Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Un tituar indecente

Por HUGO ARIAS V.

Disparé temprano por Twitter contra el titular del Diario Financiero y a poco andar la maldita bendición de las redes sociales me ha obligado a hacerme cargo de mis palabras. Lo que dije, por cierto, es que, aunque los datos sean ciertos, el título principal del citado periódico me parecía IN-DE-CEN-TE (buscar en la RAE para que entendamos todos lo mismo). El titular es el siguiente: “Accidentes laborales en Chile caen 30% durante los últimos ocho años”.

He testeado el asunto durante la mañana con chilenos que no tienen la gracia de ser periodistas y la verdad a todos les cae como patada en la guata que esa sea la noticia principal de un diario (más aún uno especializado en economía y negocios) justo en estos días en que el foco de nuestras preocupaciones ha sido la seguridad de los trabajadores y cuánto hacen o dejan de hacer los empresarios por ella. Incluso los no iniciados en el periodismo captan que algo no encaja entre la realidad de estos días y el titular en comento. Y no es que los datos sobre los que se construye la noticia estén errados o que no aporten a la discusión más general. Nada de eso.

Permítanme exponerlo de la siguiente manera: Nadie discute a estas alturas de la historia que la aviación debe ser uno de los medios de transporte más seguros del planeta (habrá toneladas de estadísticas y comparaciones para respaldar este juicio), sin embargo, dudo que alguien pudiera concebir la idea de titular con esta “verdad” en medio de la agitación por un accidente como, por tomar un caso real, el de AeroPerú de mediados de los 90. A menos, claro, que se intente salvaguardar el negocio de las aerolíneas, convenciendo a los pasajeros temerosos de volver a abordar un avión.

Lo triste respecto del título del Diario Financiero es que una mente medianamente alerta no tarda en intuir (con razón o no, eso ya poco importa) que detrás de la noticia está la intención de manipular el debate, de emprender una defensa corporativa e ideológica de las empresas, y de hacerlo casi con descaro, aprovechando que la “tragedia” se transformó en “milagro”; a sabiendas, por cierto, que la discusión se viene dura en relación con las condiciones de trabajo de millones de chilenos. Y justamente hoy el presidente de la CPC, Rafael Guilisasti, advertía que el caso de la mina San José no justifica ni defensas corporativas ni juicios a la bandada.

Y no se trata de ser ingenuos. Perdidos están todos los que alguna vez han creído o nos han querido hacer creer que el oficio de periodista consiste simplemente en transmitir información “objetiva” y que nada tienen que ver en el “negocio” ni la línea editorial de los medios, ni el punto de vista del reportero, ni la jerarquía de presentación, ni la narrativa, ni ninguna otra cosa. No comparto tampoco la idea de que la tarea del periodista no importa ninguna responsabilidad respecto de qué se publica, cómo se publica y cuándo se publica. Todas estas dimensiones juegan su papel en el mundo de las comunicaciones y hay que entenderlas en su justa medida. Por lo mismo, es legítimo que un diario defina un punto de vista para abordar distintos temas y que, acorde con ello, seleccione y jerarquice sus noticias. Pero siempre en el plano de la transparencia, de la decencia y del “juego limpio” (si se quiere poner en términos futboleros), sin intentar pasar goles de media cancha, y con argumentos realmente sólidos.

El caso con el Diario Financiero de hoy es que basta escarbar un poquito más en las cifras que entrega para ver que, como reconoce el propio subsecretario de Previsión en el mismo medio, “la baja en el promedio esconde realidades muy distintas entre sectores”. Y lo cierto es que jugar, sobre todo periodísticamente, con las realidades que se ocultan tras un promedio no es decente. Tampoco lo es no explicar a los lectores que en una economía que se desarrolla y donde los servicios toman cada vez mayor relevancia es esperable que la tasa de accidentes caiga. Pero es más grave aún no dar cuenta que en los inicios del siglo XXI asegurar mejores “condiciones laborales” no se agota con la reducción de los accidentes o de las muertes en faenas que de por sí son peligrosas. Es cosa de darse una vuelta por la realidad de los vendedores de malls y grandes multitiendas, de los operadores de call centers y de otras varias empresas de servicios para entenderlo rápidamente.

Si después de todas estas consideraciones periodísticas su línea editorial sigue marcando el rumbo de un mercado laboral con pocas regulaciones, bueno, es su derecho y viva la democracia y el pluralismo para que pueda ejercerlo.

Publicado en el sitio http://www.ojodelmedio.cl/ (25.08.2010)

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