Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El fútbol como ritual masculino

Por RICARDO DE QUEROL (El País)

A los hombres nos gusta conversar sobre fútbol porque, ya lo sabrán, no nos agrada hablar sobre nosotros mismos. No desnudamos nuestras emociones, ni nuestras experiencias, porque compartir demasiada información nos hace sentir vulnerables. Es estupendo que ese universo paralelo de atletas que patean balones sobre el césped nos permita, sin riesgos para nuestra imagen, probar nuestra capacidad de análisis, examinar tácticas y estrategias, el liderazgo de grupos, el talento individual al servicio de lo colectivo, la valentía, la épica, la disciplina, la imaginación, la camaradería, el honor, la vileza, el carisma, la genialidad. El fútbol remite a la guerra, a la caza mayor prehistórica, a la mitología o al circo romano, pero convertido en espectáculo amable e incruento, que emociona y que relaja porque, en realidad, no afecta en nada a nuestras vidas.

Woody Allen dijo que el cine podía envidiar del fútbol la capacidad de dar un giro al guion en el último minuto. La conversación entre hombres abarca muchos otros temas, claro, pero ninguno es tan agradecido. Se puede hablar de política, pero provoca tensiones; de aparatos tecnológicos o de viajes, pero queda presumido; de cultura, pero se puede meter la pata. ¿De mujeres? No de las nuestras, por favor. Como ritual masculino, compartir cuatro Madrid-Barça de aquí a unos días no tiene igual. Y este duelo sin precedentes enfrenta además a dos modelos de hombre cargados de simbolismo: Mourinho y Guardiola. Dos tipos de líder, magnéticos ambos, triunfadores cada uno a su manera.

Perdonen la caricatura. Conozco a muchos varones que tendrán un plan distinto al (irresistible) de la cumbre de amigotes con pantalla gigante, cervezas y pizza de encargo; también a muchas mujeres que se apuntarán con gusto a esta ceremonia. Desde que la tragedia de Heysel (39 muertos en la final europea de 1985) transformó las gradas en patios de butacas y puso coto a los hoolingans, el campo de fútbol ya no es territorio hostil para la mujer.

Ahora a los estadios van parejas, familias, turistas, peñas de forofas. El fútbol, además, forma parte del show business como el cine, la moda o la música, y sus figuras brillan tanto como las de Hollywood, con lo que han captado también el interés de quienes nunca ven un partido pero siguen sus andanzas. Y el fútbol femenino está despegando en muchos países, Estados Unidos a la cabeza, y aquí todavía no porque en la mayoría de colegios mandan a las niñas a otros deportes. Lentamente se avanza: el Real Madrid estudia crear su equipo de mujeres, para disputar un torneo que dominan el Rayo Vallecano o el Athletic de Bilbao. Pese a todo el mundo del fútbol sigue dominado por hombres, y con feos tics del pasado como los gritos racistas a jugadores negros, burlas a las pocas mujeres que participan en el equipo arbitral (lo que les costó el puesto a dos comentaristas de Sky News) y la homofobia latente que impide que en la historia del fútbol salga del armario un jugador profesional en algún torneo más importante que la cuarta división sueca.

El clásico simboliza muchas cosas, quizás demasiadas. Un Madrid-Barça siempre tuvo connotación geopolítica (el centro frente a la periferia, Castilla frente a Cataluña…) pero ahora además representa la más tópica de las guerra de sexos. Este Barcelona se ha definido como femenino; el fútbol del Madrid es masculino. Los de Guardiola buscan el éxito a través de la belleza, de lo cooperativo, de la paciencia; los de Mourinho confían en su pegada, su brega, su potencia. El Barça es sutil; el Madrid, directo. Sus figuras también son diferentes: Messi es un chico tímido que corretea mirando el suelo y no es el mismo alejado de su protector entorno; Cristiano Ronaldo es una estrella mediática cargada de ambición y cierto aire narcisista. Ambos, en todo caso, han perdido protagonismo en el papel cuché, que enfoca ahora a dos ídolos locales, Casillas y Piqué, y sobre todo a sus parejas, Sara Carbonero y Shakira. Crónica rosa y deportiva se solapan desde hace tiempo (y son hoy las grandes proveedoras de opio para el pueblo).

