Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

¿Quién quiere acabar con la neutralidad en la Red?

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Por ROSA JIMÉNEZ CANO (El País)

¿Qué pensaría si, al abrir el grifo, el agua llegase a su vecino antes que a usted? ¿Y si al encender el televisor quien pagase una cuota extra pudiera ver antes los goles de un partido? O mejor aún, ¿y si la red eléctrica diera preferencia a unos electrodomésticos frente a otros, de modo que decidiera que la tostadora tiene prioridad frente al secador de pelo o el microondas? Suena poco lógico, pero podría darse en la web.

La esencia de Internet, desde su nacimiento, ha sido la igualdad entre los datos. La Red los transporta en paquetes de bits. Van de nodo en nodo hasta llegar a su destino. Desde que se hace clic en la pantalla hasta que aparece el contenido deseado, los elementos que componen ese resultado se distribuyen por la Red de manera equitativa. La infraestructura no sabe qué tipo de contenido está trasladando. Todos son, y deben ser según esta teoría, iguales.

Es cierto que una persona puede contratar una línea diferente, de 3 megas o 10, por ejemplo. Pero eso no es una ventaja competitiva. Siguiendo el símil del grifo, tendrá tuberías con más caudal pero el chorro no le llegará antes que al resto. O al menos no debería tener prioridad en la cola de espera de los contenidos. Simplemente, le cargarán más rápido porque tendrá más ancho de banda.

La clave de la neutralidad de la Red consiste en que se mantenga la garantía de igualdad en el acceso al contenido, sin importar qué contenido sea, qué servicio se use para gestionar los datos o qué dispositivo con conexión haga la petición.

Durante los últimos 20 años, se ha conseguido evitar la creación de un acceso a Internet de primera y segunda clase. Enrique Dans, profesor en el Instituto de Empresa y autor de uno de los blogs de referencia en el mundo de la tecnología y los negocios, describía la neutralidad en la Red como “el hecho de que un bit debe seguir siendo igual a otro bit, venga de donde venga y lo emita quien lo emita”. Algo parecido confirmaba Vinton Cerf, uno de los padres de la red de redes y evangelista tecnológico, en una entrevista con este periódico: “Los proveedores de servicios tienen que entender que no deben privilegiar a un servicio u otro. Cada bit de información tiene que tener el mismo trato”. Tim Berners Lee, creador del lenguaje HTML -el usado para la creación de páginas web- se pronunció en la misma línea en 2006: “La comunicación neutral es algo básico en nuestra sociedad, base de un mercado competitivo justo y de una sociedad democrática. Protejamos la neutralidad de la Red”.

Los dos personajes que definieron Internet como hoy se conoce, ambos premios Príncipe de Asturias, se mantienen firmes en su postura. No quieren que su criatura se convierta en un lugar de privilegios y exclusión.

Los colectivos de activismo en la Red han sabido moverse para crear conciencia entre la clase política. En Europa hay preocupación por mantener una postura común. Hasta ahora se han dado debates y conversaciones, pero nunca una respuesta firme para preservar la neutralidad en la Red.

La comisaria europea de Sociedad de la Información, Neelie Kroes, abrió una consulta pública sobre la neutralidad de la Red que se puede consultar en la web y está abierta a la participación hasta el 30 de septiembre. Está previsto que antes de que termine el año haya una directriz que una a todos los países de la Unión Europea.

De forma aislada, solo Finlandia ha declarado el derecho teórico a acceder a la Red de todos sus ciudadanos, al declarar la banda ancha un derecho. En Francia se da el caso contrario. En marzo de 2009, en pleno debate de la ley Hadopi, conocida como de los tres avisos por ser así cómo se procede antes de cancelar la conexión al usuario, la ministra de Cultura, Christine Albanel, declaró que “el acceso a Internet no es un derecho fundamental”.

En noviembre de 2007, un año antes de ganar las elecciones, Barack Obama pronunció un discurso en la sede de Google, en Mountain View (California). Se comprometía a hacer de la Red un lugar de libertad y reafirmaba su compromiso “para que unas aplicaciones o servicios no tuvieran prioridad sobre otros”.

El único precedente de preservación de neutralidad de la Red es el de Chile. El pasado 13 de julio, después de una gran campaña en blogs, Twitter, redes sociales y foros, se consiguió que la medida se aprobase en el Congreso. La consigna era sencilla: “Todos los bits fueron creados iguales”. Noventa y nueve votos a favor, ninguno en contra y una sola abstención aprobaron medidas entre las que se incluye la prohibición de discriminación entre usuarios o la imposibilidad de la persecución de contenidos. Además, se impide explícitamente el bloqueo de acceso a Internet de usuarios o empresas.

