Edición 27/02

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«Describe tu aldea y serás universal», decía Tolstoi. ¿Y por qué no intentar el ejercicio contrario?

¿Desastre o fenómeno natural?

Por RODRIGO MEDEL (La Tercera)

Lenta e imperceptiblemente se ha ido instalando en la opinión pública la idea que el terremoto ocurrido el 27F es un desastre natural que inevitablemente nos azotará de tanto en tanto. Esta concepción, si bien correcta en cuanto a la temporalidad de los eventos, esconde una falacia importante que es necesario hacer notar. A saber, los desastres no existen como categoría natural sino que ocurren como consecuencia de nuestra incapacidad de predecir y hacer frente a algunos fenómenos naturales. No son los desastres sino los fenómenos naturales los que existen, han existido desde siempre y seguirán existiendo. Terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis, impactos de meteoritos, incendios naturales, tornados, huracanes, etc., han estado siempre con nosotros. Es así, en contacto con las fuerzas de la naturaleza que hemos sido capaces de construir nuestras sociedades desde tiempos ancestrales. Es esta experiencia fatídica a lo largo de nuestra historia humana, la que nos ha permitido crear métodos de detección, predicción y prevención mediante procedimientos crecientemente sofisticados que actualmente compartimos en un complejo sistema de información. El conocimiento que hemos adquirido es organizado en modelos y teorías científicas que se anclan en la evidencia empírica, siendo tal conocimiento el que nos permite avanzar en nuestra capacidad de detectar y predecir fenómenos complejos como terremotos y tsunamis.

La aplicación del conocimiento adquirido para el bienestar ciudadano, sin embargo, no depende de los científicos, sino de organismos e instituciones creadas especialmente para tal efecto. Entonces, es esperable que tales organizaciones sean capaces de leer correctamente los mensajes entregados por los científicos y al mismo tiempo sean lo suficientemente ágiles en transmitir la información a la sociedad con propósitos preventivos. Esto definitivamente no ocurre en Chile, tal como quedó demostrado de manera irrefutable el 27F. Algo no funciona en la transferencia ciencia-sociedad de nuestro país. Es un truismo que para que el traspaso de conocimiento sea efectivo, los organismos responsables de efectuar la transferencia deben funcionar. En el caso específico que nos acongoja cabe preguntarse, ¿Dónde ocurrió la falla en el proceso de transferencia de conocimiento? Ciertamente no en la actividad científica, ya que no sólo la ocurrencia inevitable del terremoto, sino su magnitud y localización habían sido predichos con alta certeza por destacados investigadores nacionales e internacionales en revistas de alto prestigio (ver por ejemplo Ruegg et al. 2009). Al no efectuarse investigación científica en ONEMI y SHOA, ¿por qué se desconoció o desestimó la evidencia científica existente?, ¿Acaso no existía capacidad ni organización para hacer frente a lo que a todas luces era una emergencia?. Mirando algo más atrás de lo contingente, ¿Acaso no hubo voluntad política para crear unidades que atendieran al conocimiento y opinión de los expertos?. Estas preguntas deben necesariamente encontrar respuesta y es responsabilidad de la sociedad entera el demandarlas. Es precisamente a partir de tales respuestas que podremos construir los organismos adecuados y eficientes para prevenir y enfrentar adecuadamente los fenómenos naturales de modo que esta amarga experiencia no se vuelva a repetir.

En términos algo más generales, es la relación ciencia-sociedad la que está en tela de juicio y la que se debe reconstruir desde sus cimientos. Las sociedades desarrolladas dan importancia crucial a la investigación científica, no sólo otorgándole financiamiento adecuado sino haciéndola partícipe de tareas macroscópicas de nivel país. Será labor del actual gobierno el generar las condiciones para que ello ocurra. La nueva relación ciencia-sociedad debiera privilegiar no sólo aspectos de innovación y tecnología, muy importantes por cierto, sino también la investigación fundamental o básica, es decir, aquella interesada en el puro entendimiento de los fenómenos naturales. Es este último tipo de conocimiento, que no necesariamente conlleva beneficio económico, lo que da verdadero significado al concepto de sociedad basada en el conocimiento. Esperemos que la dolorosa experiencia vivida por nuestra sociedad sirva para valorar el papel de los científicos y por sobre todo, el valor de la ciencia más allá de sus implicaciones económicas inmediatas.

Publicado en el blog de Rodrigo Medel en latercera.com.

Referencia: Ruegg, J.C., A. Rudloff, C. Vigny, R. Madariaga, J.B. de Chabalier, J. Campos, E. Kausel, S. Barrientos & D. Dimitrov. 2009. Interseismic strain accumulation measured by GPS in the seismic gap between Constitución and Concepción in Chile. Physics of the Earth and Planetary Interiors 175: 78-85.

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