Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Grecia, desconfianza y desolación


Por JUAN CARLOS ALGAÑARAZ (Clarín)

“Quieren destruirnos. Estamos haciendo lo que podemos pero cada día que pasa aumenta la rabia y también la depresión. Nos han puesto una inmensa losa encima de la cabeza a todos los griegos. La vamos a pasar muy mal sin saber por cuánto tiempo. ¿Diez años, quince? Ya no le creemos al gobierno ni a los partidos. Estamos desesperados porque estas medidas son una condena de muerte a nuestra vida y también de nuestra dignidad. Nos tratan como a esclavos, como a mendigos”.

Resuenan ecos del “que se vayan todos” argentino en la plaza Sintagma, el histórico centro de las protestas y los enfrentamientos civiles en este país que tiene una historia atormentada por una sangrienta y dilatada guerra civil, Ioanis V. (es un empleado público y no quiere “todavía más problemas” dando su nombre) ya está instalado en los 60 y está rodeado de amigos de su misma edad.

“Hemos participado en todas las protestas. Vinimos hoy (por ayer) por si había algo pero ya no pasa nada. Creo que la gente está muy desalentada. Muchos seguimos creyendo que todo esto es profundamente injusto, que estamos pagando caro por algo de lo que no somos responsables directos. Mucha gente se da cuenta de que no hay alternativas a los planes de hambre del gobierno”, rezonga Manos, uno de los amigos que parece, como todos, desolado con las medidas incluidas en el plan de ajuste que el parlamento griego aprobó sometido a las presiones de la Unión Europea y el Fondo Monetario.

“Yo creo que no podemos creer que no tenemos ninguna responsabilidad. Es una vieja costumbre griega echarle siempre la culpa a otros. Somos siempre inocentes. Pero, sabíamos de la corrupción, de que el gobierno conservador estaba instalando en la administración pública a decenas de miles de empleados. Al final se crearon en cuatro o cinco años una administración paralela, corrupta y más ineficiente que la tradicional que sigue igual, no ha cambiado nada”, insiste Ionis.

Salta a la polémica una señora también sesentona, empleada pública, acosada por la incertidumbre y convencida de que “nuestro empobrecimiento va a ser tan grande con el paso del tiempo que toda una manera de vivir, que nos gustaba, va a ser destruida. Estoy de acuerdo con Ioanis: quieren destrozarnos”.

“Ni siquiera existe la menor garantía de que este desastre va a ser una solución. Muchos creen, yo también, que al final no va a poder seguir pagando esta deuda inmensa, que sólo va a crecer y crecer, y vamos a quebrar. No sabemos qué va a pasar entonces”, conjetura Manos.

Algunos chicos juegan en la inmensa plaza. Hay policía pero discreta. Es visible que el miedo, la rabia y la impotencia de los amigos que no dejan de mirar por si empieza algún tipo de protesta, también tiene que ver con lo cerca que están de enfrentarse a la realidad de que la jubilación, que creían al alcance de la mano hace un tiempo, ahora se transformara en una calle de la amargura.

La edad para jubilarse subirá a 65 o 67 años con el tiempo y, al igualque sus salarios, sus fondos van a ser cortados a destajo; los jubilados y los empleados públicos perderán los dos meses de “regalo” que recibían en Semana Santa y las fiestas de fin de año. Es una gravísimo hachazo a los ingresos de centenares de miles de griegos.

Los comerciantes, que ya llevan muchos meses siendo víctimas de ataques y cierres forzados por los disturbios, están también furiosos. “¿Cómo es posible que la policía haya dejado que las cosas se le fueran así de las manos? Aunque la verdad, la responsabilidad es del gobierno. Nosotros en esta zona tenemos mucho que invertir para mantener un nivel comercial y, además, los impuestos son cada vez peores”, explica el dueño de una zapatería que ya lleva varias vidrieras apedreadas y un saqueo en el que perdió gran parte de su mercadería.

“La gente compra cada vez menos o directamente no compra. Después de este plan terrible, que creo no tiene alternativa, las ventas se desplomarán. Además, el IVA llegará a 23%, como en pocos lugares del mundo. Para muchos de nosotros va a ser el cierre, cambiar de vida, pensar qué hacer con la educación de nuestros hijos. Todo se va a encarecer rabiosamente. La clase media está condenada a ir despareciendo y éste es un proceso que ya dura mucho tiempo”.

Ioanis ha escuchado el diálogo porque no se despega del periodista de Clarín. Se indigna: “si usted se lamenta por la clase media, que siempre apoyó al gobierno conservador que es responsable de este desastre, ¿por qué no piensa en lo que les va a pasar a los trabajadores, a los pobres que ya no saben cómo llegar a fin de mes y dar de comer a los hijos?”

El comerciante y otros que asentían con entusiasmo a todo lo que decía, se dan media vuelta y se van. La plaza Sintagma y el ágora de vecinos se vacía por la noche pero ningún policía deja su puesto. Tiene razón Ionis. Algo grande se ha destrozado. Quizás el arte de vivir de los griegos, que alguna vez asombró al mundo, tendrá que pelear mucho para no extinguirse.

Publicado en el diario Clarín de Argentina.

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