En Estados Unidos es la FCC (Comisión Federal de Telecomunicaciones) la que crea el marco para legislar el espectro radioeléctrico y las comunicaciones electrónicas. En el verano de 2008 creó un precedente al castigar a Comcast -un operador de cable- por bloquear el acceso a varios usuarios que descargaban contenidos. Desde entonces, la FCC se comprometió a obligar a los proveedores de servicios a garantizar a sus usuarios un acceso abierto a Internet. Sin embargo, las operadoras de telefonía móvil de Estados Unidos AT&T, Verizon, Sprint y T-Mobile están ejerciendo presión para que la normativa permita nuevos servicios de pago en los teléfonos avanzados.

Si tanto ciudadanía como expertos y políticos tienen tan claro que esto debe ser así, ¿quiénes son los que promueven que este pacto para el funcionamiento de la Red deje de ser así?

Los proveedores de acceso son los más interesados en que se vulnere este acuerdo. Un intento, aunque solo fueron declaraciones, sucedió en 2006, cuando Cisco y Motorola propusieron instituir tarifas de diferente categoría: platino, oro, plata y bronce, según las necesidades de cada cliente. Las compañías argumentaban que se trataba de adaptar mejor el acceso según el tipo de usuario, pero no se concretaba un ancho de banda sino una prioridad a la hora del acceso.

El debate se ha abierto también con los servicios de voz sobre IP, como Skype. Si se acabase con la neutralidad de la Red, los proveedores de conexión podrían evitar el acceso a este servicio si lo creyesen oportuno. O a la descarga de contenidos por P2P, caballo de batalla de las entidades de gestión de derechos de autor y de los proveedores de conexión. Son muchos los internautas que se quejan de una bajada considerable de la velocidad de conexión cuando usan estos servicios. Algo que no aparece en ningún contrato de ADSL. Se paga por una conexión, pero el operador no debe fiscalizar qué se hace con ella.

César Alierta, presidente de Telefónica, destapó la caja de los truenos en febrero. En un coloquio en Bilbao insistía en que las redes pertenecen a los operadores, no a los que dan servicios y contenidos en las mismas: “Los buscadores de Internet utilizan nuestras redes sin pagarnos nada, lo que es una suerte para ellos y una desgracia para nosotros, pero eso no va a poder seguir, es evidente. Es decir, las redes las ponemos nosotros, los sistemas los hacemos nosotros, el servicio posventa lo hacemos nosotros, el servicio de instalación lo hacemos nosotros… Lo hacemos todo”.

Mucho más desapercibida pasó una conferencia de José Luis Gamo, director de Marketing y Estrategia de Telefónica Empresas, titulada Net neutrality: diez mitos, una pregunta y una posdata. En la misma desmontaba los argumentos a favor de la neutralidad para mejorar las reglas de competencia del mercado y el desarrollo de la tecnología.

Vodafone comercializa varias tarifas para conectarse a Internet desde el móvil. La más barata permite navegar en la pantalla del teléfono. Las dos más caras incluyen el servicio tethering (uso del teléfono como módem: sirve para usar el ordenador y conseguir la conexión a través del teléfono). Solo la de 39,90 euros permite llamadas de Voz Sobre IP. Ahí precisamente surgen las dudas: ¿por qué no se asegura el caudal suficiente en todas las tarifas y el acceso por IP?

La pasada semana, The New York Times filtró una reunión entre Verizon (operadora de telefonía móvil) y Google en la que se barajaba la posibilidad de un acuerdo entre ambas compañías para privilegiar el acceso a algunos contenidos y servicios de Google. Tendría su lógica, pues YouTube (propiedad de Google) gestiona gran cantidad de datos. Ambas compañías se apresuraron a desmentirlo.

De alguna manera la puerta ya está abierta. Los usuarios se han adaptado a vivir en mundos cerrados en los que se sienten cómodos. Un ejemplo sería Facebook; otro, las aplicaciones del iPad y el iPhone. Ante el miedo a virus, programas malignos o robo inesperado de archivos, los usuarios de Internet desde el móvil han adquirido la rutina de hacer un pequeño pago a cambio de un servicio. Virginia Hefferman lamentaba esta situación en The New York Times. En un artículo titulado La muerte de la Red abierta se expresaba con una metáfora: “Veo que la gente huyó de las ciudades, y veo por qué están huyendo de la web abierta. Pero creo que pueden, también, un día lamentarlo”.

Con el debate abierto, son los políticos los que tienen que decidir a quién sirven, empresas de telecomunicación o ciudadanos.