Cada equipo tiene ahora el entrenador que encaja en su perfil. El Barcelona necesitaba un director de orquesta; el Madrid, un jefe de gladiadores. Guardiola ejerce el soft power, como Obama o el primer Zapatero. Utiliza la mano izquierda y las formas suaves, pero su liderazgo es indiscutido pese a que llegó al primer equipo sin gran experiencia como entrenador. Dio confianza a un grupo ya rodado y no quiso ponerse todas las medallas, aunque su humildad pareció alguna vez calculada. Mourinho llegó con la maleta repleta de trofeos a un Real Madrid lleno de estrellas mal organizadas y hambriento de títulos. Su estilo es arrogante y ambicioso, seguro de sí mismo, a veces maleducado, pero se confía en él por una gestión inteligente del grupo, si hace falta paternalista, para sacar el máximo rendimiento. Esperanza Aguirre aplaudió al portugués públicamente (“Soy de Mourinho a muerte”), quizás porque coinciden en la incorrección política, en ese desparpajo de los “sin complejos”. A Guardiola, sin embargo, se le cree cercano a la progresía y el consejero socialista Mascarell lo intentó fichar para el tripartito (lo que llevó a La Vanguardia a preguntarse: “¿Guardiola president?” y a miles de internautas a promover su candidatura).

Ojo: no son tan distintos. Tanto Mourinho como Guardiola manejan los medios de comunicación con habilidad, ambos explotan su atractivo personal, ambos han chocado con sus presidentes, ambos generan dudas sobre su futuro en el club, ambos necesitan sentirse valorados. Y muchos hombres se reconocen en estos triunfadores, y en cierto modo a través de sus héroes se definen a sí mismos, o cómo sueñan con ser. ¿Mourinho o Guardiola? Responda sin que le cieguen los colores, por favor.

Los hombres, decía, hablan de fútbol porque no hablan de sí mismos. Las mujeres de hoy van al estadio, algunas juegan al fútbol o son árbitras y muchas verán los cuatro derbis entre nosotros. Lo que no harán es dedicar más tiempo al día siguiente a comentarlo. Porque este gran espectáculo es una sana terapia de masas, una vía de escape a nuestras frustraciones, siempre que no alcance una dimensión excesiva. ¿Será que algún hombre también habla demasiado de fútbol consigo mismo? Quizás algunos dedicaron a este entretenimiento demasiado espacio en su vida. Disfrutemos de la serie de cuatro partidos en la cumbre, forofos y forofas, juntos si puede ser. Celebren los éxitos sin romper nada, no se amarguen demasiado con la derrota. El único error que se comete con el fútbol es darle demasiada importancia.

Artículo original en “Mujeres” >> Blogs EL PAÍS

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2 Responses

  1. […] Si hasta de sicología masculina y otras gabelas se ha escrito en estos días a propósito de esta seguidilla de partidos imperdibles entre “los buenos” y “los malos”. Recuerdo una nota de Ricardo de Querol (en El País) que comenzaba magistralmente así: “A los hombres nos gusta conversar sobre fútbol porque, ya lo sabrán, no nos agrada hablar sobre nosotros mismos. No desnudamos nuestras emociones, ni nuestras experiencias, porque compartir demasiada información nos hace sentir vulnerables. Es estupendo que ese universo paralelo de atletas que patean balones sobre el césped nos permita, sin riesgos para nuestra imagen, probar nuestra capacidad de análisis, examinar tácticas y estrategias, el liderazgo de grupos, el talento individual al servicio de lo colectivo, la valentía, la épica, la disciplina, la imaginación, la camaradería, el honor, la vileza, el carisma, la genialidad. El fútbol remite a la guerra, a la caza mayor prehistórica, a la mitología o al circo romano, pero convertido en espectáculo amable e incruento, que emociona y que relaja porque, en realidad, no afecta en nada a nuestras vidas” (“El fútbol como ritual masculino”). […]

