Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Las operaciones secretas que ordenaba Karadima para aniquilar a su competencia

Por J.A. GUZMÁN, M. GONZÁLEZ y G. VILLARRUBIA (Ciper)

Los sacerdotes que cortaron lazos con Karadima usan una metáfora para describir su situación: “Estamos saliendo de la Matrix”. Dolidos y aún incapaces de creer la magnitud de los abusos, algunos han pedido disculpas a los acusadores. Las de Samuel Fernández fueron aceptadas, no así las de Rodrigo Polanco. Ello se explica porque Karadima también hizo a otros religiosos cometer actos de los que hoy se arrepienten. Aquí se narra una de esas sórdidas operaciones: cómo Karadima intentó destruir la reputación del sacerdote Cristóbal Lira. Con la incautación de documentos de la defensa hecha por la ministra González, la justicia ya tiene dónde investigar.

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Hay muchas formas de graficar la derrota que está viviendo Fernando Karadima. Pero seguramente la que más le duele es esta: del medio centenar de sacerdotes que formó y que hasta el año pasado acudían al menos todos los lunes a la parroquia El Bosque para darle gracias por las bendiciones que habían recibido de él, solo tres le permanecen fieles: Juan Esteban Morales, Diego Ossa y Julio Söchting.

El primer grupo que se distanció lo hizo en agosto del año pasado, tras la publicación en CIPER del patrimonio inmobiliario que el sacerdote acumuló a través de la Pía Unión Sacerdotal. Mediante una carta pública que dio a conocer CIPER, diez religiosos afirmaron que las acusaciones hechas a Karadima les parecían verosímiles. Otros dos también opinaron lo mismo, pero no firmaron la declaración. Los últimos en alejarse fueron 15 sacerdotes, los que el 5 de abril pasado hicieron pública su decisión, bastante después del fallo condenatorio del Vaticano (originalmente eran 16, ya que a última hora Javier Manterola decidió no adherir al grupo y terminó abandonando a Karadima solo, unos días después, sin que nadie tenga claro por qué tanto enredo).

Diversas fuentes señalan que el gestor de esta última declaración de ruptura fue Samuel Fernández, aunque este sacerdote no quiso referirse a su rol en este episodio. También señalan que Morales, Ossa y Söchting fueron invitados a salir del edificio en llamas. Pero se negaron. “Ellos se van a quedar hasta el final, se van a quemar con la torre”, es el pronóstico apesadumbrado de un religioso de El Bosque que –a pesar de que hoy lo separa de Morales, Ossa y Söchting, la obediencia incondicional a Karadima- no puede olvidar los años de formación que compartieron. Muchos años de amistad. Y también, de cierta forma, de prisión colectiva.

Porque ya nadie discute tampoco que lo que al interior de la parroquia El Bosque se incrustó y engrosó fue una secta. Una que tuvo por décadas un solo líder y dueño: Fernando Karadima…

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