Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El horror de los “festivales de la ligadura de trompas” de Fujimori

Por SONIA CASAS (Revista Sàpiens)
Traducción del catalán: Hugo Arias V.

“Festival de la ligadura de trompas”, ese era el nombre oficial para los tres días durante los cuales los médicos visitaban un poblado del altiplano andino o la selva amazónica de Perú para convencer a las mujeres de operarse. Había incentivos para sus familias: alimentos, ropa, dinero… e incentivos para los equipos médicos que hicieran el mayor número de intervenciones: un viaje para tres personas a una localidad del país. Pero más allá del chantage económico también había numerosas amenazas y coacciones. Y muchas muertes y daños físicos y morales irreversibles, según revela en esta entrevista Giulia Tamayo, abogada encargada de documentar estos casos.

¿Cómo obligaban a las mujeres a esterilizarse?

Debido al conflicto entre el gobierno y Sendero Luminoso la gente de las zonas rurales vivía aterrorizada. Era fácil atemorizarlas diciéndoles que las detendrían a ellas o a sus maridos.

¿Cuándo pasó todo eso?

Durante el segundo mandato del Presidente Alberto Fujimori. De las 300.000 esterilizaciones contabilizadas entre 1996 y 2000, 250.000 se produjeron durante los dos primeros años.

Una cifra enorme para tan poco tiempo.

Eso demuestra que fue un plan sistemático, políticamente organizado. De hecho, Fujimori quería estar permanentemente informado de la evolución del programa. Para él era una prioridad.

¿En qué sentido?

El creía que los conflictos comienzan con la escasez de recursos que genera el crecimiento demográfico y por eso quería controlar la natalidad. Pero cuando se ven las elevadas cuotas de esterilización impuestas a las comunidades indígenas, pueblos que durante el conflicto armado habían perdido un tercio de la población, es evidente que también había razones eugenésicas.

La filosofía que admite la intervención en la natalidad para mejorar la raza humana.

Sí. Yo diría que Fujimori veía en los indígenas el rostro de su enemigo interno, el potencial enemigo del mañana. Y como la sociedad peruana es intensamente racista y percibe a los indígenas como excedentes sociales, creyó que estas mujeres nunca denunciarían estos hechos o que si lo hacían, nadie las escucharía.

Pero se topó con usted.

Conmigo y con las organizaciones de campesinos de Cusco y Piura, que son las que me hicieron llegar las primeras 243 denuncias. De ahí comencé a viajar a los lugares más remotos para documentar lo que había pasado.

¿Le costó encontrar a las víctimas?

No, fue muy sencillo. Me bastaba con ir a la cantina del pueblo y consultarle a la camarera. De inmediato comenzaba a contar que a ésta le habían hecho esto y que a otra le hicieron aquello y que otra murió… La media de edad rondaba los 30 años.

El relato oficial habla de una mortalidad del 1%.

Yo me encontré con que muchos cadáveres no habían sido contabilizados. A muchas mujeres se les daba un anestésico veterinario o se les hacía volver caminando a sus casas después de la intervención sin darles ni siquiera una pastilla para calmar el dolor. Como padecían de desnutrición, las heridas demoraban en cerrar y se infectaban. También he visto cicatrices que muestran una falta total de respeto por el cuerpo de estas mujeres, como si hubiesen experimentado durante la operación.

Aparte de las evidentes cicatrices sicológicas, me imagino.

Por supuesto. La infertilidad es una deshonra en la sociedad indígena. Algunas fueron abandonadas por sus maridos, que las consideraban “menos mujeres”, otras viven encerradas en su barraca, estigmatizadas por su comunidad. El menosprecio por la salud, la vida y la libertad de estas mujeres ha sido total. Es por eso que el informe lleva el título de “Nada personal”.

Fue publicado en 1999. ¿Qué efectos tuvo?

El informe permitió denunciar el primer caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el de Mamérita Mestanza, de 33 años, que murió después de la operación. Cuando cayó el gobierno de Fujimori, la comisión acogió el caso y cuatro años después el gobierno admitió que se habían violado sus derechos y pagó una indemnización a la familia.

¿Y el resto de los casos?

Son nuestro caballo de batalla. El año pasado la fiscalía los archivó. Fue una decisión judicial vergonzosa tomada para proteger a las autoridades fujimoristas. Presentaron los casos como negligencias médicas y no como un crimen contra los derechos humanos.

¿Y qué se puede hacer ahora?

