Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

El regreso de Carmen Balcells

Por XAVI AYÉN (La Vanguardia)

Bienvenidos al hotel Balcells. La agente literaria más famosa de la Tierra, fundadora del boom literario latinoamericano, representante –y mucho más– de autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Miguel Delibes, Pablo Neruda, Juan Marsé… la mujer que comparte manteles con jefes de Estado y que –dicen– mueve con sus hilos muchos resortes del panorama editorial, se ha ido a su pueblo –en realidad, una pedanía– y ha comprado varias casas para reconvertirlas en hotel rural de lujo y organizar actividades culturales que insuflen nueva vida a la zona. Tan preocupada por grandes operaciones editoriales como por cambiar las bombillas de la piscina, Balcells recibe a este diario en su casa, junto al nuevo establecimiento hostelero.

¿Dónde estamos exactamente ahora?
En mi pueblo natal, Santa Fe de Segarra, que es una pedanía de Les Oluges. Esta fachada que vemos desde aquí, con aquel letrero que dice Santa Fe de las Américas es la recepción de mi hostal, bueno, llamémoslo hostal de lujo, o ponga simplemente confortable, que estamos inaugurando en este momento.

¿Todas estas casas que vemos son su hostal?
Nooo. Son tres casas juntas que conforman seis apartamentos. Ahora sólo me falta encontrar la clientela adecuada.

¿Qué clientela busca?
Gente mayor, con una salud relativamente estable, aunque tanto el CAP de Cervera como el médico de Sant Ramon están muy cerca y son excelentes. Los requisitos para los inquilinos serían también tener buen humor, un cierto gusto por la soledad, los paseos y los juegos de cartas. Y que deseen quedarse durante periodos más o menos prolongados.

Así, ¿podemos decir que ha iniciado una nueva etapa como empresaria hostelera?
Sí. En este momento de mi vida, al borde de los 80 años, he querido volver a mi pueblo natal, a envejecer mirando el paisaje, poner un huerto, ver crecer mis árboles… ¿ve? Aquellos olivos son de Rosa Regàs, aquellos tres cipreses son Manuel Vázquez Montalbán, su mujer Anna Sallés y su hijo Daniel Vázquez Sallés… Cada árbol tiene el nombre de un escritor. Y esos bustos de Adriano y Trajano que nos contemplan eran de Terenci Moix. Pues bien, considero que, para financiar los gastos que genera mi retiro en este apacible lugar, es mi obligación generar algún ingreso. Un hostal de alta comodidad es el negocio ideal y dará vida al pueblo, que la necesita. Estaba pensando poner un anuncio en una revista alemana o llamar a Lara para que, ahora que ha comprado Círculo de Lectores, ofrezca a sus socios estancias en el hotel Balcells además de libros, pero, al final, he preferido conceder una entrevista a su diario, que tiene una larga tradición comercial y un porcentaje nada desdeñable de lectores que responden al perfil que busco.

Vaya, qué sorpresa… ¿Desea poner algún otro anuncio gratuito más?
Sí. Estoy buscando una persona bilingüe (inglés-español) que conozca el tema de los derechos extranjeros. A poder ser, alta, rubia y sueca.

No siga con más anuncios, que nos saltará encima la defensora del lector…
Es que me sale mucho más barata esta entrevista que un anuncio, con la ventaja de que aquí en la sección de Cultura nos lee gente del sector, interesada por estos temas. Estadísticamente es probable que me conteste alguien. ¿Quién sabe? Igual me llama alguien ofreciéndome 2.200.000 euros y se lo vendo todo.

¿Y por qué 2.200.000 euros exactamente?
Para que le queden 200.000 euros de comisión al vendedor.

Sobre los intentos de comprar su agencia se ha escrito bastante. Por ejemplo, Andrew Wylie, alias el Chacal, realizó una ofensiva…
Hablamos con él. Pero el elegante señor Wylie descubrió que le salía más barato seducir a algunas viudas que comprar mi agencia.

