Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

La dorada lámpara de la migración

Por CARLOS FUENTES (El País)

Para muchos ciudadanos de Estados Unidos, la historia nacional comienza con el desembarco del Mayflower por los puritanos ingleses en 1620. No obstante, desde 1587 Walter Raleigh había fundado la colonia de Roanoke y en 1607 los ingleses se establecieron en Jamestown, Virginia. Cada país decide dónde y cuándo empieza su historia y la de lo que hoy es Estados Unidos de América suele iniciarse con las primeras colonias inglesas.

Esto, a pesar de la presencia milenaria de los pueblos originales del continente: cheyenes, pies negros, chipewas, sioux, los iroquois, los navajos y los seminolas, para solo mencionar a unos cuantos. Y si hay una historia del norte anterior a los ingleses, hay otra posterior a ellos. La negritud africana, llegada en cadenas y las migraciones más recientes de alemanes, escandinavos, italianos, irlandeses, polacos y rusos. Pasaron bajo la mirada de la Estatua de la Libertad en la Bahía de Nueva York, regalo de Francia, inaugurada en 1886 y famosa por su inscripción generosa: “Vengan las masas que ansían la libertad… Vengan los que no tienen techo… Levanto mi lámpara en esta dorada puerta”. Por la puerta del Pacífico llegaron también los migrantes asiáticos. Todos han construido Estados Unidos.

Pero hay otra historia de Norteamérica y la protagonizan los hispanoparlantes. Muchos entre ellos viven en Norteamérica desde la época colonial, como lo indican los nombres de Albuquerque, San Francisco, Los Ángeles. Otros fueron ciudadanos de la república mexicana hasta 1837- 1848. Otros más llegaron más tarde al territorio de Estados Unidos. Son los trabajadores migratorios, la inmensa mayoría de origen mexicano.

De tarde en tarde, la presencia del trabajador migratorio es objeto de denuncia y persecución. En 1994, el gobernador de California, Pete Wilson, se lució con la Proposición 187 negándole al trabajador indocumentado servicios médicos, educación y trabajo. Clásico bumerán: el trabajador mexicano en California paga 30.000 millones de dólares más en impuestos de lo que recibe en servicios. Las tres cuartas partes de la riqueza agrícola del Estado es cosechada por migrantes y California es el tercer Estado agrícola del país.

El gobernador Gray Davis, sucesor de Wilson, admitió que sin el trabajo mexicano habría escasez, inflación y precios altos en Estados Unidos.. Ello no bastó para que, una y otra vez, se propusiesen medidas discriminatorias y de fuerza. Notablemente, la iniciativa de ley Sensenbrenner de 2005 criminaliza la migración indocumentada, autoriza a la fuerza local para imponer la legislación antimigratoria y ordena la construcción de una cerca fronteriza de 700 millas.En oposición a la ley Sensenbrenner, los senadores Edward Kennedy, demócrata de Massachusetts, y John McCain, republicano de Arizona, ofrecieron la mejor iniciativa hasta ese momento (2005). Seguridad fronteriza y cumplimiento de las leyes migratorias. Eliminar los retrasos en el plan de reunificación familiar. Un nuevo programa de visas. Tres años iniciales de trabajo seguidos de libre circulación fronteriza, reunión de familias y al cabo, residencia permanente. La iniciativa Kennedy-McCain no menciona la cerca fronteriza.

Me detengo en la iniciativa Kennedy-McCain porque, hasta la fecha, ha sido la mejor. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Murió el senador Kennedy, valiente y constante defensor tanto de la ley como de los derechos del trabajador. El senador McCain fue candidato derrotado a la presidencia de la república en 2008. En vez de recurrir al elector independiente que había sido su base política, se fue a la conquista de la extrema derecha escogiendo a Sarah Palin, la salvaje gobernadora de Alaska, como cocandidato. McCain ya no regresó de la tierra de nadie. Su lastimosa campaña en Arizona ha consistido en renegar del proyecto elaborado con Kennedy y asociarse al movimiento antimigratorio.

Es precisamente en Arizona donde la más reciente campaña antimigratoria se ha manifestado con caracteres racistas extremos. La ley autoriza a la policía a detener a individuos por simple sospecha o apariencia física. Criminaliza el ofrecimiento de transporte a inmigrantes “ilegales” (¿cómo saberlo?) y a trabajadores indocumentados, que suman medio millón de personas. Las autoridades políticas y policiales de Arizona se han abocado, con saña, a aplicar medidas contra los migrantes.

O sea: se repite el caso de la California del gobernador Wilson y de él se derivan dos lecciones. La primera es que la elite de raza blanca y WASP (blancos anglosajones protestantes) se siente obligada a manifestarse con intolerancia y con miedo. Todo indica que en los próximos 40 años, Estados Unidos dejará de ser una nación WASP para ser, como la mayoría de las naciones, un país mestizo. El advenimiento del mestizaje como norma y no excepción, no excluye a Estados Unidos, y ello provoca reacciones tan febriles como las de Arizona.

La segunda es que la legislación en materia migratoria es de competencia federal. O sea, que los Estados de la Unión legislan en esta materia de manera solapada, en ausencia de normas federales y usurpando facultades.

De allí la importancia del mensaje del presidente Barack Obama hace unos días, recordando que “los inmigrantes han ayudado siempre a construir y defender” Estados Unidos. “Ser americano”, añadió el presidente, “no es asunto de sangre o de nacimiento; es asunto de fidelidad compartida a las ideas y a los valores” de la nación norteamericana.

A partir de esta exacta y tajante valoración, Obama abre el camino para la legalización de los trabajadores migratorios, respetando sus derechos humanos y favoreciendo la prosperidad de Estados Unidos. La presencia de los ilegales, añadió el presidente, es imprescindible y deportarlos no es posible. Descendencia, puestos de trabajo, integración social, pago de impuestos… Todo ello los arraiga. Lo que se requiere es una nueva ley: reglas para la legalización, aceptación de una fuerza de trabajo más joven, mejor adaptación de Estados Unidos al fenómeno globalizador y ventajas para la economía.

Estados Unidos, explicó Obama, “tiene derecho a imponer sus propias leyes de residencia y ciudadanía”. La migración ilegal tiene obligación de regularizarse. La migración, al mismo tiempo, favorece la inserción de Estados Unidos en una nueva economía internacional que al globalizar al trabajo, acabará por eliminar las barreras al trabajo.

En la economía global, añado, circulan libremente los valores y las cosas, pero no los trabajadores. La iniciativa de Obama es un paso importante en la dirección de incorporar el trabajo a la globalidad.

Publicado en el diario El País de España.

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