Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

China se lanza a la minería submarina


Por MALEN RUIZ DE ELVIRA (El País)

Ya se pueden explorar los yacimientos ricos en metales preciosos que rodean las chimeneas hidrotermales en el fondo del mar, y China se ha adelantado a pedir el primer permiso para hacerlo. Quiere explorar en la zona suroeste del océano Índico y con su petición se reserva los futuros derechos de explotación de la concesión, cuando la comunidad internacional lo permita. Tras más de seis años de discusión, la Autoridad Internacional para los Fondos Marinos (AIFM), ligada a la ONU, aprobó en mayo, en Jamaica, el segundo reglamento del código minero para explorar La Zona, como se denomina el inmenso fondo marino fuera de las jurisdicciones nacionales. Es el reglamento para la prospección y exploración de sulfuros polimetálicos (ricos en oro, plata, cobre, cinc y otros elementos, como las tierras raras), que se acumulan alrededor de las chimeneas, las cuales albergan también extrañas formas de vida, desconocidas hasta hace pocas décadas.

En los fondos oceánicos, que suponen dos terceras partes de la superficie terrestre, están, totalmente inalterados, depósitos minerales que contienen la misma proporción aproximada de los 103 elementos químicos conocidos, entre ellos metales de interés económico cuya demanda ha subido mucho en los últimos años.

Al día siguiente de la aprobación del segundo reglamento, China, que había bloqueado en solitario el proceso durante años, alegando que no existían conocimientos científicos suficientes para regular y poder valorar las posibles implicaciones medioambientales, presentó la petición, explica Jesús Silva, embajador de España en Jamaica. Silva, como representante español ante la AIFM, fue el presidente de la asamblea en la que se aprobó el reglamento y ha sido el primer español que ha presidido una reunión anual de este organismo.

Para Silva, la acción china es una prueba evidente de los intereses que están en juego y de la carrera que empieza entre los principales países industriales por hacerse con estratégicos derechos económicos.

Las nuevas normas ven la luz verde 10 años después de las primeras, relativas a los campos de nódulos polimetálicos (con aspecto de cantos rodados en amplias zonas muy profundas del fondo oceánico), que ya están explorando ocho contratistas en el Pacífico y el Índico, y antes de las relativas al tercer tipo de yacimientos, identificados como de interés económico por los expertos: las cortezas de ferromanganeso ricas en cobalto.

“Los trabajos para el reglamento de las cortezas empezaron antes que los de los sulfuros, pero estos últimos provocan mayor interés y por eso se ha completado el proceso antes”, explica desde Santo Domingo Eusebio Lopera, miembro de la Comisión Jurídico Técnica de la AIFM.

Los dos reglamentos ya aprobados, aunque parecidos, no son idénticos, debido a la distinta naturaleza geológica y medioambiental de ambos tipos de yacimientos. “Las diferencias principales están en la superficie de los permisos de exploración, la cuantía económica por derechos de tramitación y la forma de cesión de áreas”, señala Lopera.

Para los nódulos polimetálicos, la superficie máxima es de 150.000 kilómetros cuadrados, mientras que para los sulfuros polimetálicos es mucho más pequeña, 10.000 kilómetros cuadrados (equivalente a 100 bloques de 100 kilómetros cuadrados).

Además, los solicitantes de permisos de exploración deben pagar 250.000 euros a la autoridad en el caso de los nódulos, y el doble en el caso de los sulfuros. Sin embargo, en este último caso se puede fraccionar el pago y, si se decide renunciar a la concesión, parte se ahorra.

Un punto importante en ambos reglamentos, señala Lopera, es la duración de los contratos: “Son de 15 años y pueden prorrogarse por periodos de cinco años, si así lo pide el contratista y lo aprueba la autoridad”.

En todo caso, son reglamentos no cerrados, que se cambiarán si es necesario, mientras se mantiene en estudio permanente el aspecto medioambiental, tan delicado. Pero no hace falta correr, señala Lopera, porque la tecnología no está todavía a punto.

La profundidad de trabajo es un gran problema, como se ha visto en el escape de petróleo en el golfo de México, y, aunque los sulfuros están a menor profundidad (los hay a 1.500 metros) que los nódulos (entre 3.000 y 5.000 metros), “lo que hace falta es aumentar el conocimiento, todavía queda mucho para la explotación”, señala este geólogo. Por ejemplo, explica, en aguas españolas del golfo de Cádiz hay chimeneas a menor profundidad, pero no son interesantes económicamente, porque son menos ricas en metales.

Publicado en el diario El País de España.

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