Pero entonces ¿está su agencia en venta?
Yo no diría eso, sino que aceptaría una joint venture para compartir la responsabilidad y crecer. Esta frase me ahorra otro anuncio, mira por dónde.

En una entrevista que dio usted en Chile, mientras la alojaba su conocido Max Marambio, dijo que Gabriel García Márquez no volvería a escribir…
A principios del 2006, La Vanguardia publicó una entrevista, la única que ha dado García Márquez en los últimos veinte años, que yo sepa, donde él mismo decía que había dejado de escribir. Yo debería haberme callado. Pero en una cena con periodistas hablé demasiado, no tuve la prudencia ni la diligencia necesarias que mi profesión exige. No debí haber dicho nada. Luego García Márquez salió a desmentirme, y mi obligación es no replicar a mis clientes.

Pero él tenía una novela a medio hacer, una historia de amor titulada En agosto nos vemos. ¿Usted cree que la leeremos alguna vez?
Ojalá los hechos desmintieran mis palabras. Yo prefiero enfatizar que las entrevistas son algo muy peligroso, les tuve alergia durante muchos años porque es muy fácil meter la pata.

Se había dicho que estaba usted retirada, pero no hay más que verla para deducir que es falso.
Desde hace unos meses, estoy totalmente reintegrada a la agencia. He presumido demasiado de jubilada. Ahora estoy regresada.

¿Y por qué ha vuelto?
Porque ya acabé las obras de Santa Fe, que han durado diez años. Durante mi retiro emprendí demasiados proyectos…

Según el registro, su agencia ha tenido pérdidas los últimos años.
Ligeramente. El registro es público, y ahí está todo dicho. De estos temas sólo hablaré en presencia de mi abogado.

¿Ahora vive entre Santa Fe y su piso encima de la agencia en la Diagonal?
Sí. Esta noche vuelvo a Barcelona, que viene la escritora Nélida Piñón a pasar unos días en casa.

¿Aloja a sus clientes en casa?
No. Es que Nélida es mi gran amiga hace más de treinta años. Y este Sant Jordi ambas recibimos en el Liceu el premio Terenci Moix.

¿Y el pintor Miquel Barceló también es cliente suyo?
Sí. Con Gonzalo García Barcha (el hijo de Gabo), publicamos los Carnets de Peintre, unas ediciones limitadas de 99 ejemplares de obras de grandes pintores. Hemos empezado con Barceló, por sus diarios.

¿Cuánto vale cada libro?
Diez mil euros. A finales de año, Edicions 62 publicará también una edición de bibliófilo y otra más asequible, para librerías, de unas obras de Barceló sobre cuevas, con un texto de John Berger.

¿Sigue haciendo de mamá de sus autores?
¡Eso es lo que más detesto!

¿Por qué?
Porque no siento amor maternal por ellos. Tengo relaciones excelentes con la mayoría y los ayudo y cuido de sus intereses, de su carrera e incluso a veces de sus fantasías, pero siempre teniendo claro que esto es un trabajo.

A punto de cumplir 80 años, ¿qué balance hace de su vida profesional?
No sé si estoy muy satisfecha.

Es la primera agencia española, a una distancia abismal de la segunda, y una de las grandes del mundo. Tiene a los principales autores de la lengua española. Y ha revolucionado las condiciones de contratación de autores… ¿De verdad no está satisfecha?
unca estoy satisfecha de mí misma. Por poco que nos esforcemos, siempre encontramos algo para frustrarnos. A mí, en realidad, lo que me habría gustado es ser una mujer objeto.

Y cuando la abandona un autor, por ejemplo, ¿se siente como una esposa abandonada?
Mucho más que eso. La pérdida de un autor es lo más parecido que conozco al abandono amoroso. Es algo realmente terrible. No me hable…

¿Me puede dar un ejemplo?
Uno de los que más me destrozó fue Gustavo Martín Garzo, que acabó volviendo al redil. Cuando regresó me dio una gran alegría, pero la alegría del retorno nunca es tan intensa como el dolor de la pérdida.

