Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

"Cerrado por fútbol"

Por RAQUEL GARZÓN (El País)

Eduardo Galeano se atrinchera en su hogar de Montevideo para ver “el juego bien jugado” del Mundial.

Nada en esta casa es inocente. “Todas estas son cosas queridas porque tienen vida vivida”, dice Eduardo Galeano, mientras señala una de las muchas cerámicas mexicanas de Ocumichu que atesora (“hechas por mujeres tristes, golpeadas por sus maridos; mujeres aporreadas que sin embargo hacen un arte de la pura libertad, muy sexual, con gran capacidad de alegría”) o destaca una Maternidad en mármol blanco: “La primera escultura de Ernesto Cardenal”.

Cartografía vivencial y literaria, este es el espacio donde el autor de Memoria del fuego, montevideano nacido en 1940 y ciudadano ilustre del Mercosur, vive desde que se jubiló del exilio en 1985. Y también, el mapa donde el padre de Las venas abiertas de América Latina disfruta la reedición íntegra de su obra, premiada en distintos idiomas, que está haciendo Siglo XXI en Argentina. En ella, Galeano se propuso contar retazos de la historia “desde el punto de vista de los que no han salido en la foto”.

“Estoy comprometido con la pasión humana y con la certeza de que somos mucho más que lo que nos han dicho que somos. Eso genera amores y odios. Eso me vincula continuamente con las causas que entiendo justas. La voluntad de recuperar la memoria de las mujeres, de los negros, de los humillados, de las civilizaciones no escuchadas: la India, la China…”, precisa mientras compartimos un café en su escritorio, rodeados de cuadros, grabados y cerdos de distintos tamaños y hechuras (“toda mi vida he coleccionado chanchitos; será porque es un animal de destino triste que no tiene prestigio mítico ni histórico”).

Caminante gustoso y metódico, abuelo de cinco nietos y padre de cuatro hijos, conversador artesanal y narrador a fuego lento (“corrijo cada página 20, 25 veces, soy maniático de la perfección y publico un libro cada 4 o 5 años”), Galeano asume la aventura de escribir con el asombro de “un niño perpetuo”. “La libertad ha marcado mi literatura. La mayor parte de lo que he escrito tiene asiento en lo real, pero la realidad tiene mucho misterio. Realista es también quien es capaz de contar la realidad que necesita”.

De su apuesta por la pasión al deporte hay un paso y un anticipo de lo que será para el autor de El fútbol a sol y sombra Sudáfrica 2010: “Ni pálpitos ni cábalas. Cada vez me importa menos qué camiseta tienen los jugadores que me brindan la alegría del juego bien jugado. Eso sí, mi mujer, Helena, y yo estamos muy atareados. Desde que estamos juntos en la vida, hace 34 años, el primer día de cada Mundial colgamos en la puerta de entrada un cartel hecho por nosotros mismos que dice ‘cerrado por fútbol’ y no lo quitamos hasta que hay campeón”.

Publicado en el diario El País de España.

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