Estamos esperando que la Comisión Interamericana se pronuncie y por eso es tan importante para nosotros divulgar al máximo estos hechos. También es posible insistir en resolverlo por la vía judicial interna, dentro de Perú, ya que al haberse archivado los casos, legalmente se considera como si no hubiera habido juicio. Y también podemos intentar que actúe la jurisdicción universal, es decir, que algún otro país lo denuncie. Esta es una dirección en la que estamos trabajando.

¿Y que otro país se involucre es fácil o difícil?

Si la Comisión reconoce que hubo una práctica sistemática y que, por lo tanto, se puede considerar un crimen de lesa humanidad, cualquier país podría hacer la denuncia por genocidio o crímenes contra la humanidad.

Pero Perú no es el único país donde se han producido este tipo de prácticas…

No, hay muchísimos: Brasil, Chile, India, México, Pakistán, Indonesia, China, Estados Unidos…

¿Estados Unidos?

Sí, en Puerto Rico, y también en determinadas comunidades afroamericanas. Todo esto, de hecho, comenzó con fuerza en los años 70, con Henry Kissinger en la Casa Blanca. Durante ese período, el gobierno de Washington elaboró informes sobre las amenazas que podían afectar a Estados Unidos y uno de los problemas que se mencionaban era la explosión demográfica en los países pobres. Señalaban diversos países como preocupantes y dentro de la política de seguridad nacional americana quedó incluido el control de la natalidad.

¿Y el resto de los países?

La mayoría lo hizo también durante los años 70 y 80. La característica común es que todos definieron “poblaciones objetivo”, principalmente indígenas. En Chile, los mapuches, en Brasil, las comunidades amazónicas, en México… ¡en México los médicos estaban tan habituados a estas prácticas que fueron contratados por las autoridades de Fujimori para entrenar a los médicos peruanos!

¿Y por qué el caso peruano se podría juzgar si los programas de todos esos otros países han quedado “impunes” judicialmente?

Porque es posterior a la Conferencia de El Cairo de 1994 en la que se declara por primera vez el derecho de las mujeres a tener el control de su fertilidad. Hasta ese momento, no había una regulación internacional en esta materia. De hecho, dos años antes, en la Cumbre de la Terra de Río de Janeiro, se produjeron debates sobre el “modelo poblacionista”.

¿De qué se trata?

Es una teoría que acusa a los vientres de las mujeres pobres de todos los males del planeta, desde el deterioro de la Tierra hasta la proliferación de los conflictos armados.

¿Y eso se debatió en el año 1992 en Río?

Sí, y como consecuencia surgió la Conferencia de El Cairo de 1994, en la cual se deja muy claro que ningún país puede establecer medidas para regular el crecimiento de la población porque va contra los derechos humanos. Por eso el caso de Perú es significativo, porque sucede después de todos estos reconocimientos y queremos hacerlos valer, en este caso, con la sentencia de un tribunal.

Y usted cree que pruebas para aportar son lo que menos les hace falta…

Tenemos testimonios de víctimas, de familiares de víctimas, de los equipos médicos y del personal sanitario que participó en las operaciones y que ahora están dispuestos a testificar e incluso arriesgar su vida profesional. Y para terminar de abrochar el caso, tenemos documentos del gobierno que lo ratifican todo, porque con la caída del régimen de Fujimori se pudo acceder a los archivos oficiales en los que hemos encontrado un gran número de evidencias de que fue un programa perfectamente planificado.

Publicado en la revista Sàpiens de Cataluña.

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2 Responses

  1. […] swfobject.embedSWF("http://www.youtube.com/v/cfvWQPthStM&rel=0&fs=1&showsearch=0&showinfo=0", "vvq-26809-youtube-1", "480", "360", "10", vvqexpressinstall, vvqflashvars, vvqparams, vvqattributes); El Fraude Electoral no está muy lejos de la realidad en el Perú (0.637)Fujimoristas y el Grupo el Comercio, ponen a Bayly en América Televisión (0.501)Carlos Raffo:"Keiko liberará a Alberto Fujimori de la cárcel" (0.488)Geishas fujimoristas regresan apoyando indulto al Grupo Colina (0.486)Ollanta Humala, afirmó que fujimoristas son responsables de las violaciones a los derechos humanos (0.458)Reimond Manco paso de "Bataclanero a Pedro" al negar relación con chibola inmadura (RANDOM – 0.002) […]

  2. […] la segunda mitad de la década de los noventa se realizaron en Perú unas 300.000 esterilizaciones como parte de un programa gubernamental que recibió financiación de la co…. El pasado 21 de octubre la Fiscalía peruana reabrió la investigación sobre estos hechos, según […]

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