para las contemporáneas de Abramson el hecho de que la Sociedad de Periodistas Profesionales no permitió la entrada de mujeres en su fraternidad hasta 1969.

En la propia casa que ahora dirigirá Abramson se vivió en 1974 una demanda por discriminación sexual interpuesta por las mujeres del Times, en la que denunciaban que ni una sola mujer aparecía en la mancheta de 21 directivos que conformaban el organigrama del diario; y que además el salario semanal medio de un reportero hombre era 59 dólares más alto que el de sus colegas femeninas. El periódico llegó a un acuerdo extrajudicial y compensó económicamente a 550 mujeres de la plantilla.

Pero eso ya es historia. El día de su nombramiento, a principios de junio, la propia Abramson reconoció en la redacción del Times que los tiempos han cambiado. Al recordar a sus predecesores -como suelen hacer los directivos cuando asumen nuevo cargo y siempre citan a hombres-, la nueva directora reconoció que ella se sustentaba “en otros hombros”. “Hablo de las mujeres del Times que han tenido que luchar para que sus trabajos se tomasen en consideración y de todas aquellas que lo han logrado”, explicó. Abramson mencionó a Janet Robinson, a la excolumnista Anna Quindlen, a la actual columnista (y amiga íntima) Maureen Dowd, y a las periodistas -ya fallecidas- Robin Toner y Nam Robertson, esta última autora del libro The girls in the balcony, título en referencia a la barrera desde la que las mujeres tuvieron que ejercer el periodismo porque les estaba vedado el acceso, en tiempos no tan lejanos.

De ADN -y fuerte acento- neoyorquino forjado en el Upper West Side de Manhattan, Abramson creció con una biblia distinta a la que existía en muchos hogares. “En mi casa, para mis padres, lo que decía el Times era la verdad absoluta. El Times sustituía a la religión”, explica. Licenciada en Historia y Literatura por la universidad de Harvard, colaboró con la revista Time en las elecciones presidenciales de 1976 y después pasó por CBS Noticias, The American Lawyer y Legal Times antes de recalar en 1988 en la oficina en Washington del The Wall Street Journal. Casada con su compañero de universidad Henry Griggs III, con quien tiene dos hijos, Abramson conoció en 1997, en un encuentro literario, a la periodista del Times Maureen Dowd. De ahí surgió una amistad que llevaría a Dowd a pasar muchas horas junto a la cama del hospital donde Abramson yació durante semanas tras ser atropellada por un camión en 2007. Dowd era la que había preguntado a Abramson si sabía de alguna reportera femenina que el diario debiera contratar y ella se ofreció como ejemplo. Así pasó a engrosar las filas del diario en la redacción de Washington. Entre 1999 y 2000 escaló posiciones y llegó a ser la responsable de la oficina del Times en la capital de la nación.

Los años vividos en Washington fueron tumultuosos políticamente. Los ataques del 11-S y la invasión de Irak convulsionaron a la Casa Blanca y a los medios de comunicación. Podría decirse que Abramson vivió bajo asedio, el de la Administración de George W. Bush y de la controvertida reportera del Times Judith Miller [quien aseguró antes y durante la guerra de Irak, en varios artículos, que había armas de destrucción masiva en ese país, entre otros asuntos]. También vivía bajo el asedio del entonces director del rotativo para el que trabajaba, Howell Raines, que no acababa de confiar en su criterio y que la quería fuera de Washington.

Abramson sobrevivió a todas las batallas. Raines estuvo menos de dos años al frente del New York Times de Nueva York y dimitió tras el escándalo de plagio e historias inventadas de Jayson Blair. El fiasco de la guerra de Irak también está en las hemerotecas, al alcance de todo el mundo. En el verano de 2003, a los 49 años de edad, Abramson volvía al hogar como un soldado que regresa del campo de batalla, victoriosa, pero con cicatrices. Entonces decidió tatuarse el hombro derecho para conmemorar la vuelta a su ciudad. El tatuaje elegido fue un token, la ficha que se utiliza para acceder al metro de Nueva York. “Habiendo crecido aquí, amo el metro, te lleva a todos los sitios”, explicaría Abramson. Pero la verdadera razón de su elección es otra y obedece a la leyenda que se inscribe en los tokens: “Válido solo para un viaje”. “Esa es mi filosofía”, explica la nueva directora del Times. “La frase es la perfecta combinación de una gran filosofía y la ciudad que amo y en la que nací”.

Junto a Bill Keller, Abramson ha vivido como su número dos los difíciles tiempos que ha enfrentado -puede que todavía enfrente, la tormenta no ha amainado del todo- el Times y el resto de la prensa mundial. La vieja dama del periodismo mantiene su robusta redacción de 1.200 periodistas, pero no ha sido inmune a la crisis económica global y de los medios. Para hacer frente a los nuevos tiempos que ya están aquí, Abramson ha pasado los últimos seis meses sumergida en el área digital del periódico. Como última curiosidad de su biografía, la mujer llamada a dirigir una nueva era del Times envió su primer mensaje en Twitter hace solo tres días. No es ni bueno ni malo. Es solo un dato.

Artículo original en ELPAÍS.com.

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