¿Y le ha dolido la pérdida de Roberto Bolaño?
Me ha dolido doblemente. Porque tuve noticia casi simultáneamente de que lo representábamos y de que su viuda nos había despedido.

¿Fue uno de los motivos de su regreso a la agencia?
Sí. En cierta medida, mi viaje a Chile obedece a esto.

Da la impresión de que cada vez hay más editores grandes y microeditores, pero menos medianos. ¿Es así?
Sí. Pero nuestras fórmulas del lenguaje actual no sirven para describir acertadamente la realidad empresarial del sector. Hay un fenómeno mundial de gigantización, en todos los sectores de la sociedad, desde la educación a la salud o la distribución de alimentos. Todo cambia velozmente, la distribución del trabajo, el papel del Estado… y los viejos reglamentos y palabras ya no sirven.

Una persona del mundo editorial ha dicho, tras la compra de Círculo de Lectores por Planeta, que, al final, en Barcelona todos acabaremos trabajando para Planeta.
Eso es excesivo. Y el gigantismo empresarial, de cualquier modo, tiene sus ventajas. Las macroempresas van comprando empresas medianas y pequeñas que siguen existiendo bajo sus alas, con lo que el efecto es que se consolidan, aunque sea dentro de un gran paquete, conducido por un Lara, Polanco, Rodrigo, como antes fueron Grijalbo, Salvat… Sin estos empresarios, muchas de esas editoriales sólo durarían seis meses.

¿Cómo van sus negocios en el espectáculo?
Van. Ahora tenemos una orquesta, BandArt, que tiene bolos en el Teatro Real y el Palau de la Música. Y a la pianista Alba Ventura, ganadora del Rising Stars. Y tengo un viejo sueño pendiente: comprarle a Balañá el teatro Principal, en la Rambla.

¿Ahora quiere el teatro Principal?
Sí, para hacer una programación independiente, de calidad, que no tenga absolutamente nada que ver con lo que programan las administraciones.

¿Y aquel proyecto de un gran museo-centro de estudio con los fondos y cartas de sus escritores?
Ya tengo edificio. Me ofrecieron el palacete del marqués de Alcarràs, la antigua sede del Síndic de Greuges. Veremos, porque el Ayuntamiento de Barcelona tiene el proyecto en pausa.

¿Y eso?
Han descubierto ahora que soy demasiado pobre para eso. Nos faltó Ferran Mascarell para cerrar el trato…

¿Percibe últimamente una gran proliferación de microeditoriales?
Esto es como las setas, y ahora es la temporada. Brotan miles de ellas, alegremente, por todos lados. Ahora hay que ver cuáles de ellas son transgénicas y cuáles no.

Si se consolida el e-book, ¿no están las editoriales en peligro?
De ninguna manera. Siempre hará falta alguien que publique. Lo que no tiene sentido es que los editores en papel de toda la vida quieran ser ahora los editores de los libros electrónicos, porque es algo que no dominan. Creen que si nacen otros editores específicos les están robando algo suyo, y a mí me da risa, nadie les quita nada en realidad porque hay tan pocos dispositivos que estamos hablando de unas dimensiones minúsculas. Esto no estallará hasta que mejoren los reproductores. Yo he sido pionera vendiendo derechos digitales de nuestros libros a un editor de Pamplona. Si me permite utilizar el nos mayestático: “Nos, lo único que perseguimos son lectores, que es lo que garantiza nuestra vida”.

¿Siguen estafando los editores a los autores, mintiéndoles sobre sus ventas reales?
Hoy en día, ningún editor está programado para robar, como en el pasado sucedía.

