Edición 27/02

Icono

«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

Un plan contra el cambio climático


Por AL GORE (Crítica de la Argentina)

Adelanto del libro “Nuestra elección: un plan para resolver la crisis climática”. Hace casi 20 años, el novelista estadounidense Kurt Vonnegut escribió: “¿No hay nada que eche mucho de menos de aquel Estados Unidos de mi juventud, aparte de la propia juventud? Sí, hay algo que extraño tanto que apenas puedo soportarlo: el no tener la certeza de que muy pronto habremos hecho que este planeta húmedo y verdiazul resulte inhabitable para los seres humanos”.

Con su característica combinación de surrealismo, humor negro y cinismo, Vonnegut añade: “Si dentro de unos 100 años, por ejemplo, vinieran unas criaturas en platillos volantes, unos ángeles o lo que fuere, y descubrieran que nos hemos extinguido al igual que los dinosaurios, ¿qué mensaje podría dejarles la humanidad, tal vez grabado con grandes letras en una de las paredes del Gran Cañón?”.

Su sugerencia para ese mensaje fue: “Probablemente pudimos habernos salvado, pero fuimos demasiado condenadamente perezosos como para esforzarnos lo suficiente… y demasiado condenadamente tacaños”. Kurt Vonnegut, Fates Worse Than Death, Nueva York, The Berkley Publishing Group, 1991, p. 116.

El saber que ya se ha hecho un grave daño al medio ambiente global, así como al saludable equilibrio climático del cual depende nuestra civilización, puede causar una paralizadora falta de esperanzas.

El peligro es que esa desesperanza nos impida recobrar el control de nuestro destino a tiempo para evitar la inimaginable catástrofe que se extenderá por este planeta si no comenzamos a hacer cambios drásticos rápidamente.

Con todo, la mayoría de los expertos sobre la crisis climática coincide en que, probablemente, todavía estemos a tiempo de evitar los peores efectos de la crisis y de crear el marco para una recuperación –larga, pero finalmente exitosa– del equilibrio climático y de la integridad ecológica que tan decisivos son para la supervivencia de nuestra civilización.

En todo caso, la desesperanza no conduce a ninguna parte cuando la realidad todavía ofrece esperanzas. La falta de esperanza es simplemente otra forma de negación y fomenta la inacción. No tenemos tiempo para la desesperanza. ¡Las soluciones están a nuestro alcance! Tenemos que decidirnos y actuar de inmediato.

Un antiguo proverbio africano dice: “Si queréis ir rápido, id solos; si queréis ir lejos, id juntos”.

Nosotros tenemos que ir lejos… y rápido.

Este libro se ocupa de las soluciones a la crisis climática. Durante los tres años y medio que han pasado desde la publicación de Una verdad incómoda, he organizado y moderado más de 30 largas e intensas “Cumbres de Soluciones”, en las que los principales expertos del mundo han discutido y compartido el conocimiento y la experiencia útiles para diseñar un plan a fin de resolver esta crisis. Además de actuar como anfitrión de estas reuniones, participé en un gran número de sesiones individuales con otros expertos de primera línea de todo el mundo, en un amplio esfuerzo por encontrar las vías de acción más eficaces.

Los líderes más destacados de cada disciplina –desde la neurociencia hasta la economía y desde las tecnologías de la información y la comunicación hasta la agricultura y la ganadería– explicaron con generosidad y paciencia las múltiples y, en apariencia, diversas materias pertinentes para el intento de comprender el problema y trazar un plan de acción a escala global. Nuestra elección es el resultado de las revolucionarias perspectivas aportadas por quienes participaron en este diálogo a lo largo de varios años. Esos expertos hicieron posible el desarrollo de un enfoque nuevo y único, también para mí.

Por eso he escrito este libro, por eso he escogido las fotografías y he encomendado las ilustraciones: para reunir en un solo lugar las soluciones más eficaces a nuestra disposición; aquellas que, en conjunto, resolverán esta crisis. Mi intención es inspirar a los lectores para que actúen, no solo de manera individual, sino participando en los procesos políticos a través de los cuales cada país, y el mundo como totalidad, realiza la elección que tenemos delante.

Para mí, ha sido un viaje estimulante e iluminador, porque en este momento está muy claro que tenemos a nuestro alcance todas las herramientas necesarias para dar solución a tres o cuatro crisis climáticas, y solo necesitamos resolver una. El único ingrediente faltante es la voluntad colectiva. Pero nos estamos acercando a un punto político crítico, más allá del cual un número suficiente de personas de todos los países claves reconocerá la realidad de esta emergencia global y aceptará el desafío de trabajar juntas para rescatar nuestra civilización.

