Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

La fe en el poder mágico de bajar impuestos

Por PAUL KRUGMAN (Clarín)

Esta semana, los líderes del partido republicano en el Senado dejaron de fingir que les preocupan los déficits y afirmaron de manera explícita que, si bien no pueden permitirse ayudar a los desocupados ni evitar los despidos masivos de maestros, el costo no es algo a tener cuenta cuando se trata de reducirles impuestos a los ricos. Ésa es una razón –entre otras– por la que se deben temer las consecuencias si al partido le va en noviembre tan bien como espera.

Durante un tiempo, los republicanos fingieron ser acérrimos enemigos del déficit nacional. Hace dos semanas, el senador Saxby Chambliss dijo que la deuda gubernamental es “una de las amenazas más peligrosas que enfrentan hoy los Estados Unidos”. El lunes, sin embargo, le hicieron a Jon Kyl de Arizona, el segundo en la jerarquía republicana en el Senado, la pregunta obvia: si los déficits son tan preocupantes, ¿qué pasa con el costo presupuestario de extender las reducciones de impuestos de Bush para los ricos? (…) Su respuesta fue sobrecogedora: “Hay que compensar el costo del aumento del gasto. Eso es a lo que se oponen los republicanos. Pero nunca habría que compensar el costo de una decisión deliberada de reducirles los impuestos a los estadounidenses.” Así, 30.000 millones de dólares de ayuda a los desempleados es algo que no podemos permitirnos, pero veinte veces esa suma en reducciones de impuestos para los ricos no tiene importancia (…).

Pero aquí la verdadera noticia es la confirmación de que los republicanos siguen empeñado en profundizar el vudú, la afirmación de que la reducción de impuestos en realidad aumenta los ingresos . No es cierto, por supuesto. Ronald Reagan dijo que sus reducciones de impuestos disminuirán los déficits, después de lo cual fue responsable de la casi triplicación del déficit nacional. Cuando Bill Clinton aumentó los impuestos a los ingresos más altos, los conservadores vaticinaron un desastre económico. Lo que se produjo, en cambio, fue un auge económico y un notable desplazamiento del déficit al superávit presupuestario. Luego llegaron las reducciones de impuestos de Bush, que contribuyeron a convertir ese superávit en un persistente déficit, incluso antes de la crisis.

Pero aquí estamos hablando de economía de vudú, de modo que tal vez no sea una sorpresa que la creencia en los poderes mágicos de las reducciones de impuestos es una doctrina zombie . No importa cuántas veces se lo mate con la realidad, siempre vuelve.

Publicado en el diario Clarín de Argentina.

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