Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El negocio que esconde la venta de la Universidad Central

Por JUAN PABLO FIGUEROA y TANIA ARAYA (Ciper)

Con su estructura democrática la Central es distinta a cualquier otra universidad privada del país. De ahí que la alianza con el grupo Norte Sur –en rigor, una venta por US$ 45 millones– genere tanto rechazo entre estudiantes y un grupo de docentes que se niegan a transar lo esencial: ser una entidad sin fines de lucro. El modelo que se articuló es una maraña que además de la venta de inmuebles y el traspaso del control del 50%, incluye la creación de sociedades, la transformación de académicos en accionistas y la concentración del poder en un grupo reducido. Con los cambios en curso –sólo falta el vamos del Ministerio de Educación- la Universidad Central ahora sí tiene dueños.

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Nada tenía que ver Pola con lo que pasaba ese día, pero allí estaba, preñada y ladrando. Venía siguiendo a los cerca de 500 estudiantes de la Universidad Central (UCEN) que marchaban rumbo al Ministerio de Educación con gritos, cánticos y pancartas contra la venta de una de las universidades privadas más antiguas del país. Para entonces, los universitarios llevaban casi dos semanas en paro, con sucesivas tomas y desalojos de las instalaciones de la universidad. Y ese jueves 14 de abril era la tercera vez que se acercaban hasta el ministerio pidiendo que las autoridades intervinieran en un proceso que, a su juicio, alberga varias irregularidades. Esa perra callejera sería la noticia que acaparó la atención pública asfixiando los entretelones de un nuevo y polémico negocio de la educación privada.

Para algunos de los interesados, los problemas en la UCEN partieron cuando en 2005 asumió la nueva Junta Directiva, quedando como presidente el ex superintendente de bancos del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ernesto Livacic, al frente de un grupo con “una visión más empresarial”. Otros aseguran que todo comenzó en diciembre de 2009, cuando la misma Junta aprobó el Plan Estratégico 2010-2020 para integrar nuevos capitales y así saldar su deuda y crecer a un ritmo competitivo. Lo real es que a partir de entonces hubo una serie de negociaciones para obtener el financiamiento que le permitiera a la UCEN, una corporación de derecho privado sin fines de lucro, superar la meta del 8% de su patrimonio en excedentes y obtener una inversión de aproximadamente $35.500 millones en un período de diez años.

Lo que resultó de ese proceso es lo que los estudiantes, con sus paros, tomas y marchas, tratan de detener: la incorporación del grupo Norte Sur como socio estratégico mediante la adquisición del 45% de sus inmuebles y el 50% del control de su gestión. Todo por unos $21.000 millones. Según Livacic, fue la mejor de las propuestas que llegaron.

-Ese es un problema interno de la Universidad Central –dijo el titular de Educación, Joaquín Lavín, luego de la segunda de esas movilizaciones hasta el ministerio.

Lo cierto es que no es sólo un tema entre privados. Para que la venta se materialice y el negocio se concrete, el ministerio debe aprobar la reforma de estatutos que se viene proponiendo desde el año pasado y que, según el cronograma que manejaba la UCEN en un comienzo, debía haber quedado sellado en diciembre de 2010. Mientras eso no ocurra, y aunque todos los cambios ya se ha concretado en dicho plantel, el negocio no puede avanzar.

Dos días después de que Lavín hablara, vino la manifestación del 14 de abril y al día siguiente, Pola, la perra callejera preñada, salió en casi todos los medios por haberle ladrado y mordido la pata a una yegua de Carabineros, haciéndola caer junto a su jinete, y por haber recibido patadas de los policías de fuerzas especiales que controlaban la marcha. Pero de los detalles del millonario y complicado negocio que provocó la protesta de los estudiantes –de las sociedades anónimas que se crearon, de las acciones que adquirieron los académicos, de los inmuebles que se venden, de los cambios de estatutos, de los despidos–, no se supo nada. Aunque todo ello signifique que esa universidad, que hasta ese momento funcionaba acorde a la ley, como una entidad sin fines de lucro, pase a depender de un fondo de inversión privado.

Un animal extraño

La UCEN no tiene dueños. A diferencia de otras universidades privadas cuyos patrimonios pertenecen a sociedades inmobiliarias, la corporación reinvierte todas sus utilidades y es propietaria de los edificios, terrenos y demás bienes que, sumando activos y restando pasivos, según el último balance financiero constituyen un patrimonio de $23.160.185.000. Por esto, y por la estructura que se le otorgó en 2001, varias de las personas consultadas por CIPER aseguran que la UCEN “es un animal extraño en el mercado de las universidades privadas”.

-En 2000 se concretó la “gran reforma” donde se democratizó la universidad: se creó una Asamblea General que quedaba como el organismo de más alto nivel en la corporación, por sobre la Junta Directiva que antes tomaba las decisiones. La Asamblea es representativa de las distintas facultades y es la que elige a la Junta Directiva. Esa es la figura institucional con que la Universidad Central funciona hasta hoy –dice Eugenio Arratia, ex director de aseguramiento de la calidad en la UCEN.

Todo quedó plasmado en el estatuto de 2001. Allí se señala que los 14 socios activos, que son los representantes elegidos democráticamente en las siete facultades, sólo podrán ser académicos de la universidad, durarán en su cargo cinco años y serán los únicos con derecho a voto en las sesiones. También tendrán derecho a voz la asociación de académicos, los sindicatos de trabajadores y la federación de estudiantes. El documento oficial exige que en la Junta Directiva sólo participen personas naturales, la que se renovará cada cinco años. Y que los bienes de la corporación, en caso de disolverse, pasarán a ser propiedad del Estado “para ser utilizados con fines análogos de acuerdo con el artículo 561 del Código Civil”.

-Esto se hizo para hacer más democrática la universidad y asegurar su continuidad como entidad efectivamente sin fines de lucro. Así, la corporación seguiría siendo dueña de sí misma y no se repartiría. Ese fue el espíritu desde un comienzo –cuenta José Antonio Hernández, hijo de Gonzalo Hernández, uno de los socios fundadores de la Universidad Central en 1982 y miembro de la Asamblea hasta su muerte en 2007.

Pero los cambios que ahora se proponen –y que ya están en curso– apuntan en la dirección contraria. Después de que se aprobara el Plan Estratégico a fines de 2009 tanto en la Asamblea como en la Junta Directiva se evaluó cómo sería financiado. Esa tarea le fue encomendada por la Junta al presidente de la corporación, Ernesto Livacic, y al que fuera rector hasta principios de marzo de este año, Luis Lucero. El primero quedaba con amplias facultades. Seis meses después, justo al término del plazo establecido por la Junta, ya se tenía una propuesta. Fue entonces que comenzaron los verdaderos problemas en la UCEN.

Seguir leyendo… El negocio que esconde la venta de la Universidad Central en CIPER Chile

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