Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

No es la tele que prometían (pero nos engancha)

Por ROSARIO G. GÓMEZ (El País)

La televisión ha muerto, viva la televisión. Para los gurús que pronosticaban el fin de la caja tonta a manos de Internet, sus predicciones no han podido ser más erróneas. Culminado en España el tránsito a la televisión digital terrestre (TDT), se han ahogado los apocalípticos presagios sobre el medio de comunicación de masas por excelencia. El nuevo sistema no ha traído la pluralidad y diversidad de contenidos ni el alud de servicios interactivos que prometía. Y no por ello ha descendido el consumo.

Al contrario, en plena expansión de Internet, de los teléfonos móviles con acceso a televisión, de las tabletas electrónicas y otros dispositivos inteligentes, los españoles siguen enganchados a la pantalla del televisor alrededor de cuatro horas diarias. En los ocho primeros meses del año, la media es de 230 minutos (ocho más que en el mismo periodo de 2009). El récord se lo apunta enero, cuando se alcanzó un consumo de 261 minutos de media por habitante y día (cuatro horas y 21 minutos).

Expertos en el comportamiento de los espectadores y espectadores a secas se encuentran ante una endiablada paradoja: los contenidos, pese a la avalancha de nuevos canales, se han empobrecido, pero la televisión se ve más que nunca. Carlos M. Arnanz, director del área de investigación de Corporación Multimedia, abre el abanico de explicaciones. En primer lugar, se ha producido un aumento del consumo infantil como consecuencia del nacimiento de canales destinados a niños y jóvenes. Y, paralelamente, ha subido el consumo entre los hombres por el alud de eventos deportivos y el reparto de partidos de fútbol entre los canales.

Existen otros motivos añadidos. “Hay una explicación que puede parecer estúpida, pero que tiene influencia en el consumo: el clima. El invierno pasado ha sido largo y frío y eso se ha notado en las audiencias”, comenta Arnanz. Y hay “una hipotesis indemostrable”: el desempleo. “Se puede pensar que afecta, pero no hay manera de verificarlo científicamente”.

“Más allá de los cantos de sirena, la televisión no ha muerto. La realidad social y los datos son tozudos. El visionado sigue aumentando de forma directa y también a través de otros dispositivos”, asegura el catedrático de Comunicación Audiovisual Enrique Bustamante, que ha coordinado un estudio sobre los contenidos digitales en la nueva televisión para la revista Telos, editada por la Fundación Telefónica. Que la tele se ve mucho pueden preguntárselo a los aragoneses, que el mismo mes de enero estuvieron pegados a la pantalla 291 minutos al día, y a los andaluces, que llegaron a 276 minutos.

Muchos espectadores han asistido a una eclosión de canales en los últimos meses. Este aumento de la competencia se ha visto acompañada de transformaciones sociales. El presidente de la consultora Corporación Multimedia, Eduardo García Matilla, observa que se han generado también cambios en los hábitos de consumo. “No es lo mismo ver la televisión solo que en familia, en Internet o en el móvil”.

Otra de las causas que explican en parte las altas cotas de consumo es el envejecimiento de la población. Los espectadores de más edad son los más pegados a la televisión y también los más fieles. Son menos propensos a zapear. Esta circunstancia “rompe el mito de target comercial y esa teoría de que hay que hacer programas para jóvenes”, dice García Matilla.

Si Aragón y Andalucía son las comunidades donde más televisión se ve (241 y 240 minutos, respectivamente, de media el año pasado), los ciudadanos de Galicia y Madrid son los que menos tiempo pasan ante el televisor (198 y 207 minutos). Las amas de casa son un grupo social especialmente adepto a la pantalla: le dedicó nada menos que 270 minutos cada día (cuatro horas y media), según los datos de Kantar Media, la empresa que mide las audiencias en España.

Una de las claves de este crecimiento es la gigantesca cascada de contenidos que ha traído consigo la televisión digital terrestre (TDT). Los espectadores tienen a su alcance una oferta como nunca se había visto hasta ahora. Pero la cantidad no se traduce obligatoriamente en diversidad. De hecho, el nuevo sistema tecnológico ha aportado programas clónicos -especialmente tertulias de bajo coste y alto contenido ideológico- o triviales. En muchos casos, los canales satélites de los grandes operadores nacionales sirven para dar una salida al stock que se acumula en sus despensas y a redifundir series eternamente.

Bustamante observa cómo los nuevos canales repiten los macrogéneros de la televisión. “Hay matices por países, pero la TDT reitera los modelos de la televisión convencional con muy poca innovación. Hay falta de innovación y riesgo”, remarca. De hecho, Reino Unido es uno de los pocos países europeos que ha apostado por segmentar a la audiencia y ofrecer contenidos a targets distintos: preescolares, niños, jóvenes, adultos, hombres, mujeres.

La TDT, que prometía en España una televisión “de la abundancia” ha terminado siendo una televisión “de la redundancia”. La diversidad y la pluralidad “es una promesa fallida”, apuntó en el foro de Telos la profesora de Ética y Deontología de la Información, Carmen Fuente Cobo. “La segmentación no se ha concretado de la manera prevista y la segmentación ha funcionado solo para el público infantil y juvenil”, añadió.

Con el apagón analógico han nacido muchos canales de amplio espectro -los llamados generalistas- y un puñado de ofertas temáticas para los más pequeños: Disney Channel, Clan TVE, Antena 3. Neox, Boing. Estos canales son precisamente los que más seguimiento registran. Son los líderes de la TDT, muy por delante de otros con vocación generalista como Veo TV o Intereconomía, pero todavía lejos de las cadenas de primera generación, cono Telecinco, Antena 3 o la pública TVE.

La televisión ocupa la mayor parte del tiempo de ocio de los españoles, aunque poco a poco va ganando terreno Internet. Este fenómeno se da sobre todo en adolescentes y jóvenes pero globalmente, el impacto de la Red “no se ha notado en el consumo de televisión”, recalca Arnanz. De hecho, recuerda que la mayor parte del consumo en Internet son productos de televisión o inducidos por ella: series que se conocen por la tele o derivaciones de programas, como los realitys que se cuelgan en la Red. Internet sirve también para descargar (de manera legal o no) las series estadounidenses de gran tirón. Con todo, Bustamante apunta que “no hay contradicción entre ambos polos -Internet y televisión- sino convergencia y sinergia”. Un ejemplo: el 85% de los contenidos de YouTube procede de las teles.

“Deberíamos haber aprendido de la burbuja de Internet”, precisa en la misma línea Eduardo García Matilla. “Es el momento de la convergencia, la integración, las sinergias y las alianzas. Tenemos que explorar nuevos territorios y ver qué contenidos, para qué tipo de público y con qué soporte publicitario. Está todo por hacer y no hay modelos de referencia”.

Para ello hay que saber cómo consume y qué quiere la gente. El público cada vez se apunta más a los nuevos dispositivos, como los discos duros que permiten grabar los programas y verlos de un tirón sin los incómodos anuncios. En España son todavía un accesorio minoritario, pero en Estados Unidos el 32% de los hogares disfrutan de ellos. Hasta el punto de que el 30% de las series se ven en diferido saltándose la publicidad.

Con el iPlus, el terminal de Digital +, “ya no se ven programas en directo, salvo los deportes”, dice García Matilla. El disco duro permite ver lo que se quiera cuando se quiera y eso implica “un cambio estructural”. Los expertos han bautizado este fenómeno como “la desmasificación de los medios masivos”.

Para zambullirse en tan abrumadora oferta sin salir aturdido son más necesarias que nunca las guías electrónicas de programación, un instrumento que todos los operadores tienen (por ley) que desarrollar. Son fundamentales para seleccionar qué programas ver entre los 9.000 que se pueden elegir en una semana. Estas guías permiten desbrozar los contenidos y de paso planificar con ciertas pautas el ocio de los ciudadanos.

Y es especialmente útil en un contexto tan confuso como el actual. “El escenario audiovisual ha cambiado radicalmente. Solo estamos en el principio de la evolución”, asegura García Matilla. “No sabemos cual va a ser el techo ni el papel de la televisión pública”. Tampoco sabemos la oferta de la TDT en los próximos meses: la mitad del espectro podría ser de pago. Las televisiones se pueden arrendar, pueden emitirse canales de alta definición (HD en sus siglas en inglés) prescindiendo de ancho de banda. Para reducir costes, los operadores de TDT que gestionan un múltiple (con capacidad para cuatro canales) han optado por arrendar sus frecuencias a multinacionales (Sony, Viacom) y así han saltado a la TDT canales como AXN o MTV. Aún más rentable es enfocar estas frecuencias a la teletienda, a los call TV (concursos telefónicos automatizados), al tarot o la quiromancia.

Si se quiere ir a una televisión de calidad no hay otro camino que apostar por la alta definición. Es lo que han hecho países como Francia, Italia o Reino Unido. España es, una vez más, la excepción. Ningún operador privado de TDT ha entrado de lleno en la alta definición. Solo TVE y las autonómicas están explorando esta tecnología, pese a que hoy en día si no se producen en alta definición, los contenidos tienen difícil salida en los mercados internacionales.

El salto del mundo analógico al digital anunciaba también el acceso a la sociedad de la información a través de la TDT. Otra promesa fallida. Los descodificadores que se comercializaron masivamente durante la campaña hacia el apagón (los famosos zapper) no permitían la interactividad. Los sintonizadores de 29 euros traducen la señal (y gracias), pero no permiten entrar en el mundo de la interactividad.

“La televisión no ha servido para eliminar la brecha digital”, se lamenta Eladio Gutiérrez, ex presidente de Impulsa TDT, la entidad constituida para dar el salto tecnológico: “La apuesta por servicios interactivos, como validar la declaración de la renta a través de Internet, no ha funcionado. La tecnología está superada por la realidad”.

Tal proliferación de canales ha provocado una pérdida de la eficacia de la publicidad tradicional. “Los anunciantes están cada vez más inquietos”, dice Eduardo García Matilla mientras recuerda que en 2005, una cadena alcanzaba el liderato en España con el 22,4% de la cuota de pantalla y hoy consigue esa primacía con el 15%. Algunos operadores han experimentado caídas del 30%. Han perdido uno de cada tres seguidores. “Y no hay suelo para esas caídas”, remacha el presidente de Corporación Multimedia. Es entonces cuando más necesaria se presenta la investigación de audiencia. “Ya no se habla de audiencia sino de consumo directo”. En este contexto, la clave serán los contenidos.

La televisión tiene importantes desafíos que afrontar: Los agregadores y distribuidores de Internet, con Google a la cabeza, quieren entrar en el negocio. “La lucha sobre quién controla al usuario final va a ser encarnizada”, augura García Matilla. Todo dependerá de quién posea los contenidos. Incluso la TDT de pago. La experiencia demuestra que lo que funciona es el fútbol -y otros deportes- y el porno. Veremos.

Publicado en el diario El País de España.

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