Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Los indignados deciden quedarse en Sol y levantar una estructura estable


Por ELENA HERRERA (Público.es)

Horas antes de la asamblea de las ocho de la tarde, eran pocos los indignados que se atrevían a pronosticar el futuro próximo de la acampada que, desde hace dos semanas, está instalada junto al kilómetro cero de la capital. Los portavoces de las diferentes comisiones se afanaban en explicar que, en la Puerta del Sol, “las decisiones se toman por consenso” y que era “inútil” adelantar cómo iba a evolucionar el Movimiento 15-M en Madrid.

Pero al final se llegó a un consenso: pasadas las 23 horas, los concentrados votaron a favor de “cambiar el formato actual de la acampada por otro que favorezca resolver los problemas actuales y siga siendo símbolo del movimiento sin que suponga el fin de la acampada ni una reducción”. Además, acordaron un segundo punto: emitir un comunicado para pedir la dimisión de conseller catalán de Interior, Felip Puig, y su inhabilitación para cargo público, por su responsabilidad en la carga policial del pasado viernes contra los indignados de Barcelona.

La comisión de infraestructuras, en una primera intervención, apostó por la construcción de una estructura sólida, una suerte de barracones realizados con materiales reciclados, en la que se alberguen las diferentes comisiones y poner así fin al laberinto de toldos que ya ha empezado a generar problemas de seguridad y convivencia. En este proyecto, las tiendas de campaña se quedarían en otro lado de la plaza y sólo se montarían por la noche. Pero esta propuesta no fue finalmente votada en la asamblea.

Poco después, el portavoz de la comisión de legal aseguró que “las autoridades”, sin especificar cuáles, consideraban “positiva toda señal que signifique una reducción de la acampada” y que no iban a tolerar “ninguna estructura que suponga una estabilidad o tenga forma de vivienda”. En el turno de intervenciones, un portavoz de la comisión de sanidad aceptó que en el campamento se vive “de forma insalubre”, que se habían producido robos de medicamentos y que el cansancio de los voluntarios había hecho mella en el grupo.

“Todo el mundo está de acuerdo con la reestructuración de la acampada, para que ocupe menos espacio y sea más factible continuar”, explicó antes de la asamblea Annie, que cumplió sus 18 años en la Puerta del Sol y que prefiere no hacer públicos sus apellidos. En este sentido, otra de las posibilidades que se barajaron fue la de situar las tiendas por un lado y las comisiones por otro.

Esta opción no dista mucho de lo acordado en la asamblea del domingo, cuando los partidarios de permanecer en la plaza inclinaron la balanza de los indignados madrileños. En una asamblea que fue algo menos multitudinaria que la del pasado domingo, alcanzar consensos sí volvió a ser complicado.

Acuerdos difíciles

Algunos acampados, sin desvelar sus nombres, comentaron en los momentos previos a la asamblea la dificultad de alcanzar acuerdos, especialmente cuando muchos de los asistentes a estas reuniones no forman parte de las comisiones ni son parte activa del movimiento. “Vienen aquí, votan y se van a sus casas”, se quejó uno de ellos.

Según este mismo indignado, que lleva 14 noches durmiendo en la Puerta del Sol, el movimiento se ha desvirtuado. “No estamos aquí para decir ‘paz y amor’, estamos cabreados de verdad y queremos que se sepa”. En el turno de palabra, una intervención en la que un indignado apostó por “levantar el campamento actual para dejar de hablar de logística y comenzar a hablar propuestas” fue respondida con decenas de brazos agitados en el aire, la forma en que los asistentes a la asamblea muestran su acuerdo.

Por la tarde, en la comisión de respeto admitían que la acampada había cambiado mucho en sus más de dos semanas de vida. “Quizá debamos reestructurar el campamento y tener más conciencia de qué es por lo que se está luchando”, explicó Andrés Pérez, que colabora desde el principio en este grupo.

“Viene más gente a beber y eso no es lo que queremos, ellos tampoco nos representan”, apuntó otra indignada que no quiere dar su nombre. “Sin embargo, los que estamos luchando desde el principio, estamos más fuertes que nunca”, añadió Andrés. Saben bien de lo que hablan pues su función en la acampada es precisamente la de mediar en los conflictos, controlar que no se haga botellón e intentar mantener el ambiente de calma que impera en la acampada, una tarea que -admiten-, es más complicada los fines de semana.

Horas antes de la asamblea, James Hollander, estadounidense de 45 años que colabora en la comisión de comunicación, tampoco se atrevía a pronosticar el curso que seguiría la acampada en los próximos días. Sin embargo, en sus palabras sí se percibía el ánimo de seguir en Sol. “Si seguimos es porque creemos que así se consolida y se fortalece el movimiento”, explicó.

Artículo original en Público.es.

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