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Una pésima idea

Por J. F. ALCÁNTARA y D. DE UGARTE

La neutralidad en una red significa que ningún nodo es más importante que otro, que ningún nodo puede censurar ni privilegiar tus conexiones, ninguna voz tiene el poder de silenciar a los que opinan diferente ni de favorecer los contenidos de los dueños de la infraestructura. Es la neutralidad de la Red, la característica fundamental de Internet, la que ha convertido a la web en el catalizador de la innovación y la tierra prometida de los emprendedores. Si Internet ha sido el gran territorio social de la abundancia y la libertad desde hace ya dos décadas, ha sido gracias a su carácter neutral.

Las implicaciones que sobre la libertad de comunicación tendría la eliminación de esta libre interconexión son drásticas: la Internet a la que acudimos cada día en busca de noticias es diversa. Y por eso la usamos. Pero es diversa porque es neutra, y no hay diversidad sin neutralidad. No existe riqueza de información. Ni libertad de comunicación sin neutralidad.

Desde hace años, la neutralidad de la Red se ha visto amenazada por el interés de las operadoras de telefonía en segmentar las facturas de sus usuarios. Desde 1998 a 2009, el tráfico de datos pasó de ser una pequeña parte del volumen a suponer más del 50% del total. Sin embargo, las operadoras siguen obteniendo la mayor parte de sus beneficios de las llamadas de voz convencionales. Tienen que remodelar su modelo de negocio. Y acabar con la neutralidad parece la solución más fácil, la menos imaginativa. Lástima que sea también la más contraproducente.

Los operadores desearían que la tarifa plana deje de serlo. Si lo consiguen, para acceder a un servicio por Internet habría que pagar una cuota adicional a la suscripción mensual básica. Es decir, tras pagar los ya nada despreciables 40 euros que ahora supone nuestra tarifa plana, tendríamos que pagar una suscripción adicional para acceder a cada sitio web diferente como YouTube, Gmail, Facebook, o incluso nuestro propio blog o página personal.

Eliminar la neutralidad de la Red es convertir Internet en la auténtica Televisión 2.0, donde nada sería publicable si no es previamente aceptado por las operadoras. El milagro de Internet son las miles de pequeñas empresas que han surgido y crecido al amparo de la neutralidad de la Red, y que no podrían competir en igualdad con las grandes corporaciones, que negociarían con los operadores condiciones generales de acceso a sus servicios.

El sueño de nuevos googles o facebooks en EE UU o de nuevos tuentis e idealistas en España se tornaría en nostálgicos recuerdos en un tiempo donde los operadores de telefonía excluirían a los servicios de la tarificación normal a partir de ciertos volúmenes de tráfico. Eso sí, las compañías telefónicas verían hecho realidad su gran sueño: cobrar dos veces (una al proveedor y otra al usuario) por el mismo servicio: servir una conexión de Internet.

Bajo la excusa de permitir la negociación bilateral entre los operadores y los prestadores de servicios a través de Internet, lo que se pretende es limitar la competencia a aquellos jugadores con mayor músculo financiero.

Eliminar la neutralidad de la Red no supondría mayor libertad de mercado, al contrario, destruiría el mercado competitivo y meritocrático que es la Red hoy. Es cierto que es una limitación para las operadoras, pero solo para el ejercicio de un poder monopolista. Por otro lado, la lucha por la neutralidad de la Red, que durante años ha sido respaldada en los tribunales, tiene uno de sus mayores retos en la llegada de Internet al móvil, donde la cultura de pago segmentado está mucho más enraizada. Esta llegada a la inversa (no es Internet que conquista al móvil, es el móvil el que conquista Internet) está personificada en las tiendas de aplicaciones para móviles, que suponen dejar de lado la abundancia y diversidad creadora de la web para pasar a canales de consumo absolutamente cerrados.

Esta nueva visión de Internet como un ámbito donde la diversidad está limitada, donde la formación de monopolios de comunicación se ve favorecida y la libre competencia reservada para solo unos pocos poderosos, es el verdadero peligro para la neutralidad de la Red en los próximos años.

Desde los oligopolios establecidos (grandes empresas de Internet y proveedores de acceso) no faltarán apoyos y justificaciones, a menudo falaces, a esta peligrosa revisión de Internet. Por eso es tan importante apoyar decididamente a los que apuestan y reclaman una Red neutra. Solo la neutralidad nos garantiza las libertades y el entorno mínimo necesario para que exista el tipo de competencia que nos encamina hacia la innovación. Perderla es algo que no nos podemos permitir. Mucho menos en tiempos como estos, en que todo lo que nos aparte —siquiera mínimamente— de la innovación es una pésima idea.


José F. Alcántara y David de Ugarte son socios consultores del Grupo Cooperativo de las Indias y autores de los libros La Sociedad de Control y El poder de las redes.

Publicado en el diario El País de España.

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