  2. mauricio dice:

    Bueno, un soso analisis de la importancia del football, es como la cara oficial del dicho espectaculo, denominado por muchos como el opio del pueblo, no es menor la comparacion y si ademas consideramos que antes del futbol estaban los gladiadores los mas finos que fueron los juegos oimpicos. Pero no se habla de esta necesidad masculina de medirse, de equipararse a si mismo con un “igual”, que no es igual, que es mejor, el futbol le permite a los hombres decir abiertamente que gusta o admira a otro hombre sin que por ello se trasluzca una intension o animosidad un tanto mas vollerista y quien no dice que hasta sexual. Que entusiasmo puede haber de mirar a estos hombres corriendo desesperadamente en contra de otros hombres que hacen lo mismo pero en sentido contrario haciendo un derrolle de testosterona que proboca los vitores de la concurrencia que los supera exponencialmente en numero de los que exhiven contra los que miran. Es duro preguntarle a un hombre que es lo que le gusta de otro hombre, algunos muy educados pueden hablar de su temple, su caracter, su inteligencia, lo que no deja de ser aspectos de personalidad que segun las feminas es de lo mas exitante y por que no habria de tener ese mismo efecto en ellos, en fin, tampoco esta de mas reconocer que por efecto del exeso de esfuerzo fisico de estos ejemplares desarrollan unos fisicos por decir lo menos envidiables, y es que acaso sus fans no ven eso, y si lo ven, que ven, hasta donde se permiten ver, si me preguntan a mi, pues veo todo, el conjunto, el desarrollo muscular de las piernas, el abdomen sin grasas y el culo prominente y bien delineado, despues las facciones de la cara y por ultimo su forma de hablar y si en lo que dice hay algo de inteligencia, sabidurio o por lo menos picardia. Aunque debo reconocer que jamas he logrado que un heterosexual reconozca la belleza de un cuerpo masculino a no ser que sea en broma o medio borracho. Para mi los numeros hablan y si a veintidos ejemplares rudos y bien formados los van a mirar cuarenta y cinco mil, descartemos unos miles de mujeres, unos heterosexuales recalcitrantes, pues nos quedamos con una impresionante poblacion de hombres que les gusta ir a mirar hombres…fuerte no? aunque todos daran una respuesta un tanto mas digna para justificar su aficion que no sea rodearse de hombres por que no soportan el mundo femenino, las conversaciones femeninas, los olores empalagosos de sus cosmeticos y perfumes, sus ropas ajustadas y exuberantes, al punto que se tornan indeseables, pero hay que soportarlas por que es lo que nos toca, querer estar con las mujeres, aunque no las amemos, aunque no las adoremos, con tirarselas basta, despues a contarle a los amigos para que nuestra virilidad no entre en tela de juicio y luego al partido, a ver hombres, jugadores quiero decir, diestros, habilies, potentes, viriles, si hay viciosos que hasta ven tres partidos por fin de semana, no sera mucho digo yo. El futbol da para tanto, sin hablar del dinero que recauda y que se trafica con toda esta actividad y que los fans pagan gustosos por sus “idolos” sin son tan guapos todos que como no….aunque nunca lo reconozcan y se vallan con el secreto a la tumba, cuanta de esa hinchada se va con el recuerdo de su crack en la mente y en la intimidad de su cuarto cuando ya la soledad apremia y se han cumplido todos los ritos sociales, trabajo, diversion, mujeres, etc…no se llevan la mano a la entrepierna soñando con las dotes de sus admirados jugadores de futbol….

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