Podemos resolver la crisis climática. Será difícil, es verdad, pero si nos decidimos a hacerlo, no tengo ninguna duda de que lo conseguiremos.

Además, debemos sentirnos dichosos porque quienes vivimos en esta época tenemos un raro privilegio, que solo han tenido unas pocas generaciones en la historia: la oportunidad de emprender una misión histórica, digna de nuestros más denodados esfuerzos. Debemos pensar que es un honor vivir en una época en la que, lo que hagamos ahora, dará forma para siempre al futuro de la humanidad.

Al afrontar este desafío, encontraremos nuevas pruebas de que el destino de nuestra civilización depende de medidas eficaces, cooperativas y globales para salvar la habitabilidad de la Tierra, así como para construir los fundamentos de un mundo más justo, más humano y más próspero.

Bien entendida, la crisis climática constituye una oportunidad sin precedentes para ocuparnos, por fin de manera eficaz, de numerosas causas persistentes de padecimiento y miseria que ya han sido ignoradas durante demasiado tiempo. Una oportunidad, también, para cambiar las perspectivas de las generaciones futuras de disfrutar de unas vidas más sanas, más prósperas y con mayores oportunidades de éxito en su búsqueda de la felicidad.

Lo bueno de tomar la decisión definitiva de resolver la crisis climática es que la escala de la transformación sistémica necesaria para ello traerá, como beneficio colateral, eficaces para muchos de esos antiguos problemas.

Entre los flagelos que han acosado a una gran parte de la población humana a lo largo de su historia se cuentan la pobreza extrema, enfermedades amenazadoras, el hambre generalizada y la desnutrición. En efecto, nuestro éxito en la transformación de esta economía global en otra de bajas emisiones de carbono ofrecerá las soluciones necesarias para problemas a los que se ha permitido empeorar durante demasiado tiempo.

El paso clave hacia una solución es este: es el momento de nuestra elección. Con “nuestra elección”, me refiero a la de nuestra civilización global. Y, como dijo Shakespeare, he ahí “el problema”, porque parece absurdo imaginar que, como especie, seamos capaces de una elección colectiva consciente. Sin embargo, esa es precisamente la tarea que nos espera.

Este libro gira en torno a esa elección colectiva: hacer del rescate de la civilización el principio organizador de nuestra política, nuestra economía y nuestra acción social.

Hemos llegado a un momento singular de la historia humana. Nuestro hogar corre un grave riesgo. Desde luego, lo que está en peligro de ser destruido no es la Tierra misma, sino las condiciones que la han hecho habitable a los seres humanos.

Aunque en su nivel más básico nuestra elección está clarísima, la decisión de embarcarnos en ese nuevo rumbo será difícil, justamente porque la escala de los cambios necesarios para ello carece absolutamente de precedentes y la velocidad a la cual tendremos que comenzar a realizar esos cambios tampoco tiene paralelo en la historia y la experiencia de nuestra civilización.

Publicado en el diario Crítica de la Argentina.

Anuncios

Archivado en: Columnas +, ,

One Response

  1. Jeannette dice:

    >Aquí van algunas ideas para el cambio climático:* Alimentación: Informar de los efectos de los contaminantes orgánicos permanentes, contaminantes tóxicos, etc., haciendo siempre referencia a artículos científicos que puedan entregar información fidedigna, tanto de productores, distribuidores de alimentación ecológica, localización, precios.* Transporte: Vehículos menos contaminantes; híbridos, eléctricos e hidrógeno.* Reciclar, reutilizar y reducir lo que llamamos basura para el medio ambiente.* Solicitar información científica sobre el cambio climático y facilitar su localización.Compensar la cantidad de CO2 de nuestros hogares reforestando en nuestros propios hogares y aportar a la comunidad una conciencia más ecológica como reforestar o vender árboles en nuestros vecindarios para los sectores más valdíos.Cuál es nuestra elección?; dejar que la catástrofe continúe a pasos agigantados? o luchar para que esta civilización nuestra, y futuro legado de nuestros hijos se transforme en una civilización globalizada y con una conciencia y elección colectiva para mejorar nuestra calidad de vida?JDP

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Edición 27/02 no es más que una "revista de prensa" que mezcla columnas y artículos propios con piezas arbitrariamente escogidas del periodismo nacional e internacional que van marcando estos años.

Únete a otros 1.056 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: