Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

“EE UU tiene que competir en ciencia, ya no es el mejor en todo”

Por ALICIA RIVERA (El País)

Ralph J. Cicerone es un científico especialista en química atmosférica y cambio climático. Pero además, preside la prestigiosa y muy activa Academia Nacional de Ciencias (NAS) de Estados Unidos, un organismo con el que cuentan la Administración y los políticos de ese país siempre que buscan asesoramiento o valoración científica de cualquier asunto. “Hacemos cada año unos 200 informes que nos piden desde la Casa Blanca, el Senado, el Congreso, la NASA o los Institutos Nacionales de Salud”, explica Cicerone. Él mismo presidió el comité que hizo, hace una década, uno de los más famosos informes de la Academia: el que pidió el entonces presidente George W. Bush acerca del cambio climático y cuya conclusión no fue precisamente la que deseaba la Casa Blanca. Cicerone, de 68 años, ha estado en Madrid, invitado por la Fundación Ramón Areces, para dar una conferencia sobre los últimos indicadores del cambio climático en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Estados Unidos es la primera potencia científica mundial, pero en los últimos años la presión de varios países asiáticos es muy fuerte en I+D. ¿Cómo ve el panorama?

La competencia, por un lado siempre es preocupante, pero por otro es buena porque hace que todo el mundo haga las cosas mejor. En EE UU tenemos que darnos cuenta de que la competencia mundial en ciencia es ahora más fuerte que nunca y tenemos que estar preparados para trabajar en esta situación.

¿Y qué estrategia se ha de seguir?

Todavía mucha gente piensa que somos los mejores en todo y no es verdad: de hecho, creo que en algunos campos de física está mejor Europa, aunque somos los más fuertes en casi todas las áreas de biomedicina. Lo que tenemos que hacer es ser excelentes en unos campos científicos pero asegurando a la vez que somos lo suficientemente buenos en todos los demás para comprender cualquier avance brillante que surja en cualquier parte.

Su país tiene mucho éxito en la transferencia de conocimiento a la economía. ¿Cuál es el truco?

Es algo que se da… Muchas universidades son fuente de estímulo y a su alrededor surgen las actividades emprendedoras. Hay que ser muy respetuoso con esas actividades orientadas a la comercialización, pero también es importante controlarlas: hay que garantizar, por ejemplo, que si un laboratorio está dedicado a la formación de los alumnos se debe utilizar para eso, no para trabajar para las empresas.

¿Está sufriendo la ciencia en EE UU recortes de dinero?

Solo ahora un poco, pero hace dos o tres años, cuando empezó la crisis, el Gobierno tomó medidas de estímulo de la economía y parte de esa financiación fue a la investigación. El presidente Obama y el Congreso apoyan realmente la I+D y han sido muy generosos con la ciencia en tiempos difíciles. Ahora habrá algunos pequeños recortes, y me preocupa porque mucha gente joven que está empezando su carrera científica puede sufrir el efecto.

¿Sobre qué temas se consulta a la NAS desde las instancias gubernamentales?

Por una parte se nos consulta en la preparación de leyes o reglamentos con una vertiente científica, como agua potable, nutrición, irrigación en zonas secas, sobre sistemas de alerta de tsunamis… Otras consultas versan directamente sobre política científica: qué áreas de investigación hay que apoyar, qué infraestructuras son necesarias, etcétera.

¿Se toman los políticos en serio los informes?

Muy a menudo siguen nuestras sugerencias. Yo diría incluso que los informes de la Academia tienen ahora más influencia que en el pasado.

Uno de sus informes más famosos fue el realizado sobre cambio cimático a petición de la Casa Blanca hace una década.

Presidí aquel comité. Se nos preguntó si el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) era riguroso, sobre la elaboración de sus informes, sobre las incertidumbres del cambio climático, etcétera. Creo que en la Casa Blanca no había una posición unánime: algunos miembros del Gobierno querían ser más agresivos ante el problema del calentamiento, pero la mayoría, incluido el presidente Bush, no lo creía y, sobre todo, no quería continuar con el Protocolo de Kioto. La conclusión de nuestro informe fue que el cambio climático era un hecho.

¿Qué novedades habrá en el próximo informe del IPCC?

Será mucho más preciso sobre la subida del nivel del mar, que se está produciendo más rápido de lo esperado. El informe anterior, el de 2007, decía muy poco al respecto, pero ahora hay mucha seguridad: el nivel del mar subirá más de un metro este siglo y, en gran medida, debido a la fusión de los hielos de la Antártida y de Groenlandia. En los últimos años la tasa de pérdida de hielo se está acelerando. Otro aspecto novedoso será el de los episodios de lluvias especialmente fuertes en las zonas húmedas, que serán más frecuentes. Las pruebas del cambio climático son cada vez más sólidas, más consistentes.

La Antártida se tocó marginalmente en el anterior informe del IPCC.

Sí, pero ahora hay muchos más datos. Se está viendo que aunque allí las temperaturas son muy bajas, el océano que rodea el continente aporta calor y sus aguas se están calentando -aunque muy despacio-, provocando la rotura de la costa helada por la parte inferior, con el consiguiente desplazamiento de los glaciares hacia el mar.

En los últimos tiempos han arreciado las críticas al IPCC.

A veces me sorprende lo iracundos, lo violentos que son algunos de los críticos. Hacen acusaciones de fraude y no entiendo de dónde salen, porque no hay forma de que los científicos puedan mentirse unos a otros, especialmente cuando la cuestión es tan importante. Las investigaciones se repiten y se comprueban, así es como funciona la ciencia. Por ejemplo, recuerde el lío de los correos electrónicos de la Universidad de East Anglia: había chismorreos entre científicos que nunca debieron producirse, pero se revisó toda su investigación y los hechos científicos y todo es correcto, no hay fraude alguno.

¿Hay muchos oponentes al cambio climático en EE UU?

Hay que diferenciar entre los hechos científicos y las actuaciones políticas y los intereses económicos. Creo que la mayoría de la gente entiende que el cambio climático está produciéndose ya, pero otra cosa es hablar de impuestos o costes energéticos, de la necesidad de transformar la economía… Ahí es donde hay más posturas diferentes.

Artículo original en ELPAÍS.com

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