Algo tiene usted que ver con eso. Ha sido implacable negociando con los editores nuevas condiciones y haciéndoles auditorías. Pero ¿es verdad que se le suicidó uno?
No es muy exacto decir que se me suicidó a mí. El norteamericano Roger Klein se quitó la vida tras su salida del grupo Harper Collins. Yo no le seguí con los libros de Gabriel García Márquez en inglés a su nueva editorial, como él quería, pero eso es algo que sucede con frecuencia. Aquí lo que pasa es que Mario Vargas Llosa me atribuye el asesinato…

Como vecina de la Diagonal, ¿qué va a votar sobre la reforma de la avenida?
¡Que la dejen como está! En la Diagonal no es que exista un clamor para cambiar. Pero, eso sí, que la limpien de punta a punta, por favor, que cuiden los árboles como si fueran los del Turó Park, que los bancos no estén destrozados… Es inmoral que en tiempos de crisis se gaste tanto dinero en proyectos de este tipo. Tal vez las propuestas A y B sean buenos proyectos para dentro de diez años, yo no le digo que no, pero de ningún modo ahora.

¿Cuál ha sido su gran error?
No lo sé. Esto es como el matrimonio, uno habría podido tomar otras cincuenta decisiones posibles pero ha tomado sólo una, y esa decisión ha configurado de modo ineluctable el resto de su vida.

¿Qué papel ha desempeñado el amor en su vida?
Lo importante del amor es haberlo conocido. Saber qué es. Y ya está. Es igual que dure siete años o tres semanas.

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“El boom se inventó para vender, no es un club de amigos”

En su piso de Barcelona se celebró la mítica fiesta de despedida de Barcelona a los Vargas Llosa en 1974…
Sí, entonces sólo teníamos el 3.º 3.ª, y ahora tenemos toda la planta. Aquella fiesta fue gloriosa, estaban García Márquez, Vargas Llosa, José Donoso, Jorge Edwards, Ricardo Muñoz Suay… duró dos días porque a Mario le retrasaron un día la salida de su barco al Perú. Y no se me ocurrió nada mejor que decir: “¡Que continúe la fiesta!”. Los Vargas Llosa ya habían cerrado su casa de Barcelona, ¿qué iban a hacer? ¿Irse a un hotel? Era más fácil continuar bailando.

Fue la fiesta final del boom, ¿no?
Fue uno de sus finales. Hay muchos finales del boom, depende de cómo se cuente. Esa fiesta fue el final feliz. Todos los desafectos son posteriores a aquella fiesta, sí.

Los otros finales no son felices…
¿Quién dice que no? Los autores vivos siguen vendiendo todos ellos montones de libros. Y los que se han muerto disfrutan de la vida eterna. ¿Se le ocurren finales más felices?

No todos siguen siendo amigos.
Pero es que esa no era la finalidad del boom. El invento de la palabra boom no fue para constituir una fraternidad de amigos, para relacionarse afablemente e irse de excursión al campo con las familias. No, no, no… Aquello era un lobby, algo que tiene que ver con el poder literario. Con vender, ¿comprende? Vender. Y, tantas décadas después, aún funciona el invento. Venden millones de ejemplares. Son excelentes escritores. Hay intentonas de imitar aquello, de crear grupos aquí y allá. Pero los que venden son los chicos del boom: Gabo, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, Donoso, Allende…

¿A Isabel Allende la mete también en el boom?
Al editor Mario Lacruz le vendí a Graham Greene y, en el mismo pack, le metí La casa de los espíritus de Allende, entonces una autora inédita. Lacruz me llamó enseguida, emocionado: “¡La voy a publicar como la mujer del boom!”.

¿Por qué no funcionan otros grupos literarios?
Porque intentan imitar aquello, emular algo del pasado. Las nuevas generaciones deben construir algo diferente, no intentar repetir lo que hicieron sus padres. Cuando alguien copia, no se da cuenta pero está reproduciendo sólo lo accesorio, no lo fundamental.

Publicado en el diario La Vanguardia de Cataluña.

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